Nadie creyó que el Partido Popular (PP) inmerso en varios procesos electorales a lo largo de 2015 y con la mirada puesta en la posible reelección del presidente Mariano Rajoy, se deslindara de proteger a quien alguna vez fuera su prohombre.
Mucho menos que el día de ayer le detuviesen en su domicilio en Madrid acusado de presuntos delitos de blanqueo de dinero, fraude y alzamiento de bienes.
El financiero de 66 años de edad cercano al expresidente José María Aznar -en sus sueños de grandeza- rechazó dos veces la invitación de Aznar para sucederle en el poder hecho que derivó en la selección del candidato Rajoy.
De hombre de negocios de proyección internacional, ducho en las finanzas, Rato fue casi siempre un nombre en la bandeja para gobernar España o bien para dirigir las filas del Partido Popular.
Precisamente, en noviembre de 2012, el expresidente Aznar presentó su libro Memorias I en el que incluye el espinoso pasaje de cómo eligió a su sucesor en momentos en que la baraja de naipes incluía a Rodrigo Rato, Mariano Rajoy y Jaime Mayor Oreja.
Aznar tenía preferencia por Rato quien desempeñó diversos puestos en la cartera de su gobierno desde ministro de Economía y Hacienda; ministro de Economía; vicepresidente segundo del Gobierno y vicepresidente primero.
En las elecciones del 14 de marzo de 2004 concurrió como número dos en las listas del PP de Madrid y resultó electo diputado pero al poco renunció para iniciar la carrera hacia su internacionalización. Una proyección ambiciosa.
La figura del político y economista con traje y corbata apuntó entonces hacia la cabeza del Fondo Monetario Internacional (FMI) el organismo acreedor internacional que dirigió desde junio de 2004.
Una etapa que pasó entre luces y sombras, una de las menos prolíficas para el FMI y su relación con los países en vías de desarrollo que finalmente culminó con otra renuncia separándose formalmente del cargo en noviembre de 2007. Lo hizo tras alegar “razones personales” que le llevaron a dejar Washington para retornar a Europa.
Un hecho curioso: la salida de él llevó a Domenique Strauss-Kahn al FMI, el político francés pillado en acciones de proxenetismo y una ristra de escándalos sexuales que motivaron al poco su salida del organismo.
Un asiento que visto de largo se ha convertido en uno maldito con Rato acusado de varios delitos financieros y Strauss-Kahn entre tribunales.
Por lo menos ya existe un juicio de valor acerca de la gestión de Rato, precisamente el periódico El País publicó en febrero de 2011 un informe delicado del FMI con una conclusión devastadora: “Las deficiencias internas impidieron prevenir la crisis”.
El organismo estaba acéfalo: “El FMI no anticipó la crisis, su ritmo ni su magnitud y, en consecuencia, no pudo advertir a sus miembros. Desoyó las señales de alerta y tuvo una doble vara de medir. Mientras era muy duro con los países emergentes, se mostraba complaciente con los países ricos, en especial Estados Unidos, que acabó siendo el foco de la crisis.”
Para entonces, cuando el informe del FMI incluía tales apreciaciones a la gestión de Rato, el exdirectivo había iniciado un periplo entre despachos de asesorías y de instituciones de crédito y ahorro.
A COLACIÓN
No es el desastre en el FMI lo que ha hecho actuar a las autoridades tributarias en su contra, es su tejemaneje en los pasillos de Bankia, la peor melodía para el sistema financiero español.
El elefante blanco que rebajó todas las expectativas y destapó una cloaca en detrimento de 400 mil defraudados.
“Deloitte detectó en las cuentas de 2011 de Bankia un desfase patrimonial de 3 mil 500 millones y optó por no firmar el informe de auditoría, un hecho que precipitó la renuncia de Rodrigo Rato como presidente ejecutivo”.
Y desde entonces a la fecha todo ha sido un abanico de malas noticias y sorpresas desagradables empezando por el rescate de la entidad, su destripamiento, hurgar en sus intestinos contables para encontrar sueldos exorbitantes tanto de Rato como de otros directivos.
En el maremágnum de la crisis económica se dio a conocer que Rato y otros directivos disponían de tarjetas opacas, black, para uso personal con cargo a la entidad.
“El mismo día que el ministro de Economía, Luis de Guindos, le convocó al Ministerio ante la delicada situación de la entidad y la necesidad de un nuevo plan de saneamiento y recapitalización, Rato retiró sus últimos mil euros y el día de la dimisión pasó un último cargo a la tarjeta B de 341.63 euros de una cena.”. Pero los gastos ventilados en la prensa superan con creces estas cantidades.
Para alentar el culebrón, un informe del FMI presidido por Christine Lagarde, señala que Bankia se constituyó en el riesgo más importante para el sistema financiero español.























