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Fidel Castro, quien no supo retirase a tiempo y no se ocupó, por ende, de preparar su sucesión al grado de que tuvo opción distinta a la del nepotismo más ortodoxo, a favor de su hermano Raúl un elemento incapaz de tomar distancia del “jefe de la revolución” acostumbrado a vivir a su sombra, llama “aves de mal agüero” a quienes adelantan un final inevitable aun cuando algunos piensen en su8 inmortalidad. A sus ochenta y seis años, cubriéndose la cabeza –lo que denota los efectos de una posible quimioterapia-, y con semblantes mostrados siempre de perfil, las últimas imágenes, incluso encerrado en una vagoneta rebosante, denotan el fin inminente del poderoso señor de la Sierra Maestra quien resistió, valerosamente hay que decirlo, desde 1959 nada menos, el asedio de la Casa Blanca y sus ocupantes incluyendo la cobarde y frustrada invasión a Bahía de Cochinos financiada por los Kennedy en la lejana década de los sesenta del siglo anterior.

Siempre he cuestionado, a cuantos fustigan a Castro –yo estoy convencido de que tiene virtudes y defectos extremos como la persecución fascista a ss adversarios políticos y cuanto crítico se le puso en el camino-, cómo es que un personaje de su talla pudo sobrevivir en las barbas del Tío Sam, a muy escasos kilómetros de Cayo Hueso, Florida, mientras otros enemigos de la gran potencia universal, en Medio Oriente o en África, no han podido guarecerse ni siquiera bajo tierra, en una especie de ataúd terregoso, como en el caso de Saddam Hussein, o en un refugio blindado por sus leales, la opción de Kadafi en Libia antes de ser brutalmente linchado ante las cámaras de televisión. Esto es, como si el espectáculo debiera darse hasta el final a diferencia de la muerte de Osama bin Laden cuyo cadáver fue arrojado al mar, de acuerdo a la dudosa versión norteamericana, para evitar que le rindieran honores sus fanáticos.


Bien se sabe, claro, de la larga tradición estadounidense por desaparecer cadáveres e incluso muertos vivientes como los señores de las drogas cuyos expedientes para la justicia mexicana están sellados aun cuando surgen evidencias de que continúan sirviendo y sirviéndose de las grandes mafias internacionales. Ya son tres los elementos en estas condiciones conocidos: Amado Carrillo Fuentes, Ignacio Coronel Villarreal y Heriberto Lazcano Lazcano “El Lazca” cuyo cuerpo fue secuestrado como si se tratase de recuperar el Santo Grial. Dicho sin el menor propósito irreverente. Ya sabemos cómo se las gastan los intérpretes de la Iglesia cuando algún comentario les incomoda y esa batalla todavía está por comenzar.

Me divirtió que el cubano Fidel, a quien tanto conviene el martirologio de los suyos contado mil veces a cuantos pisan la isla y se angustian por las diferencias extremas entre ellos y los nativos quienes ni siquiera pueden entrar a los hoteles de “gran lujo”, a ninguno más bien, bajo sospechas falsas y sin ningún tipo de justificación, citara a las aves de mal agüero cuando araña el final sin haberse dado, él mismo, una tregua y mucho menos a sus súbditos aunque finja no dirigirlos por ahora. Sólo que la libertad, cuando existe, no puede darse sólo por parcelas: es o no es, sencillamente. Y me consta cómo muchos pobladores de la isla del Caribe se afanan por demostrar hasta que punto sus existencias están marcadas por los caprichos de los Castro y no por los propósitos de superación personal ni, mucho menos, por la exaltada justicia social. Así Fidel esté postrado y enfermo… como tra media docena más de estadistas de América Latina contaminados por males muy semejantes aunque con menor edad para resistir.

Desde luego, el hilo conductor, como ya hemos dicho, no debe quedarse al aire ni sin indagatorias judiciales útiles; de allí la enorme preocupación sobre la capacidad del espionaje occidental, por ejemplo a través de la CIA, que apuesta más a la merma de quienes osan levantarle la voz al establishment norteamericano antes de entrar en averiguaciones. Recuérdese, por ejemplo, que luego de los bélicos acentos del resistente clan Bush, el último muy tranquilito en su rancho texano sin el menor agobio por los muertos sembrados por sus invasiones en Asia en donde jamás encontró las “armas químicas” que aseguró tenían sus enemigos, los observadores de la Casa Blanca se fijaron en un fenómeno que surgía, imparable, en Centro y Sudamérica: estaba ganando la partida la izquierda, con escasas excepciones –como en México en 2000-, y no podían permitirse el lujo de que la tendencia continuara con riesgo sensible de una unidad con tintes socialistas al sur de sus fronteras.

Lo anterior, y ninguna otra lectura, es lo prevaleciente en la falsa “victoria” de calderón –con minúsculas, por favor-, en 2006, cuando la tendencia indicaba hacia un triunfo del representante de la izquierda quien, sin embargo, cometió el error de sentirse “muy arriba”, desdeñando foros importantes de opinión, y no asegurar su representación en la totalidad de las casillas colocadas a lo largo de la República. Lo demás fue consecuencia de la oteada del poderío continental hacia el veleidoso sur… en donde ahora enferman los mandatarios, incluso los no definidos como izquierdistas –tal es el caso del colombiano Juan Manuel Santos Calderón-, como si así se tratara de mermar no sólo su propio fuelle sino la posibilidad de que alguno surgiera como verdadero líder latinoamericano capaz no de gritar como Chávez sino de razonar como un visionario, dijéramos con el estilo irreprochable del añorado general Lázaro Cárdenas. ¡Y ya pasaron más de setenta años desde que nos gobernó!

Mientras ello ocurre, falta tan sólo una semana ara los comicios en los Estados Unidos, con la reelección de Barack Obama asido a los hilos de la mercadotecnia y la parafernalia oficiales. De darse un cambio –si bien no lo creemos-, los problemas redundarían, sin duda alguna, en una interrelación con México bastante más compleja por la creciente xenofobia y las apreturas financieras que obligan, dicen, a ajustarse los cinturones degradando a los llamados “indocumentados” con quienes los agricultores del sur estadounidense pagan se ahorran muchos millones para elevar con ello la competitividad de sus productos. Luego, nos los venden a costa de superar a los campesinos mexicanos sin capacidad técnica para elevar sus rendimientos. Nos pegan desde dos bandas y no hay mandatario mexicano capaz, hasta ahora, de detener la oleada de miseria que ello genera. Y de allí a la delincuencia sólo hay un pequeño escalón. Círculo vicioso.

No queremos ser de esas aves que pitorrean cantando desgracias; pero, la realidad obliga a ser lo suficientemente sensatos para medir los retos indiscutibles a afrontar por un nuevo gobierno que, primero, deberá resolver entre seguir entregado a las viejas mafias, incluyendo en punto relevante a las de su propio partido, o ganar la historia recorriendo la ruta de la verdadera soberanía que engendra libertades. En este renglón sí que nos aventajan los cubanos: han logrado, reduciendo los privilegios individuales, ejercer soberanía plena aun en los tiempos en los que la antigua Unión Soviética les hacía fuerte. ¿Cómo entender entonces la libertad?¿Debe ser mayor la personal a la colectiva o viceversa? Tal ha sido, desde siempre, como una obsesión para este columnista colocado siempre en el límite en cuanto a sus contactos con el poder, siempre perentorios como picaduras de abejas. Aguijonearse y replegarse resulta una estrategia poco feliz pero, finalmente, menos inútil que sacrificar la vida en medio del silencio casi general.

Prefiero, en todo caso, ejercer mi libertad de expresión a venderla para pasármela bien. De cualquier manera, lo central de mi obra –periodística y literaria- está hecha sin ninguna aspiración de premios –antes me obsesionaba el tema-, porque éstos devienen, de una manera u otra, del propio gobierno que los financia. Por eso siempre nos sorprenden quienes, al final de sus vidas, declinan para morir rodeados de comodidades y no como saltimbanquis y “aves de mal agüero”.

Debate

América Latina no formó parte de los debates entre los candidatos a la Presidencia de los Estados Unidos quienes optaron, en la fase final, por referirse con ahínco a las jaquecas que les vienen desde el Medio Oriente. Lo del patio trasero, desdeñoso y ruin, ha sido siempre una expresión dolosa que, por desgracia, nos dibuja como la pobre y deplorable imagen del indígena durmiendo bajo el ancho sombrero que le da sombra sin el menor atisbo de trabajo. Nada más injusto si consideramos cuanto de miserables tienen los ingresos de los trabajadores en una perspectiva en la que la especulación triunfa y los esfuerzos cotidianos se devalúan. ¿O acaso quienes no han sido herederos de nada pueden labrar fortunas sin entrar al desquiciado mundo de la violencia? Reflexionemos sobre ello.

También preocupa que la ausencia de tema tan medular –cuando menos para nosotros-, sea consecuencia de que en Washington estimen solucionado el antiguo desafío, esto es cuando las izquierdas comenzaron a emerger gracias a la distracción de las marejadas de espías colocadas hacia otros territorios del mundo. ¿Será por eso que nadie puso reparo en los métodos chavistas para prolongar su agonía asido al poder terrenal, siempre perentorio aunque parezca eterno?¿Y que Fidel, llamado alguna vez “el nazareno del Caribe” por sus adoradores, reaparezca en imágenes poco sutiles destinadas a mostrarlo sano aparentemente aunque sea imposible convencer de ello a los ciudadanos del globo terráqueo que desprecian fronteras y límites mentales para ejercer, a plenitud, su libertad?

Ahora mismo, cuando los conatos de secesión amenazan a las grandes monarquías europeas –Gran Bretaña, España e incluso Bélgica-, ¿alguno de los exitosos propagandistas de las desuniones –para luego adherirse a la Unión Europea en una absurda contradicción en la que la debilidad estructural es signo de soberanía-, se habrá planteado qué hacer con las testas coronadas? Por ejemplo, en Cataluña, si se separa de España, ¿reconocerían sus nuevas autoridades la jerarquía de los Borbones, allá precisamente en donde fincó el padre del actual Rey Juan Carlos su nicho, esto es en Barcelona? Es por ahora una idea peligrosa, políticamente incorrecta; de las que me gusta plantear antes de que se inicien los debates respectivos.

¿Y ustedes lectores amables, también son “aves de mal agüero”?

La Anécdota

Me lo dijo, en Madrid, no hace mucho, una dama venezolana adicta a Hugo Chávez:

–No saben hasta que punto van a arrepentirse los mexicanos de haber visto antes hacia el norte –por el TLC- que hacia el sur en donde la hermandad es natural. Los efectos pueden ser desastrosos.

No era pitonisa, pero voy ahora comprendiendo el sentido de sus palabras.