En México, la ecología ha sido víctima de la politización y de la ausencia de planeación tanto de mediano como de largo plazo en renglones relacionados con el tratamiento de la basura, cuidado del medio ambiente, conservación de ríos, bosques, mares y litorales; y reducción efectiva de la contaminación del aire.
Es dramático constatar que además de la desertificación se están perdiendo los ríos y lagos que nutren de agua a la República Mexicana. No tenemos ni un ápice de cultura ecológica.
Hace unos años atrás viajé a Morelia, Michoacán invitada para participar en una conferencia de geopolítica y geoeconomía en el Museo del Estado y constaté, con enorme tristeza, la reducción del afluente del lago de Cuitzeo. Se está secando aceleradamente sin que ninguna autoridad demuestre el más mínimo interés por hacer algo al respecto.
El lago de Cuitzeo es el segundo más grande del país y además de su caudal de agua de relevante impronta para Michoacán, Guanajuato y otros estados también detona una actividad económica. Su cuenca cerrada es de 3 mil 977 kilómetros cuadrados. Viene alimentado principalmente por los ríos Grande de Morelia, Queréndaro y por algunos arroyos sin mucha importancia.
Cabe mencionar que la economía de miles de familias dependen de lo que allí pescan desde charales, mojarra, rana, mosco y tule; en tanto que los agricultores de las zonas aledañas aprovechan sus aguas para regar cultivos de maíz, sorgo, avena, trigo y hortalizas.
En la actualidad va quedando el mito de la grandeza de este lago condenado a desaparecer. Hace treinta años, con cada lluvia, sus aguas subían hasta las carreteras contiguas ahora el lodazal y los pedazos de tierra van devorándolo y lo que antes no se visualizaba fácilmente en cuanto a los linderos del lago es fácilmente detectable a vuelo de pájaro.
¿Qué ha pasado? Fácil: malas decisiones gubernamentales seguidas de otro cúmulo de inacciones para reparar los daños o bien para gestionar los recursos.
Al Cuitzeo lo trincaron: “A inicios de los años ochenta, debido a una absurda orden gubernamental, fue desecado mediante un canal que envió el agua al vecino estado de Guanajuato y la zona en desastre ecológico, por la pérdida del espejo de agua, todas las especies de peces, anfibios y otros organismos acuáticos desaparecieron”.
Y otro que no canta mal las rancheras es el lago de Pátzcuaro -también pertenece a Michoacán-, alguna vez en sus aguas nadó en abundancia el famoso pescado blanco, el mismo que hoy está en vías de extinción.
El lago de Pátzcuaro posee un litoral de 55 kilómetros y tampoco escapa a la malasuerte de los problemas ecológicos: descenso en el nivel del agua, contaminación y eutroficación, como consecuencia del cambio climático, el crecimiento de las poblaciones circundantes, la deforestación y la erosión de los suelos.
Pero el meollo del asunto es que si fuéramos entidad por entidad revisando la situación ecológica de cada río, lago o laguna (voy a dejar de lado las aguas salinas de los mares y playas) encontraríamos el mismo cocktail envenenado con polución, deterioro ecológico y sequía.
A COLACIÓN
Muchas veces nos ufanamos de que México es una especie de Cuerno de la Abundancia por la creencia de que el país es infalible en recursos naturales, pero no debemos porfiarnos.
Según datos del Almanaque Mexicano, la precipitación pluvial media en México es de 777 milímetros anuales equivalentes a un billón 570 mil millones de metros cúbicos de agua, de los que 71% se evapora en la atmósfera, 26% escurre por la superficie y 3% va al subsuelo para recargar acuíferos.
El agua dista de encontrarse uniformemente distribuida tanto geográfica como temporalmente. En las regiones que concentran 55% de la población y generan 60% del PIB anual, los escurrimientos corresponden sólo a una décima parte del total nacional.
El agua es un recurso abundante en la zona sur del Golfo de México –24 mil metros cúbicos anuales por habitante-, y escaso en el centro y norte –dos mil 500 metros cúbicos-.
De acuerdo con el INEGI un bajacaliforniano dispone de unos 100 metros cúbicos de agua por año, mientras que a un chiapaneco le corresponden unos 17 mil metros cúbicos.
Además de la desigualdad, el verdadero desafío reside en el hecho de que la disponibilidad per cápita de agua ha ido disminuyendo y continuará haciéndolo en el futuro.
El Valle de México es un indicador de esta situación. Únicamente el 22% del agua que se consume se obtiene de la recarga natural del acuífero, 2% de los escurrimientos superficiales locales y 10% del reuso.
El déficit de 66% del volumen consumido se ha resuelto sobreexplotando acuíferos e importando agua de otras cuencas particularmente de los ríos Lerma y Cutzamala que aportan, respectivamente 9% y 20% del total utilizado.























