México tiene una inmensa población con mayoría de edad -a partir de los 18 años- si damos como válida la información del Instituto Nacional Electoral (INE) que reveló un fenomenal padrón  cubierto por 83.3 millones de personas registradas para votar en las próximas elecciones.
El Consejo Nacional de Población (Conapo) refiere que al cierre del año pasado,  el número de mexicanos ascendió hasta los 119 millones 713 mil 203 personas, una simple regla aritmética arrojaría entonces que 36 millones 413 mil 203 mexicanos tienen edades entre los 17 a los  cero años. 

El significado de  una predominante población adulta  se traduce en el posmoderno  bono demográfico. En tecnicismos estrictos es un amplio grupo etario desde los 15 a los 64 años de edad.
Desde el inicio del nuevo siglo y milenio fueron más notables los cambios en la estructura de la  pirámide poblacional en comparación con décadas anteriores en las que prevalecieron niños y jóvenes.
Dicha tendencia ha ido modificándose en parte por alteraciones en la tasa de natalidad, mayor longevidad de hombres y mujeres, las parejas urbanas tardan más en formar hogares con hijos, etc.
De esta forma, desde  2010,  la pirámide   adelgaza en su base debido a una menor tasa de natalidad y  ensancha más en la parte de en medio que corresponde a los grupos de 15 a 64 años, mientras que la punta continuará ensanchando inevitablemente, con la llegada de las próximas décadas.
De lo que estamos hablando es de que opera un cambio de proporción entre la población no productiva (niños y personas en edad de retiro) respecto a la población en edad productiva. En 2010,  por cada persona en edad no productiva había 1.7 personas en edad productiva.
Las implicaciones van a futuro: antes de 2020, habrá dos personas productivas por cada persona no productiva, es un hecho sin precedentes en México, una ventana de oportunidades para el crecimiento y el ahorro interno, debido a tanta gente en capacidad de producir.
De allí la urgente necesidad de crear planes y programas efectivos para aprovechar ese cúmulo humano y  evitar nuevas grietas sociales primordialmente ante la fecha fatídica porque después del año 2050 habrá engrosado la punta de la pirámide creando una presión sobre de las políticas públicas, ahorro para el retiro  y pensiones.
En la actualidad deben crearse los canales de acceso para incluir a todos los excluidos del sistema formal bancario, pensiones, viviendas, seguridad social, salud y  educación. De no hacerlo, cuando revierta el bono demográfico, tendremos graves problemas con un Estado quebrado e imposibilitado para pagar a sus  pensionados, so pena, de ciudadanos cada vez más longevos.
A COLACIÓN
De acuerdo con el Conapo,  la fuerza de mano de obra en México pasará de 42 millones de personas en 2000 a 64 millones en 2030, implica incrementos medios anuales del orden de 910 mil en la primera década del presente siglo, 798 mil durante la segunda y 477 mil en la tercera.
El Estado de México concentrará la mayor parte de la Población Económicamente Activa (PEA) nacional, al pasar de 5.5 a 9.3 millones al cabo de  treinta años; mientras la oferta de fuerza de trabajo más dinámica será la de Quintana Roo con una tasa media anual de crecimiento de 3.54%, es decir, casi dos veces y media superior al promedio nacional de 1.39 por ciento.
Asimismo, la edad media de vida, superará los 75 años y para 2020 habrá una proporción de adultos mayores de 12.5% de la población que   duplicará y algo más en 2050 al representar al 28% de la población.
Por ello emanan una serie de desafíos, lo digo pensando a futuro, en una población en México que desde  2010 presenta marcados problemas de obesidad, diabetes, cáncer y tabaquismo.
Sinceramente me preocupa la gente inmersa en “la otra economía”  oscura y subterránea. Millones de personas laboran en la economía paralela y lo hacen a destajo sin ninguna prestación. No están atendiendo sus necesidades inmediatas de vivienda y ahorro; ni previendo  las  futuras en  salud y pensión.
Son millones  laborando en la calle sin ningún tipo de paraguas social que serán también parte de la copiosa tercera edad en medio del aguacero de 2050.  ¿Quién cubrirá  su demanda por  atención  y comida?.