Entre enemigos te veas. A fuerza de las  circunstancias derivadas de los índices delictivos, accidentes e inseguridad hemos aprendido lo arriesgado que es tener un coche sin seguro.
Las pólizas más adquiridas en México están relacionadas con los automóviles.

Los mexicanos nos decantamos primero por este seguro y diría que de forma exclusiva muchas veces es la única cobertura  que pagamos, no  acostumbramos  mostrar interés en conocer otras alternativas ofrecidas por las compañías de seguros en temas relacionados con gastos médicos, seguros de vida, educación y mucho menos con la protección del patrimonio.
En el bolsillo pesan demasiado los gastos cotidianos, básicamente  las deudas contraídas y a veces predomina el sentimiento de la dejadez. Para mañana u otro día.
La reflexión en ese sentido es que, así como hace 15 años se podía comprar un coche y utilizarlo sin un seguro y dejar las cosas a la suerte, dentro de 15 años será demasiado arriesgado tener una casa, un piso, un departamento sin  póliza de protección.
Si bien las estadísticas de aumento en la tasa de delincuencia y  robo de vehículos son la explicación para que la gente acuda a la puerta de una aseguradora; el cambio climático, su incidencia y recurrencia llevan a la necesidad de cuidar el patrimonio.
Es decir, “su patrimonio”, estimado lector, el mismo que  tantos años de esfuerzo le han costado y que debería ser preservado porque se trata del hogar, es fuente de inversión y causa de herencia.
A COLACIÓN
En México, aproximadamente, un  3% de los hogares tienen   una póliza de protección del patrimonio inmobiliario, una cifra marginal, tomando en cuenta que son  familias que por su propia voluntad deciden contratar este paraguas.
Además de la voluntaria también figura la cláusula obligatoria incluida en la mayor parte de los créditos hipotecarios. El deudor tiene derecho a saber que una parte de lo que amortiza mensualmente incluye una póliza de vida y protección del hogar.
En este caso el universo de los hogares asegurados es mayor, encontramos el  35% de las viviendas adquiridas con crédito hipotecario, frente a la cifra rídicula de un  3% de la elección voluntaria.
Así es que permítame sugerirle en qué casos no debe pasarse de largo un contrato en pro patrimonio:  1) Ubicado en zonas de riesgo de actividad sísmica. 2) Cerca de un volcán. 3) En zonas de playa vulnerables a los ciclones y huracanes. 4) Asentado en pendientes con problemas de alud, lodazales. 5) Sobre de rellenos de barrancas. 6) En terrenos inclinados. 7) Calles de bajada donde el otro extremo está bardeado, es decir, la calle tiene un sentido y al ubicarse en una cerrada es sujeto de problemas de acumulación de agua y basura cuando llueve. 8) Casa o departamento cercano o colindante con una estación de gas, planta petroquímica, planta de tratamiento químico, fábrica pirotécnica o gasolineras. 9) En lugares de alta movilidad peatonal y vehicular, sobre todo por donde circulan camiones pesados. 10) Cercano a vías del tren sometido a constantes movimientos vibratorios derivados del paso de la maquinaria.  11) Construcciones frente a ríos, lagos, presas, playas o riachuelos.
Un hogar cualquiera que cumpla con alguno de los escenarios  anteriormente descritos,  lo más prudente ante el cambio climático (y lo digo con la insistencia de que debemos acostumbrarnos y autoprotegernos en la medida de lo posible) es contar con un ejecutivo del sector asegurador que le proporcione  el contrato que le dé tranquilidad.
La Condusef explica que este tipo de seguros se clasifican en cuatro grandes categorías, la primera es  de contenido, robo, desastres naturales y gastos extraordinarios que abarca todos los muebles, electrodomésticos, ropa, joyas y obras de arte.
La segunda, una póliza contra robo, implica robo con violencia en el domicilio. La tercera,  coberturas contra desastres naturales, se extiende a daños ocasionados por terremotos -sean producidos o no por erupciones volcánicas-, huracanes o inundaciones.
Y, la cuarta,  funciona ante hechos como incendios, explosiones, flamazos y llamaradas, ampara todos los bienes dentro de la casa al momento del siniestro, además de las instalaciones del edificio.
La disponibilidad de estos documentos para la protección de una vivienda es amplia, la industria del seguro prácticamente ofrece “pólizas a chaleco” para los clientes potenciales.
En todo caso a la persona o familia interesada en proteger su patrimonio (incluyendo hasta las mascotas) le sugiero ponerse en contacto con un agente o ejecutivo asesor; asimismo hablar con al menos tres personas diferentes de tres distintas compañías aseguradoras.
De forma general para contratar un seguro de vivienda, el interesado debe ser mayor de edad, menor de 70 años; tener un comprobante de domicilio, saber el valor aproximado del inmueble y de los muebles que van a asegurarse; conocer datos como el número de niveles de la casa y describir el tipo de vivienda.