El ambiente en el estadio Jalisco era una locura. Sin llegar al lleno, en el partido del morbo, en el que Chivas se autonombró el local en su antigua casa, miles de aficionados acudieron para hacer acto de presencia y gritar el nombre de sus equipos hasta desgarrarse las gargantas.

Pero no solo era demostrar quién era el amo de la casa, sino de sumar puntos para separarse de los últimos lugares de la tabla de cocientes.

En una mezcla de camisetas rojiblancas y los colores universitarios negro, amarillo y rojo, el inmueble de la Calzada Independencia esperaba el momento de cimbrarse.

Y fue en el minuto 48, cuando Fidel Martínez sacudió al coloso y a sus aficionados. El ecuatoriano ya había intentado sorprender a Luis Michel con el recurso del taconazo, pero no surtió efecto. Y en la segunda parte otra vez su compatriota Anangonó no llegó a la cita, pero en la precipitación Michel salió mal, Raúl López entregó el balón, y entonces Fidel agradeció el servicio equivocado y colocó la pelota en las redes para el 1-0.

El festejo con un baile guapachoso de Fidel junto con sus compañeros, contrastaba con el grito interminable del técnico Alfonso Sosa.

Los cambios de José Manuel de la Torre demoraron en surtir efecto, hasta que Aldo de Nigris prolongó de cabeza en el área para que el capitán Bravo se tendiera de palomita y empatara el juego, con lo que provocó el resurgimiento de los aficionados rojiblancos.

El resultado deja a ambos equipos arriba del Puebla, que sigue en el último lugar de la tabla de cocientes.