El mundo laboral es intrincado, hemos llegado a tal punto que ni toda la preparación profesional es la mejor carta de presentación para asegurarse una contratación inmediata o un sueldo mínimante rentable que permita a la persona vivir desahogada.
El binomio educación y empleo no encaja con la doctrina de los libros de economía. No engrana, no al menos, en la pesada maquinaria industrial que desdeña el pleno empleo y los elevados sueldos, salarios y prestaciones por no provocar un mundo de hiperinflaciones.
Algo se ha deshilvanado. Houston “tenemos un problema” y hay que encontrarle la cuadratura al círculo. Es tan real y complejo como lo explicado por Jefrrey Sachs hace unas semanas atrás, cuando habló en Madrid acerca del cambio climático, el calentamiento global y las energías fósiles.
Es decir, el modo capitalista de producción actual en su fase neoliberal y globalizada tendría un colapso de consecuencias inimaginables si tanto las industrias como las empresas y la población redujeran por ejemplo a la mitad su consumo de energias fósiles. Un menor ritmo de producción implicaría, por ende, para las industrias y las empresas, la necesidad de recortar drásticamente la plantilla laboral dado que también habría menos artículos, bienes y servicios que vender.
Menudo embrollo: la Humanidad está condendada a la extinción a causa de los errores de cimentar un modo de producción en la dependencia de las energías fósiles. Allí está el fruto de la expansión sin ton ni son en muchos países.
Con la educación y el ámbito laboral pasa lo mismo aunque no con un sentido tan apocalíptico. Desde la decáda de 1970 todos los organismos internacionales se avocaron a convencer a los gobiernos y a la población de que la respuesta para acceder al mercado laboral provenía de la educación.
Entonces se dijo que la llave de la educación abría la puerta para un trabajo. No en vano aconteció en muchos países un boom de aulas universitarias contaminadas también por ideas socialistas o comunistas tendientes a crear un mundo más igualitario.
Había que educarnos y durante décadas lo hemos hecho: generación tras generación hasta crear élites de chicos y chicas que ya no se conforman con los posgrados y el inglés; jóvenes de menos de treinta que cursan doctorados, realizan estancias en otros países, dominan más de tres idiomas.
Pero su acceso al mercado laboral está peor que hace treinta años cuando la población egresada de las aulas era menos cualificada. Y lamentablemente mucha de esta población súper preparada son mujeres.
El informe Panorama de la Educación de la OCDE no hace más que recordar lo que se sabe desde la última década que el empoderamiento no es tarea fácil, además las aulas cada vez tienen más mujeres pero su acceso al mercado laboral no se rige bajo las mismas condiciones de igualdad que la de los varones; tampoco acontece la equidad de género en el campo de las remuneraciones.
El estudio recaba los datos de los 34 países miembros de la OCDE y añade los de Rusia, Argentina, Brasil, China, Colombia, India, Indonesia, Letonia, Arabia Saudita y Sudáfrica.
“Solo en Holanda hay trabajando tantas mujeres de 25 a 34 años cualificadas como hombres, según la tabla. Y del, otro lado, solo en México y Turquía el porcentaje de alumnos con estudios superiores (universitarios y FP) sobrepasa al de alumnas.”
A COLACIÓN
Que cada día luzcan más rostros femeninos en las aulas no es garantía de que dominarán el panorama laboral; en casos como México aún hay deserciones en todos los ciclos escolares, las niñas son las más vulnerables en una sociedad tan machista. Entre educar a un niño o niña, en esa disyuntiva muchas familias con apretados recursos elegirán al varón y harán todo por casar a la niña.
Duele pero así sucede. Hiere tanto como comprobar que haya padres que en divorcios crispados privilegien la convivencia con los hijos y desdeñen a las hijas, relegadas al olvido.
Tal parece que la virtud de la mujer de procrear es como una maldición en las sociedades actuales. He consolado a amigas por ser despedidas tras anunciar que estaban encinta. He visto en departamentos de Recursos Humanos hacer ajustes de plantilla y elegir en las primeras listas a mujeres, unas mayores de 40 años con la finalidad de ahorrarse la jubilación (en todos los casos las mujeres son las más longevas) y también eligen a las menores de 35 años -sin hijos-, para evitar una futura paga por gravidez más los permisos laborales post parto.
El mundo laboral es plenamente injusto con las mujeres y si alguna logra escalar será la primera señalada por coquetear con el jefe y otros superiores. Cuántas veces no hemos escuchado claro “es bonita”.
Así es que paridad, igualdad, equidad de género, empoderamiento, acceso laboral, habría que cambiar todo el chip para ver a la mujer como un ser tan capaz de dirigir a un país de ser necesario. Queda mucho por hacer para que todas esas jóvenes que hoy en día están en las aulas no terminen frustradas.























