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“Hay que negociar”, “Hay que dialogar”, “hay que …etc.” repiten como loros aquellos que por ley se supone están obligados a actuar. No ven, o no desean ver, que la violencia que desde hace tiempo vemos en marchas,  bloqueos, tomas y plantones en todo el Estado es consecuencia precisamente de la indecisión del gobierno que, por alguna razón, ha optado por ceder el monopolio del uso de la fuerza a  distintos grupos de presión política.

Una obviedad, el  Estado tiene el  monopolio del uso de la fuerza, es una sus atribuciones y obligaciones ineludibles; no es potestad de un gobernante el decidir si aplica o no la ley, es su obligación, para eso está, para eso le pagan. En el momento en que el poder del Estado desaparece, se produce un vacío que muchos grupos buscan ocupar.


Desde épocas aristotélicas se dice que la naturaleza aborrece el vacío, expresión  destinada a explicar por qué, cuando algo falta, de inmediato surge algo que ocupa el lugar que estaba vacío. Esta máxima se ha aplicado sobre todo a los fenómenos físicos. Pero en realidad la naturaleza no aborrece el vacío; de hecho, la naturaleza no aborrece nada, puesto que no tiene propósitos, como la gente.  En cambio, pareciera que la naturaleza humana sí “aborrece el vacío”, por lo menos en el caso de la política. Nunca estamos en una situación en que no tengamos normas, reglas y leyes. Solo que aquí hay que agregar un pequeño detalle, una ley o una regla tiene tanto peso y valor como la capacidad de hacerla cumplir. Dicho de otra manera, si no hay forma de obligar por la fuerza  al cumplimiento de una ley, esa ley sencillamente es letra muerta.

Pocas veces en la existencia del Michoacán hemos vivido un vacío de poder como en las ultimas administraciones, tanto amarillas como la tricolor actual. No es la actual administración del C. Gobernador Fausto Vallejo  la primera que ha abandonado, si no es que perdido, el monopolio del uso de la fuerza. Pero hoy, como nunca,  son los grupos de presión los que han logrado prevalecer sobre el poder del Estado de Michoacán, son ellos y no el Estado, los que imponen condiciones.

Recordemos  el periodo de Lázaro Cárdenas Batel cuando intentó aplicar la ley en el conflicto de Sicartsa. No solo reculó, sino que decidió retirar su policía de la planta y de paso destituyó a su secretario de Seguridad Pública y al jefe de su Policía Ministerial. Y para complacer a los estridentes grupos de presión investigó a sus propios policías y consignó a uno, si bien rápidamente fue dejado en libertad pues no se acreditó su responsabilidad.

Equivocada y trágicamente, quienes ocupan cargos de responsabilidad en México piensan que si abdican del monopolio del uso de la fuerza evitarán la violencia. Grave error, la experiencia ha mostrado que el temor a hacer cumplir la ley debilita al Gobierno y provoca nuevos estallidos de violencia.  El vacío de poder se traduce poco menos que en una verdadera ley de la selva. Los grupos más poderosos son los que consiguen el favor del Estado en detrimento de quienes sí cumplen la ley.

Muchos funcionarios simplemente prefieren no arriesgarse a que un operativo con la fuerza pública les salga mal. Como los avestruces, optan por esconder la cabeza en un agujero; a fin de cuentas no son ellos quienes pagan el costo de la violación de la ley, sino los sufridos habitantes, y de paso el erario, que no es dinero de ellos, sino de nosotros, los ciudadanos. Da la impresión de que los derechos de ellos son menos importantes que la tranquilidad de estos funcionarios.

La salida al conflicto, repiten como mantra, “debe ser negociada”. El problema es que en los recientes conflictos que ha vivido el Estado hay nada que negociar. Solo aplicar la ley.
Los grandes problemas requieren soluciones de similar calibre. Vale la pena recordar el episodio del llamado Nudo Gordiano.  En la mitología griega este era un complicado nudo atado por Gordias, rey de Frigia y padre de Minos.  El nudo era tan elaborado y complicado que nadie podía desatarlo. Se decía que quien fuera capaz de desatarlo  se convertiría en el gobernador de Asia. Muchos lo intentaron, pero en vano, hasta la llegada de Alejandro Magno, el cual, frente al complicado nudo, lo observó, lo evaluó y sacando su espada lo cortó de un tajo. Queda para la posteridad la expresión “nudo gordiano” la cual se usa para referirse a una situación complicada, sólo resoluble mediante una acción rápida y contundente.

Pero ese era Alejandro Magno.

Alejandro Vázquez Cárdenas
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