El fenómeno no es nuevo, ni es exclusivo de México, se da prácticamente en todos los adultos del mundo. La gente, Ud., yo y el que va pasando, tiene, sobre casi cualquier tema, una opinión definida sobre “X” situación, doctrina, política o evento; opinión que difícilmente se modifica con los datos que puede llegar a leer, escuchar o de plano observar en vivo y en directo. ¿Por que se da esto? Una explicación la tenemos en el entorno en se creció y educó; “infancia es destino” se dice con cierta razón, pues es en esa época, y en la juventud, cuando adquirimos una serie de conocimientos, experiencias, vivencias etc. que en mucho nos marcarán por el resto de nuestras vidas. La cultura de los progenitores, el ambiente familiar, su música, su biblioteca, la calidad, buena mala o pésima de las escuelas, el medio ambiente que nos rodea, las amistades, los medios de comunicación mas un largo etc. nos marcarán para siempre.
Es un hecho que los políticos e “intelectuales” de la filiación que sea, defienden denodadamente posiciones diametralmente opuestas y las “verdades” en que supuestamente se sustentan. La duda aparece ¿A quién creerle, qué creer, qué esperar y cómo podemos normar nuestro criterio?
Para orientar en algo esta situación podemos recordar un artículo aparecido en la revista Scientific American ya hace algunos años y que lleva en inglés el título “The Political Brain”, El autor es Michael Shermer, a quien también le da por escribir novelas de ciencia-ficción. El epígrafe del artículo, lo constituye una breve reflexión que supuestamente escribió Francis Bacon en 1620 y que se puede traducir de manera libre como: “La mente humana, una vez que se ha formado alguna opinión, busca por todos lados elementos para apoyarla y desecha o desprecia, aunque los haya en gran número y peso cualquier hecho que apunte a lo contrario, con el objeto de mantener inviolable su verdad inicial”. Suena bien, ¿verdad?.
El punto central que maneja el artículo es que nuestras posturas políticas son el producto de lo que él llama “unconscious confirmation bias” que se puede traducir como confirmación inconsciente de nuestros sesgos. O sea que, inadvertidamente desarrollamos un proceso por el cual buscamos y encontramos hechos que soporten nuestras creencias que predeterminan nuestros juicios, e implícitamente desconocemos datos en sentido contrario, para así descalificar la postura opuesta. Refiere el autor, que esto fue demostrado por un estudio de imagenología cerebral mediante el procedimiento de resonancia magnética funcional.
Los resultados de las resonancias mostraron que la parte del cerebro que está asociada a los procesos del razonamiento, la parte en la que descansa la razón, en algunos casos no se activó y por lo contrario de lo que se hubiera esperado, sí se activaron en cascada, aquellas partes del cerebro que tienen que ver con el procesamiento de las emociones, con la resolución de conflictos, con la parte que hace juicios sobre la responsabilidad moral y finalmente la zona relacionada con recompensas y placer. Parecería que la mente “da vueltas” hasta encontrar la conclusión que en forma predeterminada quiere alcanzar. Y no sólo eso, sino que la refuerza eliminando estados emocionales negativos al activar los positivos.
Los recientes conflictos que ha padecido México, marcadamente desde las competidas elecciones del 2006 cuando el candidato derrotado AMLO, no aceptó el resultado insistiendo y afirmando, sin probarlo, que él había ganado, polarizó al parecer en forma permanente a buena parte de la sociedad. Existen decididos seguidores de AMLO, que caen perfectamente en la denominación de fanáticos, pues para ellos todo lo que diga este señor es poco menos que la verdad revelada.
Posteriormente, con el triunfo de Peña Nieto y la nueva derrota de AMLO, sus huestes, ayunas de toda autocrítica e impermeables a todo razonamiento, han insistido, ya no en un fraude, sino que la presidencia fue “vendida” a EPN. Esa es su verdad y nadie los convencerá de lo contrario.
En la actualidad, con los problemas de Ayotzinapa y la probada influencia del narcotrafico en municipios y algunos estados, los malquerientes de Peña han vuelto a la carga, con renovados bríos, sólidas anteojeras ideológicas y ayudados decididamente por algunos medios y sus pseudoanalistas filibusteros y pistoleras de la información, por así convenir a los intereses de su patrón.
Nada que hacer con ellos. Salvo aplicar la ley, tope donde tope.
Alejandro Vázquez Cárdenas
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