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Todos esperan que Enrique Peña Nieto asuma la Presidencia de la República, dentro de dos semanas exactas, sin los traspiés ni el corral d comedias que caracterizó la penosa asunción de felipe calderón –todo en minúsculas-, en 2006 luego de la severa traición de la derecha a los principios elementales de la democracia en los cuales tanto se cobijaran desde la fundación del PAN. Aquello fue vergonzoso por decir lo menos y se caracterizó or un juego de quitarse y ponerse la banda tricolor desde la medianoche, en el despacho presidencial de Los Pinos, por si acaso no pudiera ungirse al supuesto mandatario entrante. El hecho es que Vicente Fox se despojó de la prenda, la entregó a los cadetes del Colegio Militar… y volvió a ponérsela para acudir con ella al Palacio de San Lázaro por donde, él y calderón –en minúscula- entraron por la puerta de atrás, estrategia convenida, grotescamente, con las dirigencias perredistas para no deshacer el formato constitucional. Hasta hoy los testigos del suceso sonríen, o se carcajean, por la soberana decisión de nuestro gobierno de convertirnos en república bananera.

Peña Nieto, según todos los indicativos, quien viajará a Washington apenas unas horas antes de asumir su responsabilidad ejecutiva para rendir pleitesía al reelecto Barack Obama –vieja costumbre que se remonta a los tiempos de Miguel Alemán Valdés-, no tendrá los mismos agobios aunque, desde luego, la presunta tranquilidad no ha sido gratuita, sobre todo por los chantajes externos e internos –esto es respecto a ciertos representantes del PRI- que han discurrido abierta y cínicamente a medida en la que se acerca la fecha impostergable: primero de diciembre. A partir de entonces se abrirán las compuertas para observar el cauce de las aguas, sea hacia el retorno del model autoritario o hacia una auténtica democratización que comience, precisamente, dándole elementos de gobernabilidad al nuevo presidente sin desdoro de la autonomía entre los poderes de la Unión y respecto a los partidos políticos.


Peña, a quien muchos intelectuales –con el desdeñoso acento de los soberbios- consideran un personaje con escasa cultura y exceso de artesanía política, esto es más demagogo que eficiente en cuanto al presunto tratamiento de la conflictiva nacional, ha avanzado de manera significativa por la senda internacional guardándose de acudir a los países encabezados por figuras controvertidas como si temiera, antes de su reunión en la Casa Blanca, inquietar al establishment estadounidense. ¿O es éste uno de los compromisos para dejar por la paz el denso tema de las irregularidades de campaña, sobre todo en cuanto a las excesivas derramas económicas confirmadas, por el aliento del dolor personal, por el ex presidente nacional del PRI, Humberto Moreira Valdés?

Desde luego nadie puede negar que no es su intención atravesar la senda para la cacería de brujas. Por ello ya se ha reunido hasta con Ernesto Zedillo –el ex mandatario con quien menos había tratado, según me confió el propio ex gobernador mexiquense-, uno de los elementos que conlleva gran parte de la responsabilidad en sendas alternancias en la titularidad del Ejecutivo federal: en 2000 fue él, sin duda, el factor que obligó, por el cansancio general a las aplicaciones neoliberales empobrecedoras, al clamor por el cambio como única ruta para evitar supuestamente la generalización de la violencia aunque ocurriera exactamente lo contrario; y en este 2012, uniendo su voz a la de calderón –minúscula, otra vez-, animó la transición aconsejando al propio mandatario en funciones que era tal su única salida para no ser quemado en leña verde por la historia misma. Claro, para ello, era menester un intermediario y sobra decir su nombre.

Ernesto Zedillo vuelve por sus fueros en su condición de mexicano más influyente en los veneros de Washington, por encima de Carlos Salinas quien sostiene los hilos interiores, y reduce espacios para evitar radicalismos; el objetivo es evidente: preservar los grandes intereses multinacionales en una nación sumida en la violencia. Subrayo, una vez más, el hecho: sólo en México, pese a la pésima propaganda que nos cargamos, no se ha reducido el flujo de capitales especulativos aun a sabiendas de que la situación general no está bajo control por el permanente forcejeo entre las mafias con dominio territorial. Y hay razones para ello, claro: mientras más violencia exista más barato comprarán las multinacionales protegidas por nuestro superior gobierno… y luego vendrán, por supuesto, los saqueos de divisas como en 2008 y este mismo año. No se trata de meras casualidades.

¿Por qué el presidente electo, Peña Nieto, no informa con precisión sobre sus conversaciones con los ex presidentes, incluyendo conclusiones y coincidencias, como presunto mandatario –quien obedece- que es? No puede liberarse, de manera discrecional, de un concepto perdido que anula cualquier posible tránsito hacia la democracia: la soberanía popular. Esto es, mientras la opinión pública carezca de información precisa sobre “amarres”, acuerdos soterrados y complicidades descaradas, no podremos andar hacia una realización plena del liderazgo nacional que debiera asentarse en Los Pinos y no en la Casa Blanca, aunque ésta sea muy influyente por el poderío militar y económico de nuestros vecinos. ¿Es ésta una ingenuidad? Pues no: sencillamente se trata de aplicar los principios fundamentales sobre los que se asienta la vida republicana.

Es curioso, Zedillo es origen y fin de las alternancias en el nivel federal. No puede ser casual ni fortuito sino parte de un estratagema mayor que este columnista está a punto de descubrir y difundir. Y en éste, por supuesto, parecen haber caído Peña Nieto y su principal colaborador, el doctor Luis Videgaray Caso quien, por el momento, acapara las apuestas para candidatearse en 2017 con miras a los comicios de 2018. La noria jamás se detiene en tierra de políticos ambiciosos y contra esto deberá remar igualmente el señor Peña si pretende tomar los controles a diferencia de cuanto sucedió con sus dos predecesores, los Fox y calderón –minúsculas-, no así con Salinas y Zedillo, confrontados por el poder real y dados por muertos por los ingenuos quienes supusieron que la derrota priísta en 2000 era algo así como su acta de defunción. Ahora nadie quiere recordar tamaña aseveración desproporcionada y fútil. Pero se dio.

Dentro de dos semanas, en fin, un nuevo giro habrá de extender la vida institucional del país… con mayor cercanía a los intereses estadounidenses. Por eso viajará Peña a Washington en donde encontrará al presidente Obama un tanto resentido por la falta de confianza del mexiquense: esperó hasta los comicios de allá para visitar la oficina oval para no comprometerse… creyendo que no alcanzaría su reelección. Para infortunio nuestro, los presidentes mexicanos, sobre todo los que están en vías de serlo, suelen equivocarse estrepitosamente sobre el desarrollo de la política electoral en los Estados Unidos a pesar de las señales dadas; y, por ello, deben partir desde cero. Es ésta la razón por la cual Obama, quien tiene sus propios resabios, alargó su agenda para forzar el encuentro hasta la última hora posible, unas horas antes de la asunción presidencial de Peña. Para que no quepa duda quien es el amo y quien el vasallo. Suena durísimo, pero no encuentro otras palabras menos ofensivas.

Debate

Ernesto Zedillo, a quien llamé “el gran simulador” –con este título me referí a él en mi obra, editada por Grijalbo, en 1997, a cuya presentación optaron por no acudir los dirigentes del PRD a quienes había invitado con la confirmación respectiva, precisamente Andrés Manuel López Obrador y Porfirio Muñoz Ledo, mientras Vicente Fox, entonces gobernador de Guanajuato, fue el primero en llegar-, supo esperar su momento sin dejar de dirigir las fuentes del verdadero poder desde sus asientos en Washington. Alega que debe trabajar porque no hizo fortuna en el poder; las fuentes más cercanas a mí, observan lo contrario: sus haberes son mayores a los de cualquiera de sus predecesores y sucesores, lo que ya es decir, bajo el alegato de sus múltiples consejerías entre las multinacionales por él beneficiadas y en las Naciones Unidas en donde tiene como misión central… ¡luchar contra la pobreza mundial! Precisamente él, quien más nos depauperó.

El personaje es todo un caso. Ninguno de los ex presidentes que han sido, en diversas épocas, ha acaparado mayor influencia que él y, sin embargo, la leyenda negra corre por cuenta de Carlos Salinas, designado el jefe de la mafia por López Obrador, cuando el señor Ernesto maneja las cosas detrás de bambalinas y funge como el gran intermediario entre el gobierno de México y los centros del poder en los Estados Unidos. El embajador mexicano, actualmente Arturo Saruckan, es sólo parte de la escenografía diplomática.

Y se sigue moviendo, no sólo por la fuerza que le otorga la cercanía con las fuentes gubernamentales estadounidense, sobre todo la Casa Blanca –una estructura permanente que no pone y quita el residente temporal de la misma sino funciona como una institución formal, esto es una maquinaria a punto, perfectamente aceitada. Algo hay detrás. Los menos perceptivos hablan de la CIA, a la que pertenecieron personajes de la talla de Luis Echeverría y Fernando Gutiérrez Barrios; otros, hemos indagado en otra institución: la masonería. El lunes próximo les hablaré al respecto.

La Anécdota

Cuando le pregunté a Peña Nieto, con motivo de las tareas de campo para mi obra “2012: La Sucesión” –Océano, 2010-, acerca de cuál sería el trato a seguir con quienes se decía lo manipulaban mediante las mafias tradicionales, concretamente los ex presidentes, me respondió:

–Con todos me llevo bien, incluso con Fox que es de otro partido. Quizá con quien menos trato he tenido sea con Ernesto Zedillo porque vive fuera.

–¿Les dejará actuar entonces?

–Esta es la hora de sumar. Cuando llegue el momento, se sabrá.

Faltan quince días para “ese momento”.