Ícaro voló demasiado alto y cerca del sol, entonces sus alas de cera se derritieron, su destino sería fatal. El presidente Enrique Peña Nieto, acaba de cumplir dos años en el poder y se ha quedado sin alas, en una tragicomedia temprana.
Le he preguntado a varios  compatriotas si creen que el mandatario mexicano teminará el sexenio, todos levantan la mandíbula de forma dubitativa. Lo cierto es que, en seis meses, Peña Nieto pasó de ser héroe para la revista Time, el New York Time y Washington Post para convertirse en el  cancerbero del diablo.

¿Qué pasó? Yo me lo sigo preguntando como analista, observadora externa, intérprete de las manifestaciones socioeconómicas. Hasta el momento, ni siquiera el presidente Vicente Fox que con su triunfo levantó tanta expectativa, ni él siquiera,  logró dilapidar tan rápido su nivel de popularidad.
Peña Nieto más avezado en mercadotecnia y posicionamiento en las redes sociales, es que, en un pis-pas lo tiró todo al caño y resulta incomprensible en alguien además joven, con ganas de gobernar todo un país y que, no, no lo hizo mal como gobernador del Estado de México.
De repente al joven presidente mexicano le han endosado una pátina maldita emanada desde el mísmisimo infierno por que él encara, para la población, al menos para cierto sector, todas las plagas del Apocalipsis.
¿Qué pasó en los últimos meses? De celebrar el éxito del Pacto por México y que el Congreso aprobase una serie de reformas estructurales que llevaron inclusive al PRI a sacudirse a momios como Elba Esther Gordillo, en el CNTE.
La popularidad de sus reformas cayó de forma estrepitosa, a tal grado, que hoy me pregunto: ¿quién es la mano que mece la cuna? No recuerdo a ningún otro mandatario que en tan poco tiempo dilapidará todas las encuestas a su favor.
Ni siquiera Vicente Fox con su levantona moral de 2000, cuando cayó el muro del PRI, el del miedo, la ingnominia y el la dictadura perfecta más no perpetúa. Ni siquiera Fox que dececpionó a millones de mexicanos que le votaron, nadie reúne la historia de claroscuros del presidente Peña Nieto en tan corto suspiro.
Y es que, casualmente, todo encaja con uno de los intereses más estratégicos: el petróleo. México usualmente llega  tarde a todo o lo hace en momentos inadecuados.
La privatización del sector energético no le podría venir en peor etapa al país: is too late.  Justo en el momento que Estados Unidos domina el fracking, una economía que logró revertir su dependencia energética puesta de manifiesto en la decáda de 1970;  y que apartir de entonces, aprendió muy bien la lección acaso como un niño disléxico al que infravaloran todo su potencial.
La Unión Americana después de 2020 será una potencia en el fracking y dios agarre confesados a todos los países monodependientes del petróleo por que sus mejores años serán polvos de estos lodos.
No volverán. México tiene entonces mucho por qué preocuparse: primero por llevar a cabo una reforma energética tardía; cuando Estados Unidos camina rumbo a su autoabastecimiento energético; segundo, cuando, los petroprecios avanzan hacia derrumbarse amenazando con afectar el presupuesto de México, el acopio de reservas internacionales y la despetrolización de las finanzas públicas.
A COLACIÓN
Maldita suerte dirá el presidente Peña Nieto y sus correligionarios que han visto diluir en dos años la popularidad y toda clase de afectos. Lo malo es que le faltan cuatro años en el poder.
La gente está en la calle, iracunda, se le ha juntado todo tipo de acontecimientos: secuestros, violencia, inseguridad, ausencia de Estado de Derecho, corrupción en aumento.
Vamos, desde luego, atestiguar que la corrupción está en la mitocondria del  país no es gratificante. Anidada en todos los niveles, como una Medusa imposible de ser atajada dado que petrifica a todo cuanto la ve.
¿Cómo se le gana la batalla a tanta malignidad? Los pronósticos de crecimiento además no son halagueños; la inflación crece; los salarios constriñen. Los petropecios amenazan además no a la balanza comercial más bien a las finanzas públicas y a la posibilidad, al final, de que México mal abarate su potencialidad de explotación energética.
Por lo pronto, dependemos del cártel de la OPEP, de Arabia Saudita, que hasta ahora ha manifestado que no recortará la producción dispuesta entonces al desplome de los petroprecios.  Vienen tiempos complicados.
Y lo digo con todo el sentido tanto coloquial como real, qué hará México en cuanto corra la corrección de los petroprecios, si  esta variable cifra su crecimiento, su acopio de reservas internacionales y  de divisas y por supuesto sigue teniendo un impacto fiscal relevante.
Al presidente Peña Nieto le restan cuatro años en el poder, a veces cuando lo veo en distintos foros en los medios de comunicación me da la impresión de que quisiera salir corriendo; huir de todas sus responsabilidades. Su encanecimiento prematuro, no puede ser peor señal.