Washington.— En una decisión histórica, sin precedentes desde la presidencia de Ronald Reagan, el presidente estadounidense Barack Obama anunció ayer una serie de órdenes ejecutivas que sacarán de las sombras y protegerán de redadas y deportaciones a hasta cinco millones de indocumentados.

En un mensaje a la nación, Obama invocó el quehacer de otros presidentes que a lo largo de la historia han echado mano de órdenes ejecutivas para salir al paso de una crisis humanitaria. Además, en un lance retórico que ha buscado neutralizar los ataques del Partido Republicano, que le acusan de decretar una amnistía, el presidente aseguró que, bajo la actual situación, los más de 11 millones de indocumentados “ya viven bajo una amnistía de facto”, lo que es malo para un país que ya lleva dando demasiado tiempo la espalda a su carácter como nación que se ha forjado sobre los hombros generaciones de inmigrantes.

Las acciones incluyen la creación de un nuevo programa de acción diferida para frenar las deportaciones de padres de ciudadanos estadounidenses o residentes permanentes legales que hayan vivido en EU por cinco años. Los beneficiarios deberán pasar un control de antecedentes y pagar impuestos para poder contar con permisos de trabajo y residencia temporales.

La medida, festejada por numerosas organizaciones defensoras de la causa migrante, beneficiará a un universo de indocumentados que podrían alcanzar los cinco millones. Principalmente, los padres de los denominados dreamers, los jóvenes que llegaron siendo infantes y que se han beneficiado con el programa de acción diferida (DACA) que hoy protege a unos 600 mil.