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Una de las noticias “tranquilizadoras”, emitidas por el gobierno de calderón –minúsculas-, en el renglón financiero fue, precisamente, la adquisición de cuatro mil millones de dólares en oro para ampliar con ello las reservas internacionales del país que, en el corte del 11 de noviembre pasado, sumaban ya 162 mil 638 millones de dólares, esto es 12 mil millones de dólares más que el tope sugerido por el Fondo Monetario Internacional –gran rectora de nuestra economía continuista-, propuesto para cerrar el sexenio que corre sin menoscabo de los intereses de los inversionistas multinacionales. Con tal respaldo, por supuesto, se atemperan los temores por la violencia aunque el capital, como en el siglo XIX en el caso del clero acaparador de riquezas, sólo sea visto como un ahorro “de manos muertas”, es decir inamovible y sólo utilizable, insisto, para dar oxígeno a los grandes consorcios cuando las turbulencias del exterior son inevitables. Para ninguna otra cosa –menos para la creación de infraestructura básica- pueden ser utilizados salvo si ls procedimientos formales se rompen y el gobierno de la República ordena disponer de los fondos.


Sobre el particular les tengo malas noticias. ¿Alguno de los amables lectores induce o sabe dónde se encuentra resguardado el oro “mexicano” que respalda a nuestras divisas multimillonarias en un tiempo en el que la depauperación colectiva provee a las grandes mafias de sicarios dispuestos a salir de la miseria… por unos mendrugos de vida y lujos? El quid de la cuestión está en este punto que, desde luego, a todas luces es contradictorio y amargo.

El oro nuestro fue, primero, saqueado por los “conquistadores” españoles, a quienes debe recordarse que no hollaron a México cuya formación como nación comenzó en 1821, al consumarse la Independencia, y no es correcto suponer entonces que la invasión europea que dejó huella en el mestizaje fue en contra de nuestra soberanía sino se situó en un mundo distinto, ajeno, el prehispánico, sin condiciones para repeler la oleada de jamelgos y armaduras. Todavía hoy, cuando se explica la historia de España en las escuelas de allende el mar, se habla de los “dioses” de Extremadura porque así lo creyeron, atados a sus leyendas, los nativos de nuestras tierras. Luego se vería, por la avidez carnal, que eran tan humanos y vulnerables como cualquiera otro pero mucho mejor armados… con la traición de algunos grupos contra los aztecas imperiales.

Después, otros poderosos se han venido apropiando de cuanto disponemos, incluyendo nuestros tesoros energéticos, poco a poco canalizados hacia las multinacionales sobre todo estadounidenses, e incluso del oro que sirve para asegurar las reservas internacionales. Porque los cuatro mil millones de dólares en el áureo metal están almacenados, sí, en el famoso depósito de Fort Knox, cerca de Lousville, Kentucky, supuestamente en una bodega exclusiva. Nadie lo ha visto, nadie lo puede ver. Basta con la palabra de los custodios de que allí está, en la tremenda fortaleza inexpugnable construida en 1936 por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, en la fase recesiva que culminó con la urgente exaltación de la industria armamentista y en la Segunda Guerra Mundial. Nada es casual cuando se trata de los intereses de la mayor potencia de todos los tiempos.

Cada lingote depositado allí mide 17.8 centímetros de largo por 9.2 de ancho y 4.5 de alto y pesa 12.5 kilos. Curioso: la paridad del peso con el dólar, desde el gobierno de Adolfo Ruiz Cortines hasta el de Luis Echeverría, fue precisamente de 12 cincuenta por dólar. ¿Una simple coincidencia? Se calcula –porque ningún civil puede entrar allá salvo una excepción que contaremos-, que en total el oro guarecido pesa unas cuatro mil toneladas aun cuando se calcula que durante la guerra universal, a la que la Unión Americana se sumó luego del ataque a Pearl Harbor en diciembre de 1941, se almacenó cuatro veces más, esto es 16 mil toneladas. Cabe aclarar que éste búnker dorado no es el mayor de Norteamérica porque lo supera el del Banco de la Reserva Federal, situado en pleno Manhattan, aunque en este caso no se admiten los “ahorros” externos.

Por cierto, en 1974, a causa de la crisis severa que siguió a la caída de Richard M. Nixon, injustamente defenestrado por pecados nimios si los comparamos con algunos de sus predecesores y sucesores, la ciudadanía dudó que tras las tremendas y blindadas paredes de Fort Knox, de verdad, hubiera oro. El clamor fue tal que se permitió a un civil, y a varios periodistas seleccionados, entrar al edificio para que pudieran constatar la riqueza guardada. Y la vieron, sí, pero sin poder sumar a satisfacción cuáton había allí. El dato se da por descontado, esto es basado en la “honorabilidad” del Estado. Sólo eso, como si los demás no tuvieran derecho a suponer que bastaba con cooptar a los visitantes para reproducir cuanto quería el gobierno. Pero el hecho es que con ello se calmaron las ansias y los cauces de la tranquilidad acompañaron al mandatario jamás electo: Gerald Ford.

En la misma tónica, México compró oro asegurándole que estaba a buen recaudo en el edificio fortificado, de dos pisos, con dimensiones de 32 por 37 metros y dotado de 750 toneladas de acero y 453 metros cúbicos de granito y tres mil doscientos metros cúbicos de cemento. Para entrar, aseguran quienes dicen saber, es necesario atravesar de más de medio metro de grosor y que pesan más de veinte toneladas. A eso le llamamos, claro, inexpugnable. Desde luego, ni un solo mexicano ha puesto el pie allí: ni los compradores, como calderón –minúscula- y Agustín Carstens, quien aconsejó adquirir los cuatro mil millones de dólares en oro para diversificar el ahorro que otorga confianza a los acreedores y nuevos inversionistas a cambio de que la sociedad mexicana sólo pueda anotar la estadística como ahora lo hacemos. ¿Tiene esto algún sentido?

En el supuesto de que México requiriera su oro, ¿podríamos exigírselo a los Estados Unidos? Es la pregunta que no tiene respuesta porque habría de considerarse las condiciones y los costos por almacenaje, día con día, y los encajes superlativos que suelen endilgarnos los fuertes en los momentos más álgidos… al igual que cuando emiten papel moneda. Es tal la avaricia d los vecinos que hasta Carlos Salinas se lo pensó dos veces a la hora de proponer la creación de un “mercomún” en vez del Tratado de Libre Comercio de América del Norte; si nos dolarizábamos, los encajes ya nos habrían consumido, sólo éstos; ¿y lo demás?

Vale la pena que Enrique Peña Nieto se entere de todo esto antes de que se le imponga la banda presidencial. No vaya a creer que nuestro oro lo tiene guardado el sistema bajo los cimientos de Los Pinos, construidos por esa misma fecha, para albergar a la familia Cárdenas.

Debate

En lo que no tiene problemas el próximo presidente de México es el número de aspirantes a los cargos de gabinete. Por ejemplo, en torno a la Secretaría de Gobernación, tradicionalmente vista como una especie de jefatura del grupo presidencial aunque no tenga tal función explícita, rondan los nombres de Pedro Joaquín Coldwell –algo debe recibir por sus desvelos de campaña-, Miguel Ángel Osorio Chong y Jesús Murillo Vidal; los tres ex gobernadores, el primero de Quintana Roo y los dos restantes de Hidalgo en donde parece que las inclinaciones caciquiles siguen igual que en la época de los caudillajes. También aparece en la lista presunta, claro, el doctor Luis Videgaray Caso, el hombre de confianza a quien también se coloca en la oficina de la Presidencia.

Pese a lo anterior es necesario considerar que la inmediata desaparición de la Secretaría de Seguridad Pública, para volver en los hechos a una nueva versión de la inolvidable Dirección Federal de Seguridad, especialista en el espionaje político sobre todo, y su asimilación por parte de Gobernación –como antes estaba la DFS-, obliga a repasar los nombres con cuidado para establecer para quien es la dedicatoria. En estos términos, Pedro Joaquín y Osorio Chong tendrían que ser baja para mantener a Murillo –Morío es su verdadero apellido libanés-, Karma, quien ha pasado por la subsecretaría de la misma dependencia en la fase final de la administración de Ernesto Zedillo, precisamente quien se quiere llevar toda la maleta.

Queda suelto, claro, Videgaray quien, aunque no se ha especializado en tareas policíacas sí goza de la confianza total del presidente entrante. Y se cuela, por sus dotes específicas en el renglón, Manlio Fabio Beltrones quien, en un principio, rechazó la posibilidad para poner distancia respecto al próximo titular del Ejecutivo en espera de algún traspiés sonado; como no ha sido así, el apretado esquema de la coordinación de los diputados priístas le viene corto y más cuando Gobernación crece a grado tal que, de hecho, podría hablarse de una vicepresidencia en forma con enorme capacidad operativa incluso para aprovechar el búnker que lega el deleznable Genaro García Luna sobre la avenida de los Constituyentes; sin uso suficiente, bien podrían caber allí las reservas en oro que México almacena en Fort Knox.

Desde luego, no debemos dejar de señalar otra connotación: la desaparición de la SSP es, en sí, una evidente sanción histórica a la administración de calderón –minúscula-, quien hizo de la misma y de su titular actual sus mejores –acaso únicos- baluartes personales. Así se blindó y con ellos fracasó estrepitosamente. Las consecuencias están todavía por verse.

La Anécdota

Aseguran que la sabiduría del Constituyente de 1917 hizo borrar los gérmenes de la vicepresidencia que llegó hasta 1913 y al holocausto de Madero y Pino Suárez. En los debates sobre el particular imperó el criterio de que cargo tal sólo desataba las ambiciones, primero, y las traiciones, después, en plena era d los caudillajes posrevolucionarios… y se optó por privilegiar el peso del presidente o del “primer jefe de la Revolución” como se nombraba Venustiano Carranza, el verdadero revolucionario que finiquitó el antiguo orden y legó la Carta Magna todavía vigente.

Con Fox, se habló de un “cogobierno” para exaltar las dotes de su pareja, la señora de las muchas faldas, Marta, y desde entonces han quedado los hilos sueltos si bien, en cada sexenio, una figura ha gozado siempre del derecho de picaporte para el despacho presidencial. Hacia el futuro, quien tiene la llave es Videgaray y los secretos d la seguridad, aún los más soterrados, Beltrones, con mucha más edad.