Ayer los catalanes radicales, sin alcanzar la mayoría absoluta, votaron a favor del proyecto “soberanista“ de Convergencia y Unión –lo escribo en castellano porque soy de quienes creen que el catalán es simplemente una lengua con errores de ortografía-, y la proximidad de una secesión de España que, obviamente, traería consigo una especie de balcanización de la península ibérica. Es obvio que el País Vasco no tardará en pronunciarse en el mismo sentido y luego ya se verá si Galicia o alguna otra “autonomía“, cada uno con su propio “estatuto“ equivalente a una constitución local, continúa con la tendencia a la desunión… para luego intentar asimilarse por su cuenta a la Unión Europea; un galimatías difícil de entender. El asunto, sin embargo, tiene connotaciones para México de lo más interesantes y nuestro gobierno debería prepararse ante el fenómeno que ya parece irreversible.
No se olvide que el desgastado Juan Carlos de Borbón, a quien se le falta al respeto porque él hizo lo propio desde su cómoda posición de monarca que no gobierna, aprovechó la reciente reunión Iberoamericana –a la que no acudieron tres figuras centrales, la argentina Cristinita Fernández, el venezolano Hugo Chávez y el cubano Raúl Castro, cada uno con motivos de riñas verbales con la Corona y sus testaferros, además de otros tres mandatarios latinoamericanos que arguyeron sus propias penalidades internas-, para solicitar, de plano, “más Iberoamérica“, entendida ésta como un remedo colonial casi con la obligación de da salvamentos económicos a “la madre patria“, un término en desuso que de ningún modo perfila el carácter esencial de las actuales naciones de nuestro continente, al sur, claro, de las potencias de origen anglosajón.
En México, desde luego, se tiene en alta estima al mestizaje que dio origen a nuestra nacionalidad, precisamente a partir de 1821 cuando, al consumarse la Guerra de Independencia, comenzó nuestro andar soberano aunque fuese mediando la enajenación de Agustín de Iturbide quien no dudo en proclamarse emperador contra nuestra propia conciencia histórica, más liberal que conservadora de acuerdo a los propios sucesos marcados en nuestro derrotero –bueno, hasta el enajenado barbado de Miramar se consideraba liberal y era masón como Juárez lo que conflictuó el enfrentamiento bélico entre ambos-, y el imperativo de constituir, como se hizo, una República cuyo camino fue lento pero gradual hasta alcanzar su madurez con la espléndida y digna gestión patriótica del Benemérito y sus Leyes de Reforma que transformaron la estructura general para enaltecer la igualdad y acelerar la recuperación de un devastado país.
Entonces, no podría entenderse México sin la fusión de razas. Pero nunca ha sido conquistado; quienes así lo dicen confunden la posesión territorial con el dominio de un país que no era y en este punto se equivocan sin réplica posible. Pese a ello, no faltan quienes –y no son pocos-quienes mantienen una extraña dualidad en España frente a dos polos de su civilización: bajan la cabeza ante los europeos del norte, acaso por las asimetrías financieras y las constantes conquistas de “los básrbaros”, y alzan la barbilla cuando se habla de sus antiguas “colonias” como si todavía fueran campos de conquista en un erróneo filosofar con enormes dosis de petulancia. Por fortuna, no todos piensan así como no todos los catalanes caen en el sambenito de aborrecer las corridas de toros por su origen ibérico –como si Cataluña un estuviera situado en la península-, y no por defender a las nobles bestias que, en realidad, tienen una muerte bastante mejor a las de lasd reses sacrificadas en los rastros oscuros en donde ni siquiera pueden defenderse… igual que en las cacerías tan bien vistas entre los hipócritas británicos de sonada aristocracia.
Dicho lo anterior, es curioso que los mexicanos, a doscientos dos años de la gesta libertaria con la cual España dejó de tener fueros contra este suelo, no niegan sus raíces ni las infaman como sí hacen, por ejemplo, los catalanes dispuestos a separarse a pesar de estar unidos por el territorio mismo y la historia común a través de quinientos años, esto es desde el siglo XVI, esto es bastante más de lo que duró la colonia entre los pueblos hispánicos incluso sumando los dos siglos de Independencia y soberanía mexicanas. Es la misma línea que sigue, por ejemplo, el fundamentalismo islámico cuya pretensión de recuperar Al-Andalus, es decir Andalucía, en donde dejaron profunda huella en sus alcázares y en la magnificencia de la Alambra granadina, su último bastión, nos suena hoy tan descocada y absurda… pero no así la terca resistencia del presidente de la Generalidad Catalana –sigo escribiendo en castellano-, Arturo Mas, quien insiste en sus derechos soberanistas porque con ellos plantea salir de la crisis económica “de España” como si no la compartiera con medidas similares dentro de su autonomía. Esto es: como taparle el ojo al macho.
Demos un ejemplo: el principal grupo financiero catalán es “La Caixa” –uno de cuyos accionistas es, nada menos, el mexicano Carlos Slim Helú-, cuyos mayores ingresos, en un ochenta por cierto para ser exactos, proviene de sus filiales… fuera de la región de origen, es decir “en España” como dicen ellos, segregándose. Una ruptura, por supuesto, traería enormes repercusiones negativas para tal consorcio y, por derivación, para sus millones de inversionistas, sobre todo los empresarios catalanes que se quedarían en condiciones de desventaja, como extranjeros, comparados con el resto de los inversionistas ibéricos.
Además, ¿cuál sería el modelo político a elegir?¿Una nación soberana que siguiera reconociendo a la monarquía de los Borbones –los padres del actual monarca fueron llamados los “condes de Barcelona” hasta su muerte y están enterrados en el Panteón de los Reyes en El Escorial, al lado de los restos de Carlos V, Felipe II, Fernando VII y otros más-, como en los casos de Irlanda y Canadá, por ejemplo, adheridos a la Corona británica? Tal sería una tremenda hipocresía porque durante las conflagraciones internas, digamos la Guerra Civil española –1936-39-, Barcelona fue baluarte republicano y acaso por ello fue tan “castigada” por el franquismo –diríamos que en proporción un poco mayor al resto de España-, que le negó lengua e idiosincrasia con enorme torpeza e intolerancia. Acaso este lapso, que debería estar superado a treinta y siete años de la muerte del tirano –se cumplieron unos días antes del 20 de noviembre porque se ha corroborado la muerte del personaje una semana atrás, cuando menos, del anuncio oficial para mover fichas a favor de Juan Carlos, el heredero por él señalado-, elevó rencores, confundiendo al dictador con el resto de los españoles quienes tampoco recuerdan con agrado aquella infeliz y larga noche de su historia.
Es muy fácil confundirse cuando las falacias dominan los horizontes y se tergiversan los hechos para acomodarlos a las ambiciones de grupo. ¡Cuidado con ello, mexicanos! Recuerden la aventura descocada de Cervera, el extinto cacique, en Yucatán, cuando comenzó a distribuir banderas locales. Allí quedó la cosa, como una anécdota infeliz e infecunda, para desprestigio del propio personaje abyecto.
Debate
Emocionado por su despedida en la Cumbre Iberoamericana, calderón –minúscula- se impuso la tarea de ser acarreador de rescates para “la madre patria”. Curiosamente, fue el único mandatario latinoamericano –por fortuna vive sus últimos cinco días como tal-, que fue invitado a desayunar, en privado y solo, con el Rey Juan Carlos y el jefe del gobierno español, Mariano Rajoy Brey. (Por cierto en las reseñas se mencionó a Rajoy como “par” de quien se ostenta aún como presidente de México; y no es así, quien ocupa la Primera Magistratura en nuestro país es jefe de Estado y de gobierno, funciones que están divididas en España en donde el monarca jefatura al Estado mientras Rajoy gobierna o dice que lo hace. La Presidencia mexicana, entonces, no es comparable a la de España, mutilada por un símbolo anacrónico).
En el caso de Cataluña, si ésta optara al separarse –lo que parece irreversible aunque no sea inmediato-, quizá optaría por convertirse en una República en donde sobrara la aristocracia del Palacio de la Zarzuela en Madrid. Pero resulta que Mas, el presidente separatista, es más reaccionario que los ujieres del heredero del franquismo, mismo que pervive mientras Juan Carlos no se vaya a descansar, sea en vida o en muerte. Porque, sin duda, los hilos conductores son evidentes y fue él quien rindió pleitesía al cadáver del tirano quien fue depositado en la inmensa Basílica del Valle… antes llamada de “los caídos”, al otro lado del altar en donde yace Juan Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange, versión española del fascismo.
En fin, lo que interesa son los compromisos suscritos por calderón –minúscula-, para favorecer a los bancos y otras empresas –en los renglones energético y de información, sobre todo-, de origen ibérico y que adquirieron bancos mexicanos –como Bancomer- y se abrieron espacios favorecidos por las complicidades políticas –como Santander cuyo accionista, Emilio Botín, es muy afín a Zedillo en ciertas redes no santas como las que administra, en México, Jaime Camil Garza en materia d contrabando de armas al amparo de las mafias rusas y mexicanas-, dispuestas ahora a salir al rescate de la “madre patria”, de la suya naturalmente, a costa de los mexicanos. Como jamás se ha conquistado a México, lo planteado es sencillamente absurdo… pero camina.
La Anécdota
Se va, se va, se va. Y calderón –minúscula- comenzará una nueva vida en su antigua casa de Las Águilas -¡Caramba! Fue mi vecino, a cincuenta metros de una casa que alquilaba en la calle de Cóndor; pero para algo sirven los exorcismos-. No olvidemos a quienes, después de escribir cuanto sabíamos sobre el notorio alcoholismo del personaje, lo defendieron, entre ellos Ciro Gómez Leyva y Carlos Marín, adictos al calderonismo y ahora en fase de subirse al tren de los vencedores sin haber estado nunca con ellos. Como sucede cada seis años.
El alcoholismo del personaje a punto de volver a la ciudadanía común, fue claramente demostrado por este columnista –”2012: La Sucesión” y “Nuestro Inframundo”, la segunda editada por Jus y la primera por la rastrera Océano que se negó a publicar la obra acerca de los “siete infiernos”-, a pesar de los intentos de censura, las amenazas y los golpes bajísimos. No me hicieron perder la estabilidad. No olviden: la residencia dura seis años; la vocación periodística siempre. Tal es nuestra única ventaja ante el poder autocrático.
























