Antes de todo, un intento de definición: TATUAJE, dibujo corporal permanente (algo no siempre sopesado por los jóvenes), habitualmente se realiza con una máquina eléctrica en la que se coloca una aguja, la que va introduciendo la tinta debajo de la piel a través de pinchazos (más de mil por minuto). PIERCING, técnica de perforar el cuerpo por medio de una aguja o un catéter para introducir por la piel un anillo, aro o adorno metálico. Los lugares más frecuentes para el piercing son cejas, nariz, labios, ombligo y orejas.

Históricamente el tatuaje es muy antiguo, los egipcios ya lo practicaban desde unos 2000 años AC y alcanzó gran desarrollo entre las tribus maoríes de Nueva Zelanda. También se utilizó como adorno en primitivas tribus de Brasil y Colombia. Posteriormente cayó en desuso, siendo durante muchísimos años patrimonio casi exclusivo de presidiarios, piratas, marineros y prostitutas. Con el descubrimiento de los mecanismos de transmisión de la hepatitis viral casi desapareció. Pero, curiosamente, de unos años a la fecha su popularidad ha renacido, sobre todo en la juventud, como una muestra de “rebeldía” o como afirmación de su personalidad o simplemente como mera imitación.

Obras de artes para algunos o franco atentado a la cordura para otros, lo cierto es que los tatuajes tienen cada día más adeptos en todo el mundo. Aún así no deja de ser una moda, aunque a diferencia de las prendas de vestir o de un corte de pelo, los tatuajes son en la mayoría de las ocasiones algo que va a durar lo que le sobre de vida al usuario.

Algunos datos de naturaleza psicológica que vale la pena conocer es que de acuerdo con los informes de la investigación publicada en la revista ‘Personality and Mental Health’, los pacientes de psiquiatría forense con tatuajes tienen más probabilidades de tener trastorno de personalidad antisocial, así como aquellos que manifiestan intentos de suicidio, abuso de sustancias, y abusos sexuales. William Cardasis, del Centro de Psiquiatría Forense de Michigan, y coordinador del estudio, analizó junto a su equipo a 36 hombres de un centro psiquiátrico de alta seguridad. Alrededor de la mitad habían sido admitidos porque no estaban capacitados para soportar el juicio, y la otra mitad no fue declarada culpable a causa de una demencia. De los pacientes estudiados, 15 tenían tatuajes, y a 17 se les diagnosticó un trastorno de la personalidad antisocial. De aquellos que tenían tatuajes, el 73% padecía el trastorno, mientras que tan solo el 29% de los que no tenían ninguna parte de su cuerpo tatuada padecían la enfermedad.

La investigación también descubrió en las personas con tatuajes la posibilidad de que hubieran sufrido abusos sexuales, hubieran abusado de sustancias, o manifestaran intentos de suicidio.

En México cada año más de 30.000 jóvenes se tatúan o perforan el cuerpo y más de 15,000 personas se dedican a hacer tatuajes y perforaciones, pero cerca del 85% operan clandestinamente, sin contar con las medidas sanitarias mínimas, según una investigación divulgada hace ya algunos años.

Independientemente del criterio estético de cada cual, lo cierto es que algunos instrumentos y sustancias empleados para tatuar, perforar o hacer maquillajes semipenetrantes o penetrantes en la piel son altamente peligrosos. A esa conclusión llegó un estudio efectuado por el organismo británico encargado de regular los riesgos para la salud y la seguridad en actividades laborales. Los expertos llegaron a la conclusión de que determinados equipos para la micropigmentación no permiten una limpieza adecuada. Aunque las agujas sean reemplazadas entre clientes, los residuos de pigmentos pueden quedar en otras partes del instrumento y por ello existe la posibilidad de una infección cruzada entre los tatuados, específicamente contagios del SIDA o la hepatitis B y C.

El estudio también incluyó a quienes se perforan orejas, nariz, ombligo, labios, lengua, senos y genitales para colgarse adminículos metálicos diversos, en una peculiar imitación de hábitos propios de las tribus más primitivas del planeta; todos hemos visto a estos jóvenes, de estrafalario aspecto y mirada bovina, cargando herrajes suficientes para hacer sonar un detector de metales. Si Ud. o un familiar ya se tatuó y ya se arrepintió, mala suerte, vaya haciendo un buen ahorro pues eliminar el tatuaje le va a significar un considerable desembolso.