“El que los fierros agarra, a los fierros se atiene”.
Doroteo Arango, más conocido como Pancho Villa

Septiembre es el “mes patrio”, pero también en este mes, concretamente el 23 de sept. de 1965, en una apartado rincón de la geografía mexicana, Cd Madera Chihuahua, se inaugura una nueva forma de intentar arreglar las contradicciones de la entonces omnipresente e intolerante dictadura del PRI, por la vía armada y con violencia, intentando tomar el cuartel militar de esa población. El asalto, mal planeado y peor ejecutado puede tomarse como el inicio de las guerrillas urbanas en México.

El término Guerra sucia, en México, se ha utilizado para denominar las acciones tomadas por el Estado en contra de los guerrilleros integrantes de las organizaciones que surgieron en los setentas como consecuencia de una generalizada inconformidad con el sistema político. Fue una guerrilla básicamente urbana, nutrida principalmente de estudiantes radicalizados por la represión gubernamental al movimiento estudiantil del 68. Quienes se integraron a sus filas eran, en su mayoría jóvenes idealistas que resintieron el autoritarismo priísta y que, conciente y voluntariamente optaron por la vía de las armas, equivocados no, optaron por ese camino.

El 15 de marzo de 1973, en Guadalajara, surge la Liga Comunista 23 de septiembre, en una reunión organizada por Ignacio Salas Obregón. Ahí se unen el Frente Estudiantil Revolucionario, los Procesos de Monterrey, el Movimiento Estudiantil Profesional, el violento grupo de Los Enfermos de Sinaloa (estudiantes de la FEUS), el Comando Lacandones (estudiantes del IPN y de la UNAM), Los Guajiros, el Grupo 23 de Septiembre, el Grupo Oaxaca y parte del Movimiento de Acción Revolucionaria MAR

Algo que convenientemente han omitido los apologistas de estos guerrilleros es que sus actividades de ninguna manera se orientaban a impulsar o mejorar la débil democracia de esa época. El proyecto de la liga 23 de septiembre y de otros muchos grupos como el violento “Movimiento de Izquierda Revolucionaria Estudiantil”, MIRE, el Comando “Brigada Roja” y otros similares, el proyecto, insisto, era la toma del poder por medio de las armas para cambiar el sistema político del país, si había muertos, ni modo. Para eso varios de ellos habían recibido entrenamiento en Corea del Norte y algunos en Cuba. Sobradamente demostraron que la democracia no era su camino ni la tolerancia su principal virtud.

La Liga supuso tener la fuerza suficiente para extender la guerrilla a todo el país. Sus primeras acciones fueron violentas y espectaculares: El 17 de septiembre de 1973, uno de sus comandos intenta secuestrar al industrial Eugenio Garza Sada, cabeza del Grupo Monterrey, sin embargo, el empresario muere asesinado en el intento. Días después, el 10 de octubre, otro comando de la organización secuestra en Guadalajara al cónsul británico Duncan Williams y al empresario Fernando Aranguren. El gobierno mexicano rechaza negociar con la Liga y ésta decide ejecutar a Aranguren y liberar al diplomático inglés. Siguió un intento de secuestro que terminó en el asesinato del académico Hugo Margain. También realizaron asaltos bancarios, a la pagaduria de un Hospital (Pemex), asesinaron a inocentes policías de crucero cuyo único delito fue portar un uniforme y estar en el sitio y el momento equivocado. Una de sus últimas acciones fue el intento del secuestro a la hermana del Presidente López Portillo, acción donde mueren varios inocentes.

A partir de ese momento, el gobierno lanza una campaña de exterminio contra la Liga mediante el asesinato y la desaparición. Miguel Nazar Haro, subdirector de la Dirección Federal de Seguridad declara esos días a la prensa: “La cacería ha comenzado”. Las balas que enviaban los guerrilleros recibieron puntual respuesta.

¿Para que sirvió tanto derramamiento de sangre? A la luz de la historia reciente podemos afirmar que virtualmente para nada. Pero no se necesita analizarlo con la luz de la actualidad, basta repasar una fuente ideológica de estos guerrilleros para encontrar las razones de su fracaso. Con solo leer atentamente a León Trotsky, en su artículo “Acerca del terrorismo”, publicado en noviembre de 1911 en Der Kampf. Ahí encontramos lo siguiente: “Un atentado terrorista, incluso exitoso, tiene corta vida, el estado capitalista no se basa en ministros y no queda eliminado con la desaparición de aquellos. Las clases a las que sirve siempre encontrarán personal de reemplazo, el mecanismo permanece intacto y en funcionamiento”

Por lo visto estos guerrilleros no leyeron a Trotsky.