Desde noviembre de 2012, Emilio Botín, como presidente del BSCH, alteró la situación accionaria tras ordenar una recomposición del  capital social en manos de la familia del banquero.

De esta forma, la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV)  informó de una serie de modificaciones dentro del 0.768% de la tenencia de títulos del clan.

Para muchos esta fue una forma de “ir perfilando” una sucesión en el mando del BSCH,  ante la ausencia de su presidente, y es que don Emilio, lo que hizo fue reordenar el capital social entre sus cinco hijos, dejando a dos de éstos como máximos accionistas individuales: Ana Patricia y Javier Botín.

“El porcentaje que la familia controla se mantiene prácticamente inalterable desde 2006, año en el que se formalizó el pacto parasocial por el que sindicaron los derechos de voto correspondientes a las participaciones que aglutinaban los respectivos miembros de la familia, aunque el número de acciones en propiedad ha pasado de 44.4 a 79.2 millones.”

No obstante, desde finales de noviembre de 2011, el entonces jerarca de la familia, repartió 26.2 millones de sus acciones entre sus hijos: Ana Patricia con 7.9 millones de acciones; Javier y Paloma, 6.7 millones de acciones para cada uno; Emilio con 4.5 millones y Carmen, fue  la única de sus hijos que no recibió ningún extra.

Ello implicó que, desde entonces, Ana  Patricia y su hermano Javier, se  convirtieran en los primeros accionistas a título personal (dentro del seno familiar) que su propio padre, que desde entonces pasó de tener el 52% de la participación familiar a un 19%, recordemos que estamos hablando que la familia Botín es dueña del 0.768% del BSCH.

Debido a ello, desde hace casi tres años, Ana Patricia ostenta el 21% del capital familiar con 17.2 millones de acciones y su hermano Javier, tiene un 20%, con 16.2 millones de títulos.

Ahora con el fallecimiento reciente de don Emilio, suena un poco a alivio que el propio banquero tomara esa decisión en vida, máxime del tamaño de la entidad financiera y de su relevancia no únicamente en España también en otras partes del mundo.

Lo chocante de todo esto es saber que cada día más las entidades financieras -como otros entes empresariales-, están cada vez más pulverizadas en manos de cientos o miles de personas físicas y morales diseminadas por todo el mundo.

Y esto es un poco como ir conduciendo el Titanic, salvando icebergs, pero con el nervio de que en cualquier momento alguien dé un golpe de timón y el capitán al final de cuentas resulte ser sustituido por alguien con  mayor autoridad pero no experiencia.

En este caso, el del BSCH, es un ejemplo claro, el grupo cuenta con 3.3 millones de accionistas en todo el mundo; muchos son personas morales en forma de operadores de fondos.

Así es que el espaldarazo que recibió Ana Patricia Botín, al ser confirmada como presidenta del BSCH, sustituyendo a su padre, no es más que un síntoma de confianza por parte de los accionistas que  la consideran  un digno relevo en el grupo.

Por supuesto que la presión y los desafíos cundirán para esta madura economista de 53 años, inteligente, culta, inquieta y con un carácter bien plantado. Espero que el handicap de ser mujer al frente de tamaño gigante no la ponga en exceso  bajo una lupa quisquillosa.

Tomar las decisiones adecuadas para que el BSCH siga siendo un líder en este océano de la globalización no son desde luego pecca minuta; tampoco avizorar con ese feeling para los negocios en qué sitios invertir y en cuáles desinvertir. Una buena o mala decisión implica afectar a esos 3.3 millones de accionistas, a  182 mil 958 empleados y a 103 millones de clientes.

Trátese  además de una entidad de enorme tamaño y cada crisis lo que hace es crear monstruos financieros, empresariales y comerciales de mayor envergadura por que esto se convierte en la Ley de Darwin; por eso  el futuro es de gigantes.
A COLACIÓN

Entre las primeras medidas tomadas por Ana Botín (omitirá el Patricia) al frente del BSCH ha sido someter a una junta general extraordinaria la votación para ampliar capital con la finalidad de adquirir acciones de Banco Santander Brasil, un 24.75% que se encuentra en manos de minoritarios.

Otra aún más acertada ha sido, el acuerdo de adquisición de Carfinco Financial Group (Carfinco), empresa financiera canadiense, por un total de 210 millones de euros.

Carfinco permitirá al BSCH continuar con esa diversificación geográfica que tan bien le ha salido y le ha permitido capear los golpes de la crisis tras evitar apostar por un único mercado.

En esta ocasión con Carfinco irá dirigido al segmento de clase media canadiense que quiere adquirir vehículos vía crédito, esta financiera es una de las fuertes en Canadá.