Este jueves 11 de septiembre será el fatídico aniversario, el decimotercero, de los atentados terroristas acaecidos en Estados Unidos y que alteraron la geopolítica, geoeconomía y sumieron al mundo en un nuevo estado de alerta, en una moderna versión de la Guerra Fría, donde el enemigo número uno es musulmán.
Para las personas con triscaidecafobia, cualquier cosa terriblemente negativa bien podría suceder a lo largo de la semana, y es que la mala suerte, para ellos, va intrínseca al número trece.
No podemos mal aventurarnos a preconcebir que por el sólo hecho de tratarse del octavo término de la sucesión de Fibonacci implicará que algo muy muy malo provocará nuevas alteraciones a nuestras de por sí vidas cotidianas presas del nerviosismo.
Empero, en evidencia, consta que este 2014 no podrían estar peor las relaciones internacionales entre muchos de los países y que los focos rojos encienden por doquier.
Súbito caos. Estados Unidos otrora el policía del mundo, el fiel de la balanza, el mandamás, ha perdido esa jerarquía, hasta Israel le falta el respeto desconociendo las recomendaciones del presidente americano Barack Obama en pro del diálogo y de reafirmar los acuerdos de paz, muchos impulsados precisamente por estadounidenses.
Uno muy importante propulsado por el ex presidente Jimmy Carter, del 12 de septiembre de 1978, donde además de hablar de paz entre palestinos e israelitas, Carter propuso la creación de un Estado Palestino. Muchas fueron las aportaciones en este sentido del también Nóbel de la Paz.
De aquellos polvos vienen estos lodos. La mesa del desastre está servida. ¡Cómo ha cambiado la aldea global! Bastante, desde aquellos aviones secuestrados y utilizados como armas masivas que tanto dolor y miedo nos provocaron a todos.
Por lo menos una buena parte de los dictadores más tiranos han desaparecido pero no ha mejorado la situación de la población civil sumida en un absoluto desorden, viendo decaer su economía, perdiendo a familiares víctimas de atentados y bajo un permanente estado de indefensión.
Desde Irak, Afganistán, Pakistán, Siria, Egipto hasta la crisis reciente de Ucrania y la nueva asolada sionista-bélica contra los palestinos de Gaza. Sin olvidar por supuesto, la cantidad de países africanos con guerras civiles, insurrecciones y guerrillas.
El problema es que Estados Unidos en este río revuelto de conflictos ha perdido autoridad, de mandamás y gendarme del mundo, se le ve incapacitado para apagar los fuegos y prevenir nuevos incendios.
Ha perdido fuelle, credibilidad, basta ver lo que acontece entre Rusia y Ucrania o Israel y Gaza. ¿Alguien teme a Obama? ¿Lo hacen los yihaidistas?
A COLACIÓN
En 2003 salió a la luz mi primer libro “La política del miedo”, un análisis de los acontecimientos del 11 de septiembre en búsqueda de una serie de respuestas a muchas de las preguntas que estaban en boca de todos.
También incluye una serie de entrevistas, curiosamente, a uno de los sobrevivientes de los atentados contra las fallidas Torres Gemelas y digo curiosamente, porque no lo elegí de manera premeditada sino que lo encontré entre los sobrevivientes que estaban dispuestos a platicar cómo habían sobrevivido un evento de tal magnitud.
El joven que lo relató para mi libro se llama Russell Moskowitz y es judío. Él laboraba en el piso 79 de la Torre Sur del World Trade Center y trabajaba con información financiera para el Fuji Bank. Hasta que sucedió la tragedia.
A lo largo de todos estos años mucho se ha dicho, escrito y filmado acerca de los atentados terroristas en Estados Unidos. Hasta el presidente George W. Bush intentó en un par de éstos lavar su imagen y reducir sospechas por aquello de encontrarse ubicado en Florida (gobernada por su hermano Jeff) dando una plática en una escuela, en el momento de los avionazos en Nueva York. Otra coincidencia, ¿más?
Lo cierto es que yo en mi libro señalé y partí de dos estudios muy interesante publicados en 2002 por el Center for Strategic and International Studies (CSIS) bajo el nombre de “A background paper on risk analysis and scenarios” y el otro “After an attack on Iraq: the military, political and economic consequences”.
Irak siempre estuvo en la mira de la Casa Blanca como picaporte para desde allí desestabilizar toda la región, el pretexto bien servido llevó a Estados Unidos y su ejército hasta Afganistán. Pero el objetivo esencial siempre fue Irak y en segundo tiempo lo es Irán.
¿Qué ha detenido a la economía de guerra americana? China y Rusia como aliados de Irán.
Sin lugar a dudas este recorrido de trece años no sólo nos ha hecho más mayores sino también más vulnerables en esta pequeña “gran aldea global.”
























