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En el preámbulo de la asunción de Enrique Peña Nieto a la Presidencia, luego d doce años de gobiernos infecundos en cuanto al cambio prometido -¿o acaso los lectores observan alguno en los renglones políticos, sociales, económicos y electorales?-, el encuentro reciente con el reelecto estadounidense Barack Obama, señor de la Casa Blanca por cuatro años más contra los pronósticos iniciales y las protestas del republicano Mitt Romney quien observó un derrame indecoroso de dinero en sus opositores al más puro estilo lópezobradorista-, tiene una importancia estratégica, diríamos vital, para la visión de México durante los próximos seis años, aunque algunos radicales de izquierda acortan el periodo como si tuvieran al derecho como rehén.

Por principio de cuentas, la “guerra” contra las mafias del narcotráfico, infecunda y sin armisticio posible al corto plazo, estrenará, muy en breve, una nueva composición ideada por el general colombiano Óscar Naranjo Trujillo, el “fichaje” más debatido de Peña Nieto por su origen extranjero y la bofetada que entraña respecto a la confianza del presidente entrante al mando castrense. Se trata, claro, de la Gendarmería Nacional que, entre líneas, posibilita no sólo la coordinación entre las distintas corporaciones policíacas del país –por ello la reforma para desaparecer a la Secretaría de Seguridad Pública, acaso como primera sanción moral al régimen de derecha que termina-, sino incluso el auxilio de fuerzas multinacionales, se habla de Latinoamérica pero se piensa en los Estados Unidos, para hacer efectivos los resultados y no jugar a la cacería de gatos que, por lo general, termina ampliando el “cártel del Paraíso” a donde van a parar los “muertos-vivientes”, esto es los capos falsamente ejecutados pero publicitados como tales, al amparo de la mafia rusa o de cualquiera otra con intereses superlativos y transnacionales también.


¿Quién se anima a desnudar a los grandes “padrinos” estadounidenses que, como en el relato de Puzzo, optaron por las drogas, pasando por encima de las moralinas, por considerarlas mejor negocio que el alcohol dada la clandestinidad de su manejo? Allí está precisamente la clave que no justifica, de modo alguno, las decenas de miles d ejecutados durante el lapso de 2006 a la fecha bajo el argumento de que se tuvo que responder con violencia “a los violentos”, confesión de parte que en un país democrático y civilizado obligaría a proceder penalmente contra los emisores de tal sentencia.

Desde luego, el presidente Peña Nieto –lo será Constitucional a partir del primer minuto de la madrugada, esta misma noche-, no habló sobre ello con su colega norteamericano pero debió hacerlo como única opción posible para frenar las presiones incesantes –con nuevas condiciones, cada vez-, del poderoso vecino que observa con inquietud, también con cierta impaciencia, la evolución política de México apostando porque alcance la condición de “estado fallido” –tal la razón sobre los perfiles auténticos de los embajadores del vecino país en el nuestro, todos ellos acreditados en regiones de complejo trato diplomático y versados en el “rescate” de los “fallidos” con la ingerencia, claro, de la mayor potencia de todos los tiempos-, para poder intervenir, sin necesidad de invasiones cacareadas, en todos los terrenos de la vida institucional de México.

Por el momento, se conforman con aumentar los acuerdos soterrados para garantizarse el abasto de energéticos, conservando sus propias reservas hasta agotar las de los demás y poder así gobernar al mundo, y la incondicional sociedad de los mandatarios mexicanos a cambio de no forzar demasiado el aislamiento financiero de los mismos. Ya sabemos que, por cuestiones de carácter fiscal sobre todo, el gobierno estadounidense debe ahorrar miles de millones de dólares en un breve lapso para mantener la competitividad y solvencia del dólar en los mercados del mundo en donde la prioridad es vencer al “euro” y a la brava señora Ángela Merkel, quien encabeza al “Tercer Reich” moderno mutando los cañones con bancos en toda la Europa dominada por ella, a costa, desde luego, de sus “aliados” situados en el sur.

México pierde por partida doble; esto es: primero, al abaratar nuestros recursos primarios para ofertarlos a la gran potencia y esperar de ésta una compensación económica; y, en segundo lugar, cuando las restricciones financieras en el norte son justificante para cerrar los cajones de la oficina oval aun cuando se sepa respaldado por su vecino del sur hasta el punto de controlar cada paso, financiero, social y político del mismo. Antes teníamos contenedores, tales como la razón que deviene de la doctrina en pro de la autodeterminación de los pueblos –sostenida gracias a un complejo equilibrio en las amistades con Cuba y loa países socialistas sin perder las líneas de cooperación con la Unión Americana-; ahora, estamos a la deriva, sin fuerza moral para argüir razones, por el torpe alejamiento con los pue4blos hermanos de Latinoamérica, ni contrapeso alguno ante las exigencias del poderoso.

Obama no es sino una ficha de la Casa Blanca, vista ésta como estructura superior a la perentoria presidencia, con disposición a ganar piezas sobre el tablero, con o sin ética de por medio. Las palabras salen sobrando como recientemente se ha observado en el conflicto entre Israel y Siria a la que apoyan los países islámicos, sobre todo Irán con capacidad nuclear. Quizá por ello fue reelecto: porque es garantía, por manipulable, para los intereses del verdadero poder. Y en esta línea, por supuesto, la batalla cruenta contra los grandes “capos” está perdida de antemano. Lo sabían, sí, personajes como Genaro García Luna que hoy cesa y sobre quien debiera caer la acción de la justicia, de inmediato.

El presidente Peña debe abogar por recuperar la dignidad y la soberanía perdidas por las truculencias infectadas de una derecha arcaica y poco operativa, incapaz de liderar, como antaño, a nuestra América Latina como una especie de hermano mayor dispuesto a defender a la familia en cualquier trance, no a afrentarla para salvarse de manera unilateral como lo hizo, en 1986, el deplorable Miguel de la Madrid, ya extinto, cuando rechazó la propuesta de su colega argentino, Raúl Alfonsín –convertido, a su muerte, en una especie de héroe gaucho aunque el reconocimiento llegara muy tarde-, en el sentido de formar un “club de deudores” para enfrentar a los acreedores inmorales que asfixiaban al continente.

Para infortunio de todos, De la Madrid cabildeó a favor de la Casa Blanca y sostuvo, con torpeza imperdonable, que cada quien debería rascarse con sus propias uñas, renegociando sus deudas de manera unilateral. Y así nos ha ido desde entonces… y ya pasaron cuatro sesxenios: dos neoliberales del priísmo ajeno a las proclamas posrevolucionarias y dos de la derecha empeñada en “dejar pasar”, sobre todo el tiempo, agazapados ante los contrapesos legislativos y, sobre todo, las riñas potenciales con los embajadores del miedo, los de los Estados Unidos, quienes se han impuesto, siempre, hasta para frenar los excesos de la lacayunería extrema, como cuando Fox pretendió agregar al “grito” algunos vítores por las víctimas del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York; por fortuna, lo “frenó” el entonces embajador Jeffrey Davidow quien nos veía como un puerco espín ante el oso todopoderoso.

Debate

Con un horizonte tan agrio y distante en el horizonte internacional, pese a las sonrisas de Obama y Peña Nieto durante su encuentro reciente, el nuevo presidente tendrá que navegar contra el acecho de una nueva crisis estructural acaso parecida a aquella de diciembre de 1994, precisamente el año de la barbarie –no menor a la registrada en el lapso sexenal vigente hasta este día-, cuando la liquidez del gobierno llegó a cero en unas cuantas semanas y debió removerse al secretario de Hacienda, Jaime José Serra Puche –quien se sostuvo sólo veintinueve días en la administración de Zedillo ara luego formar parte del círculo selecto de éste negando sus raíces salinistas-, para centrar en una víctima aleatoria el peso tremendo de la crisis estructural que acabó, claro, con la transición política hacia la derecha y el consiguiente desastre nacional. No descubrimos el hilo negro: los hechos hablan por sí solos.

Grave asunto es también el de la gobernabilidad. Mañana mismo, a las nueve, tendremos el primer round entre radicales e institucionales para “medir” los alcances y el temple del mandatario entrante. Vamos a ver si entra por la puerta de honor o por la de atrás, como sucedió hace seis años en medio del corral de comedias y los sarcasmos e ironías de los jefes de Estado y sus representantes invitados a la ceremonia de investidura, bajo la calculada presión de los lópezobradoristas radicalizados y listos a formar nue4vo partido si cumplen con los requisitos de ley. No vaya a suceder, como en España donde por tantas concesiones los terroristas del ETA vasco tienen representación en el Congreso, que a golpes de sombrerazos y amenazas sin límites nos situemos en un callejón sin salida en el que la única manera de gobernar sea entregando el poder. Este precio jamás lo debe pagar la incipiente, y deformada, democracia nuestra.

No es poco el desafío para el nuevo presidente. Todo lo contrario: no suena muy bien el gabinete, más de aliados que plural como la nación reclama, de cercanos y no de personalidades capaces de enfrentar al toro de seis años que se nos viene encima. Y es éste el punto álgido con el cual abrimos el nuevo libro del porvenir.

La Anécdota

La derecha empezó y termina con la misma tendencia. Observemos el panorama para confirmarlo:

Cuando Fox estrenó, a su manera, las románticas cabañitas de Los Pinos, comisionó a su hija mayor, Ana Cristina, para que adquiriera lo necesario… y así nació el águila “mocha” redondeada con la “efe” de Fox para consolidar el egocentrismo del personaje, evidente en sus hebillas y botas.

Ahora, quienes se van, pretendieron, en la hora final, modificar el nombre de nuestro país juzgando, a la ligera, las razones de los constituyentes de 1824. Casi doscientos años después quieren enmendarles la plana a los liberales de aquellos años. ¿Volvemos a las siglas del imperio del barbado de Miramar que los conservadores se inventaron?