Es cierto, hasta ahora, el libre mercado impone las reglas del juego aun en aquellos países en los que la propia ideología se contrapone a los principios del laissez faire. Hasta la plutocracia en China analiza una serie de reformas para facilitar el posicionamiento del país en la vía del mercado, la inversión y el comercio mundial.
El libre mercado no quiere barreras de ningún tipo ni puntos intermedios en el ámbito socioeconómico porque únicamente sobrevive el más eficiente. Así es que ni la socialdemocracia promovida por Anthony Giddens ni la ideología neokeynesiana que sigue apostando a favor del Estado como rector esencial de la vida económica de los países, han podido contener el avance del liberalismo con todo y los cuantiosos costos sociales que esto implica.
La victoria, hasta el momento, se inclina a favor de la implementación de una serie de políticas que facilitan el dominio del gran capital y promuevan una escasa o casi nula intervención del Estado en asuntos tan sensibles como la seguridad social, la salud y la protección laboral.
En la década de los ochenta, el enemigo a vencer fueron los sindicatos. De esta forma en Europa y América principalmente se desarrollaron una serie de eventos y actos en contra del sindicalismo considerado como un lastre para el cambio más que como una añeja y merecida conquista laboral. Debilitar a los sindicatos fue una estrategia para permitir que el capitalismo mutara a una nueva forma a favor de la creación de grandes monopolios y oligopolios como sucedió por ejemplo en el caso del sector financiero con fusiones inimaginables.
A COLACIÓN
Usted se preguntará cómo un país de más de cien millones de habitantes puede ser sostenido por menos de la mitad de su población. Pues México es un caso tan real como lo es la cifra del 10% que concentra la mayor parte de la riqueza que se genera.
La estructura en el país es la de una pirámide invertida: el grueso no contribuye, no genera, y el pico lleva sobre de sus hombros la responsabilidad de mantenerlos a todos incluyendo a los caprichos del gobierno que se dice muy libre y muy democrático. El individuo debe aprender del liberalismo que el egoísmo es la nueva sintonía: ”Yo primero, yo después, yo siempre”. La colectividad no importa y en ese grado se estructuran las propuestas de reforma.
Si el individuo no tiene para pagar entonces no tiene el derecho que antes el Estado le concedía. Hoy en materia de finanzas públicas vale más un número en negro que un trabajador con prestaciones.
Los datos macroeconómicos se ensalzan aunque sean tan contradictorios y preocupantes entre sí. Para mí, estamos viviendo en una economía irracional: el gobierno afirma mejorías, empero, al interior del bolsillo, de la economía personal y familiar, la derrama no llega.
Ahora rumbo a la segunda década del siglo XXI, con tantos desequilibrios globales, es necesario en verdad construir un nuevo andamiaje, distinto al del capitalismo neoliberal y globalizador; ni el socialismo per se, ni la socialdemocracia de Giddens han servido para dar una respuesta cabal a un mundo donde la pobreza crece aceleradamente y parece harto imposible encontrar un justo medio, lo único que podemos pedir es el retorno de las políticas públicas a favor del individuo y no contra éste.
Los conceptos teóricos de John Maynard Keynes, del Estado como rector de la vida económica, deben rescatarse antes de que la sociedad regrese a un punto de eclosión como ya sucedió antes de la Internacional Socialista en el siglo XIX y previo a cada ciclo en que el mundo llegó listo a una nueva Guerra Mundial.
Keynes nunca invocó al paternalismo, lo hicieron así muchos gobernantes en muchos gobiernos después de la gran depresión de 1929 y como en todo surgieron los excesos, y el Estado se convirtió en un leviatán, perverso, corrupto, principal culpable del déficit público, de la distorsión de los precios, del endeudamiento; etc.
La teoría y las propuestas no fueron las culpables lo fue la distorsión de los hombres como sucedió con la ideología de Karl Marx que sirvió, de manera errónea, como base para el totalitarismo de izquierda. En ninguna de las obras de Marx se recomienda “socializar” la miseria para mejorar al mundo, él más bien demostró que la riqueza del rico surge a partir de una apropiación ilegal de una plusvalía que debe corresponder al trabajador como fuerza creadora del valor en todo proceso de producción.
El Estado no debe relajar sus políticas públicas como tampoco puede hacer caso omiso de las necesidades sociales de la población. Qué caso tiene, me pregunto, tener números en negro, si año con año, más gente carece de empleo, de prestaciones y las empresas quiebran y las que sobreviven no tienen para pagar el reparto de utilidades. Si me dan a escoger entre el neoliberalismo y Keynes, me quedo con el segundo ¿Y usted?
























