Me encuentro frente a ustedes honrado por el reconocimiento que el Congreso del Estado de Michoacán de Ocampo ha tenido a bien concederme el día de hoy.
Hoy 19 de agosto de 2014, mediante la entrega de esta distinguida presea, no solamente tengo el gusto de compartir con ustedes la conmemoración de tan importante evento histórico en el nacimiento de la vida política de nuestro país, sino que además me siento movido a compartir una reflexión personal al respecto.
Mí querida Zitácuaro, tierra de mujeres y hombres michoacanos con un hondo sentido del deber patriótico, estar, en este recinto, la Secundaria Federal “ Nicolás Romero” donde estudie y que por cierto hace tres años conmemoramos 50 años de haber egresado de está noble institución, tiene, para sus servidor, la cualidad de ser la sede de dos infancias fundamentales en la formación de mi vida, pues en ella crecí como persona, y por virtud del evento que hoy recordamos, en ella se gestaron también los primeros visos de unidad política que posteriormente definirían la vida constitucional de nuestro país.
En esta identidad encuentro los valores que durante toda mi vida han cimentado mis convicciones, de mis padres a quienes recuerdo con cariño y de quienes recibí la educación que me permitió enfrentar los retos que la vida nos presenta, así como también de la historia nacional que evidencia las virtudes de los mexicanos que lucharon por un ideal político y social que a través de un arduo camino se concretó en la vida institucional de nuestro país.
López Rayón crea los Elementos constitucionales de 1911, y los da a conocer a través de la Suprema Junta Nacional Americana de Zitácuaro, que vendrían a sentar las bases de un Estado autónomo, la primera tentativa para establecer un gobierno propio y una Nación independiente del tronco español. Convocada e integrada fundamentalmente por ilustres michoacanos y próceres de la lucha de Independencia nacional, como Ignacio López Rayón, Benedicto López, José Ma. Liceaga, Sixto Verduzco, que acudiría en representación de José Maria Morelos y Pavón, Leona Vicario.
La Junta de Zitácuaro tuvo una actuación continuada por dos años, en la administración de los territorios recuperados por las fuerzas insurgentes y trazó el camino para que el Congreso de Anáhuac comenzara a dar fisonomía jurídica y política al naciente país mexicano.
Pero particularmente como michoacano, encuentro en la remembranza de las condiciones en las que se instauró la “Suprema Junta Nacional Americana” la inspiración para continuar participando con perseverancia en la construcción de la vida política y social que anhelamos como Estado.
Recordemos que aquel año de 1811 era una época de turbulencias. Habían trascendido en nuestro territorio tanto los conflictos derivados de la invasión Napoleónica con la consecuente abdicación de Fernando VII. Por su parte se respiraba la oleada independiente en otras coordenadas de América y asimismo existía la expectativa sobre la actividad de las Cortes de Cádiz cuyas deliberaciones habían reconocido un año antes, que la soberanía residía originalmente en la Nación. Era pues, un momento de definición para los mexicanos.
Así, fue en medio del conflicto y luchando en contra de los realistas liderados por Calleja, que surgió un órgano que permitiría dar cohesión, forma y vocación al movimiento insurgente, esta fue la aspiración de Ignacio López Rayón y el Rayo del Sur, su principal estrategia, la unidad.
No puedo sino encontrar coincidencias fundamentales entre tan inspirador pasaje de nuestra historia mexicana y nuestras condiciones sociales actuales. Los michoacanos vivimos hoy también una época de conflictos, de retos y más que nunca requerimos de aquella pieza fundamental que inspiró la decisión de los insurgentes, la unidad. Es pues en esta conmemoración que debemos reflexionar en torno a los puntos de común acuerdo que comparten las distintas fuerzas políticas y sociales, para en torno a ellos ejercer acciones de voluntad política con el objeto de transformar la realidad social en las legítimas aspiraciones de nuestra gente.
Urge que construyamos los acuerdos necesarios para revertir la compleja problemática que nos aqueja; acuerdos que nos conduzcan a la reconciliación entre los diferentes grupos de michoacanos y a consolidar una cultura de legalidad que restaure la normalidad democrática y brinde certidumbre a las actividades productivas en el estado.
Dos elementos fundamentales tallados en nuestra historia por los fundadores de la patria constituyen hoy la columna vertebral para salir adelante en medio de los conflictos actuales, son la decisión y unidad. Sin ellos, fácilmente se habría desmoronado la fuerza independentista, habría perdido sentido y dirección quedando en el olvido.
Hoy, la lucha no es por el establecimiento de las bases políticas conforme a las cuales se debe levantar una nación. Hoy debemos transitar hacia la maduración de los principios que con el tiempo han permeado en nuestra constitución, que a golpe de experiencias se han traducido en conquistas sociales que han cristalizado a nivel constitucional. Se trata pues, de encontrar las vías para acercar la vida social a los postulados que se encuentran reconocidos en nuestra norma fundamental como los principales anhelos de nuestra Nación mexicana.
Nuestro país ha recorrido un largo trecho histórico en la construcción de un Estado de Derecho en el que las instituciones son más importantes que los hombres, en el que las leyes rigen para todos por igual y marcan el rumbo al gobierno.
Michoacán no ha sido ni puede ser la excepción a este camino de progreso y avance republicano y democrático, sobre todo, cuando en muchos casos, nuestro Estado ha sido paradigma de estas grandes transformaciones nacionales.
A pesar de que hemos experimentado situaciones inéditas de inseguridad y violencia en los últimos años y de los graves problemas financieros del Estado, no podemos caer en la desesperanza o en una mera actitud de descontento que ahonde las diferencias entre nosotros.
La política del escándalo sólo conduce a un mayor escándalo que magnifica hechos que en nada contribuyen a una mejora de la situación.
Lo que más nos hace falta es confianza en nosotros mismos. Dejar atrás los temores y rencores que nos dividen y fraccionan. Actuar con la templanza necesaria para no caer en salidas falsas.
Estoy muy consciente de que cada uno de los rubros que menciono tiene aún su cúmulo de retos, de metas sin alcanzar y objetivos sin cumplir, nadie argumenta que nos encontremos en la plenitud de nuestra vida social. Pero los espacios que aún quedan por colmar son oportunidades que debemos vencer mediante la entrega incondicionada de nuestro trabajo, mediante la participación intensa, y la construcción del diálogo para poder encontrar esos puntos en común que nos permitan lograr avances en el contexto de nuestras diferencias.
No podemos ni debemos permitir que la violencia quebrante el orden institucional del Estado y mucho menos que lastime nuestro tejido social. Creo que ya hemos tocado fondo y ahora es tiempo que unamos nuestras voluntades y acopiemos fuerzas para salir adelante.
Tengo la seguridad de que el Gobierno del Estado está haciendo su mejor esfuerzo para recuperar condiciones de normalidad y estabilidad en la entidad. Sin duda, el apoyo del gobierno federal está siendo fundamental en la reducción de la inseguridad y el repliegue de la delincuencia organizada. También en el impulso de proyectos de inversión y de desarrollo que seguramente redundaran en una distensión del clima de vida.
Por su parte, los actores políticos, económicos y sociales del Estado también se están conduciendo con la prudencia y la responsabilidad que demanda la hora actual.
En su momento, el evento que hoy conmemoramos fue punto de partida, y no culminación de lo que en su momento fueron aspiraciones. La intención de López Rayón, debió pasar por muchos cambios, intentos, propuestas, luchas y retrocesos, antes de permear en un instrumento político que reflejara dichos anhelos. Desde los Elementos Constitucionales hasta la Constitución de 1917 y de ahí, hasta nuestros tiempos existe un mar de experiencias nacionales que nutren la madurez política actual de nuestro país.
Por ello, retomemos hoy los valores que en 1811 inspiraron a nuestros compatriotas. Con la misma tenacidad con que se entregaron a la lucha de independencia afrontándose a las adversidades del momento, para ver nacer la nación que deseaban y con aquella unidad y decisión que conformó la Junta de Zitácuaro, emprendamos hoy una nueva lucha para perfeccionar la madurez de nuestra vida constitucional de forma tal que los principios que se consagran en nuestra norma fundamental tengan una palpable aplicación y vigencia en la vida social de todo mexicano, y destacadamente, de los michoacanos.
Distinguidos legisladores;
Señoras y señores:
Cuando tuve la honrosa encomienda de gobernar al Estado, los michoacanos inauguraron una nueva era de pluralidad política en el país.
Con la mayoría de los ayuntamientos en manos de un partido que no era el mío y un Congreso equilibrado, pudimos con franca voluntad política construir acuerdos que nos permitieron sumar recursos federales, estatales y municipales en casi todas las obras públicas, año tras año.
Estos mecanismos de corresponsabilidad programática nos permitieron ampliar significativamente la red carretera de la entidad, construir nuevos tecnológicos, escuelas, hospitales y pozos, así como obtener una tasa de crecimiento económico superior al promedio nacional.
En el aniversario de Morelos, propuse a la sociedad michoacana cuatro pactos para convenir acciones en materia de seguridad y justicia, crecimiento económico y empleo, educación, desarrollo social y protección ecológica, democracia y pluralismo.
Estos pactos nos permitieron cumplir con una ambiciosa agenda de obras públicas y acciones de gobierno que beneficiaron a todas las regiones del Estado y de manera especial a la Meseta Purépecha.
En ese tiempo, Michoacán era uno de los estados más seguros del país. Se vivía en paz y con tranquilidad, en armonía con el entorno de vida. Contábamos los unos con los otros.
Con el apoyo de la sociedad y la coordinación con los poderes, pudimos, por ejemplo, recuperar el Centro Histórico de Morelia, construir una moderna Central Camionera descentralizada, hacer una reforma política con el consenso de todos los partidos, entre muchas otras cosas.
Por último quisiera señalar que entregamos el estado con el índice de endeudamiento bajo. Deuda que creció en los años siguientes y que hoy es una de las causa de la situación de deterioro financiera que afecta a miles de ciudadanos y sus familias.
Sin embargo, estoy convencido que Michoacán es más grande que sus problemas. Nuevas actitudes de tolerancia y solidaridad nos conducirán a una franca recuperación. Debemos aprovechar la dinámica de las reformas nacionales para posicionar al Estado en un piso superior de desarrollo.
Toca ahora generar las condiciones para que esa jornada democrática se desarrolle con toda normalidad, legalidad y una alta concurrencia de votantes a las urnas.
Que Hagamos votos porque la elección se mida con la balanza de la participación democrática de los ciudadanos y no la de la intimidación resultante de las descalificaciones, los chantajes y los ataques entre los contrincantes políticos.
Los medios de comunicación tienen una enorme responsabilidad de cara a este proceso político, garantizando el derecho a la información y el principio de publicidad y transparencia que demanda la competencia democrática.
Lo reitero, es necesario restaurar la confianza de los ciudadanos en las instituciones. Estas son más importantes que los partidos y los actores inmersos en la contienda electoral. Hay que actuar a la altura de las circunstancias, contrastar proyectos y alternativas, decidir lo que es mejor para todos, sin otra mira que el interés superior de Michoacán.
A partir de la realidad que existe, no está en manos del gobierno, no es del interés exclusivo del Estado, ni es su lucha el descubrir cómo puede remediarse la situación, es interés principal y fundamentalmente del titular de la soberanía, es del pueblo mexicano la tarea de reivindicar nuevamente el efectivo poder político y encauzar la actuación de sus mandatarios.
Muchas Gracias
























