“Ni un Poncho más”, es el nombre del video que circula por las redes sociales y del que han  hecho eco los noticieros para abordar el tema de la obesidad precisamente cuando el reloj marca el retorno a clases en todo el país.

Esta historia real sucedió en diciembre del año pasado, el menor de edad falleció en medio del patio de su escuela, tenía tan sólo 12 años de edad cuando un  infarto le mató en pleno recreo y ante la mirada de sus compañeros que no entendieron cómo su compañero perdió la vida en un pis-pas.   La causa del fallo cardiaco fue por la obesidad del menor.

Ahora, varios meses después, los padres de Poncho lanzaron una campaña para tratar de concienciar a la población de la necesidad de cuidar la dieta de sus hijos y hacer ejercicio.

Precisamente ayer domingo, los padres de Poncho, aparecieron en las noticias de España, en el canal 4, ambos visiblemente afectados, explicaban al periodista por qué la idea de esta campaña, al tiempo que el padre hacía una dura reflexión: “Nunca me di cuenta que él fuera obeso, nunca lo vi así”.

México, su población, vive un drama de salud particularmente difícil de combatir por que son muchas variables las que inciden en la obesidad y como todo hay que tener campañas de prevención y después esquemas de atención bajo un marco efectivo de políticas públicas bien focalizadas en el tema de la salud pública.

A la fecha, los resultados no son halagüeños en dicho renglón, cada vez se gasta más en materia de salud pública y en lugar de reducir la población afectada por la gordura y  obesidad, ésta incrementa y lo hace en   rangos de edad cada vez más temprana.

Bebés rollizos,  niños gordinflones,  adolescentes gruesos, en suma, menores de edad voluminosos. De acuerdo con UNICEF, México ocupa el primer lugar de obesidad infantil en el mundo; y ocupa el segundo sitio en obesidad adulta, después de Estados Unidos, según el propio organismo.

Parece increíble que se trate de México, en los últimos treinta años ha cambiado de forma vertiginosa la constitución media del mexicano, hombre y mujer;  y no lo ha hecho para bien, sino para mal.

Con una masa corporal más abultada aumenta la demanda de ropa y calzado más amplio; de tallas mayores, unas que únicamente se veían en Estados Unidos y que ahora  XL y XXL son abundantes dentro del comercio de ropa en México.

Además está la otra demanda, la de productos médicos para bajar de peso y fármacos y medicamentos para paliar todas las consecuencias en la salud personal por comer demasiado, hacerlo demasiado mal y tener una vida sedentaria.

No hay datos precisos para saber cuánto gasta la población en paliativos para la salud, en comprar pastillas, thés, hierbas, cremas para bajar de peso o inhibir el apetito; y cuánto en comprar medicamentos para la acidez, dolor estomacal, alta presión, retención de líquidos que son las manifestaciones más visibles del mal comer.
A COLACIÓN

Lo que sí tenemos son cifras del gasto público. El Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) en coordinación con el Public Health Nutrition elaboraron un estudio donde se documenta por primera vez el impacto en la salud y la carga económica de la obesidad en México.

De acuerdo con el análisis, el gasto en obesidad para México en  2010, fue  alrededor de 806 millones de dólares, una cifra que para 2030 podría llegar a 1  mil 200 millones de dólares y más de 1 mil 700 millones de dólares después del 2050.

Esto es un escenario conservador y podría incrementar todavía más el gasto público en atender las manifestaciones en la salud por el sobrepeso,  fundamentalmente diabetes y males cardiacos.

Lo preocupante es el  poco esfuerzo que se hace para prevenir y evitar que la gente llegue a una situación de  gordura; no hay campañas efectivas es más fácil evitar que un chico rechace convertirse en fumador que aprenda a comer bien a decir no a grasas y frituras; pero sobre todo grasas y frituras en forma de papitas y de hamburguesas McDonald´s.

El INSP advierte que en 2010, el 32% de los hombres y 26% de las mujeres se encontraban dentro de un rango de peso normal; esta proporción decrecerá a 12% de hombres y 9% de mujeres que se mantendrán dentro del rango normal de cara a los próximos treinta años.

Para esa fecha habrá más de 12 millones de casos de diabetes y 8 millones de personas con enfermedades del corazón.

Más gordos se avizoran en el futuro inmediato y la única forma de cambiar el chip de la población es enseñándoles a planificar mejor sus comidas a partir de una nueva canasta básica que debe contener más proteína, frutas y verduras y menos carbohidratos.

Aunque aquí nos entramparemos con una cruda realidad, ¿cómo enseñas a comer mejor a una población con sueldos miserables? Si no pueden comprar carne de pollo, puerco, res o pescado, recurrirán entonces a los carbohidratos. Y aquí la lucha es derrota segura.