Dentro de un mes, justo el 11 de septiembre, se cumplirán trece años de los lamentables acontecimientos terroristas suscitados en Estados Unidos y que capturaron en vivo y en directo la atención de toda la aldea global.
Qué diferentes somos desde entonces, hemos aprendido a vivir con el miedo en el cuerpo, de pronto nacimos como “ciudadanos globales”; en la caída estrepitosa de cada Torre Gemela, la Humanidad atestiguó un nuevo parto: el de la política del miedo y del odio perpetuo.
Fue un adiós a la Guerra Fría, la inauguración de otra etapa desconocida para la Humanidad porque significó el desplazamiento de los intereses geopolíticos, geoestratégicos y geoeconómicos.
Implicó, que Estados Unidos, con todo y sus doble déficit: el de cuenta corriente y el presupuestal, ser el país más endeudado del planeta y con un dólar a punto de valer para papel del baño, lograra mantener el control militar del Imperio, a sabiendas de China.
Pero no nada más eso: este 2014, en marzo pasado, Irak tuvo otro aniversario, hace once años que Estados Unidos entró a su territorio a invadirlos y llegaron hasta el punto de “cazar” a Saddam Hussein.
Con el dictador muerto, el poder del petróleo en la zona de Medio Oriente también ha cambiado de manos, de hecho lo he abordado en columnas pasadas, desde que el 11-S proporcionó el pretexto bélico invasor a Estados Unidos en Afganistán e Irak, ha sido desplazado el eje productor-exportador que décadas atrás predominaba en el panorama de la OPEP.
Más increíble todavía, Estados Unidos transita rumbo a su autosuficiencia energética, no cabe duda su motivación bélica.
¿Alguien duda de los cambios concitados?
A COLACIÓN
El 27 de marzo de 2003, conocí a Sufian Elías K. Al-hadithi, entonces embajador de Irak en México, fui a entrevistarlo para mi columna y para llevarle una copia de mi libro “La política del miedo”, que recién acababa de publicarse.
Recuerdo que la primera impresión fue la de encontrarme una casona en las Lomas de Chapultepec sin seguridad, sin patrullas, pero eso sí, tapizada de flores, cartulinas, flores y una serie de letreros en contra de Bush, el Presidente de Estados Unidos, en ese momento.
Una vez adentro, debo confesarle, amigo lector, que me llamó la atención conocer a una Embajada con una cara totalmente contraria a la de Estados Unidos plagada de seguridad, en la que te quitan el teléfono celular antes de ingresar a las instalaciones con videocámaras y policías por todos lados. No, eso no había en la sede de Irak; es más, ni siquiera una patrulla. Únicamente había tres auxiliares del embajador.
La primera palabra que brotó de Sufian Elías K. Al-hadithi cuando hablamos de la invasión del ejército de Estados Unidos a Irak y del futuro del pueblo iraquí fue “in shala” que en árabe significa ojalá.
En medio de ése ojalá, hablamos de los motivos de la Casa Blanca para llevar a cabo la invasión a Irak, motivos que el diplomático me resumió de la siguiente manera: “Bush y Blair pretenden fracturar el orden político internacional y sobre todo buscan romper la unidad y la credibilidad de las Naciones Unidas. Van tras el petróleo, pero no es únicamente Irak en sus planes, está igual Irán y Arabia Saudita. Quieren dominar y repartirse el Golfo Pérsico y crear una especie de Protectorado regido por Estados Unidos y Gran Bretaña. Quieren dividirse los países en dos partes como botines de guerra. Pero Irak no es un botín de guerra”.
Yo reitero que entre los factores que mueven la ambición estadounidense, principalmente, se encuentran, el energético básicamente la posibilidad de controlar el petróleo de los países más ricos lo que abre la oportunidad de regir en los precios futuros del petróleo en el mercado internacional.
También figura reordenar las fuerzas en Medio Oriente y fortalecer a Israel como potencia.
Hace 11 años, Al-hadithi me expuso su tesis, la misma que curiosamente recoge mi libro, que yo le estaba entregando en sus manos.
Me parece que fue ayer cuando le pregunté al embajador iraquí por qué siempre el clan Bush, y él me respondió: “Bush hijo siente la necesidad imperiosa, casi predestinada de terminar lo que su padre no pudo hacer en 1991, derrocar a Hussein, verle muerto. En los noventa teníamos mucho arsenal militar y mísiles de largo alcance que usamos para atacar Israel, ahora no lo tenemos, los hemos destruido en los últimos años. Lo mismo digo para las armas biológicas y químicas no las tenemos”.
Respecto de la duración de la guerra, Al-hadithi pareció un Mesías al predecir que sería una guerra muy larga. Y mire usted, amigo lector, esto es 2014 e Irak (lo que queda de él) sigue recibiendo bombardeos; un país depauperado, caótico, con una población empobrecida.
























