Un estudio muy interesante elaborado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) advierte que la edad promedio de la población de América Latina y el Caribe casi duplicará entre 1950 y 2050.
En tan sólo un siglo, la transformación poblacional hará que el rostro del continente envejezca y la región deberá afrontar importantes desafíos para adaptarse a una nueva realidad.
Según estimaciones de la CEPAL, los mayores incrementos en la edad promedio se materializarán entre los años 2000 y 2050, pasando de 28 a 40 años durante este período. Del mismo modo, la población de 60 años y más triplicará en el lapso de referencia, en tanto que la población menor de 15 años pasará de más del 30% del total a menos del 20 por ciento.
Estos cambios demográficos se están produciendo de manera más rápida en América Latina que en Europa. La CEPAL indica que las causas de este proceso son el fuerte descenso de la fecundidad y el alza de la esperanza de vida. Esta transformación es sin duda un cambio sin precedentes en la historia de la región.
“Por ello, existe cierta preocupación debido a que en aquellos países donde el envejecimiento será más rápido, existe un tiempo limitado para la acción y no es posible partir de modelos de otras regiones porque la realidad económica e institucional es muy distinta”, señala el organismo.
La CEPAL considera que se requiere una revisión profunda de las políticas públicas para adecuarlas a una sociedad en la cual habrá cada vez menos jóvenes y más población adulta mayor. Esta transformación implicará una readecuación de la infraestructura de los servicios sociales en salud, educación y vivienda; y una reingeniería de las funciones públicas, además de un necesario cambio cultural que lleve a sociedades sin exclusiones, a “sociedades para todas las edades”.
El notable aumento absoluto y relativo de la población de 60 años y más esperado para las próximas décadas, unido a la posibilidad de que las nuevas generaciones lleguen a la vejez con peores condiciones de salud, repercutirá en un crecimiento sostenido en las demandas de atención sanitaria.
A COLACIÓN
En México, la demografía sigue el promedio estimado por la CEPAL para los próximos cincuenta años: la proporción de la población de 60 años o más aumentará de un 8% en el 2000 al 14.1% en el 2025 y a 22.6% en el 2050. Este porcentaje será más alto en las mujeres que en los hombres tanto en el área urbana como rural.
México comparte con Brasil, Colombia, Costa Rica y Panamá que el envejecimiento demográfico esperado estará enmarcado por un aumento importante en las personas de edad.
Cuando leemos datos o cifras así, pienso que en México adolecemos de un estadista qué, con miras al futuro, implemente hoy acciones de largo alcance, tan necesarias para tener una planeación justa.
¿Qué va a pasar con el sistema de pensiones en México dentro de 25 años? ¿Habrá cobertura en salud suficiente para las personas de edad? ¿El dinero suficiente en el gobierno para programas sociales que atiendan la demanda?
Los mismos datos de la CEPAL ubican a México en el rango de países con menor cobertura de seguridad social y donde casi la mitad de la población adulta mayor no recibe ingresos por concepto de jubilación. El rango de pensiones y jubilaciones es tan bajo en el país que nos podemos igualar con Haití.
Si comparamos a México hoy con Estados Unidos en el tema que estamos desarrollando, nos encontramos que en el vecino del norte un 17% de los hombres mayores de 60 años se mantienen económicamente activos; y un 9% de las mujeres.
En México, hay un cisma estructural en la pirámide laboral, por que personas sanas y todavía con mucha capacidad están jubilándose o siendo presionados para ello.
En cambio, vemos a personas mayores deambulando por calles, vagando por diversas ciudades, muchos pidiendo limosnas o recibiendo lisonjas de las personas en los supermercados tras guardar la cesta de la compra en bolsas de plástico.
Lo que nadie puede negar es que no hay población más desprotegida en México que las personas de la tercera edad, simplemente veamos los accesos con los que cuentan. Ni calles, aceras, ni acceso a centros comerciales, ni a otros lugares de ocio ni de esparcimiento están acondicionados para permitir el tránsito de personas de tercera edad con problemas en el andar o de plano en sillas de ruedas.
Muchas veces me pongo a pensar qué tipo de vida me aguardará cuando pase de los 65 años de edad y la salud vaya menguando con el avance de la edad. Usted amigo lector, ¿lo ha hecho? Lo que no exijamos al gobierno y las autoridades locales que hagan en pro de la vejez mediante políticas públicas será aquello de lo que careceremos el día de mañana.
























