El próximo 1 de diciembre, el presidente Enrique Peña Nieto, cumplirá su segundo año de mandato, y lo hará en medio de grandes expectativas acerca de las reformas impulsadas con una ciudadanía que experimenta una honda decepción .
Desde Presidencia intentan convencer a la población, pero el bolsillo no les engaña menos con tanto reajuste alcista en el precio de la gasolina, la expansión de la economía informal y el encarecimiento de la vida diaria.
Por todos lados cunden los palos. Empero, la parte oficial insiste en su buena obra, quizá habría que decirles Habemus ad Dominum y después de ello ir a comulgar.
No obstante, la economía mexicana necesitará algo más que un milagro para cambiar el ciclo de crecimientos erráticos desde 1994 a la fecha.
La economía mexicana es vulnerable ante los embates externos, no nada más al ciclo de la economía americana sino ante shocks experimentados por diversos commodities; y hasta a la crisis que hizo mella durante largos años a España como miembro de la Unión Europea y tras el pinchazo de la burbuja inmobiliaria.
Por alguna extraña razón, como si se tratara de un maleficio, la economía mexicana no termina de cuajar ciclos medios y largos de crecimiento estable y sostenido por encima del 3 por ciento.
Y la población sigue en expansión y cada día suman nuevas demandas de empleo formal, incapaces de obtenerlo no por falta de preparación sino por que el mercado laboral no expande en el mismo ritmo y en igualdad de condiciones.
Rumbo a la segunda década del siglo XXI, México sigue siendo “muchos méxicos”, el de un PIB per cápita elevado como Suiza en el caso de Nuevo León con San Pedro Garza García; y el otro, doloroso, el del hambre rampante que traspasa los huesos, el de Cochoapa el Grande, en Guerrero, el municipio más pobre de todo el país equiparable a Nigeria.
Pero, ¿qué le pasa a la economía mexicana? La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) advierte que el PIB del país azteca nuevamente será marginal en 2014.
La Secretaría de Hacienda estimó desde diciembre pasado un PIB del 2.7% para el país, empero, a la fecha los reajustes han sido necesarios.
La CEPAL lo acaba de hacer: de 3% espera un 2.5% para el PIB azteca si bien nos va porque éste podría descender hasta un 2% a 2.2 por ciento.
Y la recta final del año siempre desvela sorpresas sobre todo después de Semana Santa y las vacaciones de verano meses estacionales donde el consumo se traduce en demanda.
Pero, después de septiembre y el efecto retorno a clases, el tercer y cuarto trimestre del año evidenciarán la realidad.
A mi juicio, como economista, mientras no generemos un ciclo interno de inversión en tecnología y producción y dependamos tanto de las condiciones del capital extranjero, seguiremos salvando los ciclos económicos de otros países y a sus respectivos ciudadanos con cargo al bolsillo del mexicano y de la devaluación de costos tales como el del salario. México se ha equivocado al entrar a competir depauperando sueldos, salarios y prestaciones, esa carrera es insostenible contra China e India.
A COLACIÓN
Mientras México reajusta su crecimiento a la baja, en contra sentido, España festina asomar la cabeza al ciclo del repunte.
El periódico ABC lució en primer plano el encabezado: “España vuelve a la recuperación en solo dos años”. Y es que, aunque parezca increíble con todo y los vaticinios más funestos, España crece a un ritmo del 1.2% anual y el paro empieza a retroceder a niveles de 2011.
También al gobierno del presidente Mariano Rajoy, le interesa mostrar resultados decentes y optimistas, máxime cuando el bipartidismo gobernante en alternancia democrática entre el PP y el PSOE se encuentra ya gravemente amenazado y atenazado por una nueva casta de jóvenes curtidos en la ideología de las aulas y que a sus cuarenta años no están para nada contentos con los costos sociales dejados como estela maldita por la crisis más grave de la democracia española y de la simbiosis de la UE.
El año clave será 2015, con elecciones municipales y otros puestos de representación popular en España. La sombra de PODEMOS, un partido radical de izquierdas, comandado por Pablo Iglesias, un contemporáneo con melena que parece salido de las aulas de Filosofía de la UNAM, arrebató en las elecciones pasadas un millón 200 mil votos y varios escaños en el Europarlamento.
En España, todavía no saben si la demagogia y el populismo ramplante del discurso facilón que conquista oídos agraviados por la crisis es producto de Bolivia, Venezuela, Cuba o de México país que termina siendo la cuna de todas las ideologías a donde llegan y salen de allí más adoctrinados que nunca. Remember a Fidel Castro y Ernesto Guevara. Ellos cambiaron la historia de Cuba, navegando desde el Puerto de Veracruz.






















