Con el arribo del priista Enrique Peña Nieto al poder nos espera una mayor privatización del país, represión y autoritarismo por parte de su gobierno, advierte el profesor investigador de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad de Colima, Manuel Salvador González Villa.

Expone que el presidente ha demostrado que no se tocará el corazón para hacer uso de la fuerza y desarticular cualquier manifestación social en las calles, pero también ha dicho que buscará que haya inversión privada en algunas empresas paraestatales como Pemex, por lo que la privatización y la represión serán dos características de su gobierno que veremos en los próximos seis años.


México en venta

En esta nueva etapa de la vida del país podremos irnos despidiendo de Pemex como una empresa estratégica que fue símbolo del nacionalismo y la soberanía nacional, menciona el doctor en Ciencias Sociales, “es de entender que Peña Nieto está totalmente comprometido con el sector empresarial extranjero y nacional y que en esta medida no sólo se va a privatizar Pemex, sino también la CFE y todo lo que se pueda vender”.

Enrique Peña será un presidente insustancial, añade, “del cual no espero nada que pueda ser una propuesta de gobierno diferente a lo que ya establecieron desde el gobierno de Miguel de la Madrid y que reforzaron los panistas”.

Situación crítica

En materia de seguridad habría que ver la propuesta que presenta el Ejecutivo para que disminuya la violencia y no haya más asesinatos, añade Salvador González, lo que sí podemos ver es que el problema es bastante serio: No es la alternativa seguir militarizando al país, al menos que tenga un trasfondo político para Enrique, “que en la medida que esté el ejército en las calles y la policía, cualquier posibilidad de un brote social o político esté soterrado o controlado, eso no lo podemos minimizar”.

Por ello, indica, la existencia del ejército en las calles no sólo deriva de una preocupación por abatir el problema del narcotráfico, también tiene un mensaje social, “el país no está para bollos, estamos ante una situación realmente crítica y una descomposición institucional, el país está en una situación equivalente a un desastre”.

—¿Es posible que con la llegada de Peña Nieto se mejore esa descomposición?

—Toma en cuenta que están llamando al equipo de seguridad a un personaje siniestro como el policía colombiano Naranjo —responde—, que en su país tiene fama de ser un hombre frío, duro, que no sabe de respuestas más en el sentido de una visión integral del problema de las drogas.

“Podemos esperar un gobierno represor, autoritario, es la lectura que hacemos del arribo de Peña Nieto. Sintomático: cómo es posible que lo que debería ser un día de festejo nacional, el ascenso al poder de un presidente, iniciara con un cerco militar en el Congreso Nacional, esto nos habla de que la situación está difícil”.

El primero de diciembre, a las afueras de San Lázaro, hubo manifestantes detenidos, heridos y desaparecidos durante una represión, asegura la Unión de la Juventud Revolucionaria de México. Mientras Carlos Yahir Valdivia García y Julián Luna Ramírez eran atendidos por la Cruz Roja Mexicana, heridos por las fuerzas de seguridad que tienen cercado el palacio legislativo, en el interior inició la sesión solemne del Congreso.

“Importa poco la sociedad”

Está demostrado que a los gobiernos establecidos les importa poco lo que la sociedad opina de ellos, continúa el analista político, a estos gobiernos que están coludidos con los grandes sectores empresariales del país, “les importa un reverendo cacahuate que la gente esté inconforme y que el cuadro social nacional esté en una franca descomposición. Ellos están apostando a que cualquier posibilidad de una efervescencia social activa la puedan controlar mediante el mensaje del uso del ejército para ellos”.

Refiere que como precedente del autoritarismo y abuso de poder se tiene el precedente de lo sucedido en Atenco, “que de Peña Nieto es el caso más representativo, de hecho fue el origen del conflicto que tuvo cuando visitó la Ibero, y su respuesta de ser un hombre que no se va a tocar el corazón para usar la fuerza militar y reprimir, no creas que ya lo superó el señor, al contrario, lo tiene como parte de su política como presidente del país”.

Abunda: A los políticos no les gusta la crítica, están acostumbrados a gobernar a espaldas del pueblo, y en esa medida no hay diferencias con Peña Nieto.

La ‘supersecretaría’

Por otro lado, Salvador González considera que el hecho de que Gobernación haya ingresado a la Secretaría de Seguridad Pública se entiende en el contexto de lo que sucede a nivel nacional. “Creo que es el problema más serio que tiene el país, el de la seguridad pública, que nació con los gobiernos priistas y se complicó durante las dos administraciones del PAN, y ahora que el PRI regresa al poder y es un problema de preocupación seria”.

Pese a ello, la idea de reestructurar la SSP para que sea absorbida por Gobernación es atinada en la medida en que hay una serie de elementos que se tienen que atender, sobre todo tras la “estúpida guerra de combatir el crimen organizado de Calderón, que no respondió a una visión de Estado, sino más bien a una mediocridad y poquísima sensibilidad del panista de querer obtener un poco de legitimidad iniciando una guerra absurda con un saldo sangriento y horroroso.

“En este contexto podemos entender que la SSP fue un capricho personal del expresidente. Fue un error garrafal y que obliga al presidente entrante a suprimirla”, sentencia el investigador al advertir que eso no exonera que se deje de cometer abuso de poder, arbitrariedades, injusticias y violaciones a los derechos humanos.