Ha terminado la larga pesadilla de una administración perdida en la incapacidad, que no en la opacidad, pues fueron muchos millones de pesos los que se encargaron de publicitarla como exitosa, aun cuando una parte muy importante de la población nacional la ha juzgado como totalmente contraria a la calificada tanto por las televisoras más importantes como por algunos medios de expresión escrita.

Cortos, tal vez, le parecieron estos seis años pasados a Calderón y seguramente que le fueron infinitos los dos o tres minutos que utilizó para transitar por el pasillo de San Lázaro, en medio de los gritos de ¡asesino, asesino…!que le prodigaron los legisladores de los partidos de izquierda.


 

En fin, nace un sexenio de expectativas y se mantiene la esperanza de que finalmente el nuevo titular del Poder Ejecutivo, tenga la capacidad, el interés, la vocación, la determinación de modificar el rumbo del país y encuentre el sendero que nos permita cambiar radicalmente la deteriorada economía de millones de mexicanos. ¡No podemos seguir viviendo con el miedo colectivo que provoca el crimen organizado, y fundamental será para el nuevo gobierno desenredar esta madeja de hilos que ha dejado un mar de sangre!.

Nuestro país ha degradado el nivel del profesorado y quedado rezagado considerablemente en el aspecto de la educación pública no en la privada, misma que hasta el momento cuenta con todo el apoyo gubernamental. El sindicalismo en lo general, por su parte, poco interés tiene en buscar la medianía económica de sus trabajadores y por el contrario, los líderes manejan a su antojo los recursos económicos aportados por las bases, dinero basto que ha generado el empoderamiento de líderes que compiten con los archimillonarios jeques árabes.

Ciertamente México se ha transformado en un gran exportador industrial, pero es una industria que no nos es propia y que la poca que queda en manos del gobierno federal, se está extinguiendo, como lo es Petróleos Mexicanos y Comisión Federal de Electricidad, principalmente. Las nuevas generaciones no tienen y han perdido las expectativas de su desarrollo y, por otra parte, nos lacera el crimen organizado, mismo que se nutre fácilmente de nuevos elementos entre los jóvenes sin esperanza que no tienen oficio ni beneficio.

En el país vienen expoliando nuestro suelo las tranzanacionales mineras, que han dejado enterrados ¡ya! a un buen número de mineros, otros muchos mismos que siguen en la miseria de siempre.

Con relación a la Política Exterior, en su otrora destacada política internacional, ésta le había dado prestigio y respeto a nuestro país; cierto es que México siempre estuvo sólo en América en sus determinaciones a favor principalmente de los países latinoamericanos que eran y son asediados por los intereses político económicos de Los Espantados Unidos. En cierta medida esta actitud nos mantenía diplomáticamente, en forma menos dependiente de nuestros vecinos. Esta actividad se perdió por los últimos gobiernos que se subordinaron parcial o totalmente al poderoso todavía vecino.

La asunción pues, de Enrique Peña Nieto, aun bajo las condiciones en las que se dio, es de esperanza; tiene toda la posibilidad de pasar a la buena historia del país si actúa siempre en defensa no solamente de los intereses nacionales sino en la búsqueda constante del mejoramiento social.

Por otra parte, en el nuevo sexenio que ya inició, la meta de las diferentes tribus de la izquierda no es la de sumarse o respaldar al gobierno de Enrique Peña Nieto. ¡Lo pueden o no hacer! Lo anterior es lo menos importante; a lo que sí están obligados es la de tener una conducta ética y aprender que la Moral no es el árbol que da las moras. No es la división de la “izquierda” lo que nos llevará a tener la dirección el país, sino nuestra conducta personal y grupal la que puede darnos el apoyo popular.

¡Van mis votos por la esperanza en un nuevo país!