Es tal la obcecación sectaria que, no pocas veces, los bandos se inclinan por exaltar lo indefendible. Una muestra: la izquierda, tantas veces contradictoria por efecto de sus reacomodos ante la realidad lisa y llana, no tardó en festinar el reconocimiento del venezolano Hugo Chávez a los resultados del referéndum sobre la Constitución que le fueron negativos en 2007 y luego revalidó con otras convocatorias que le permiten, enfermo, seguir en la presidencia negando la esencia democrática de la renovación. No repararon, desde luego, en las intenciones de fondo: validar los comicios en los que el mesiánico mandante, con el uso de la parafernalia oficial, proclamó su derecho a permanecer en el gobierno avalado por la ciudadanía. Y presume ahora, claro, de haber obtenido la mayor parte de los sufragios emitidos en la más reciente de las elecciones por la Presidencia.
¿Es entonces un gran demócrata el señor Chávez o un mero calculador audaz listo a iniciar nuevas andanadas para manipular la conciencia colectiva? De ser lo primero, comenzaría por alentar el surgimiento de los liderazgos naturales sin empeñarse en su propia permanencia en el poder como si fuera insustituible.
A veces se le olvida a los reeleccionistas, que brotan ahora por doquier como si se tratara de andar hacia el pasado, una de las condiciones intrínsecas de la vida democrática: el imperativo de renovarse para evitar los flagelos del caudillaje que indeclinablemente llevan a la dictadura. De allí la sabiduría de nuestro Constituyente al subrayar el principio de”no reelección”, como sustento de una vida republicana sana, aunque se hubieran encontrado después los antídotos a través de la hegemonía priísta que fue sucedánea del porfiriato tras consumarse una de las mayores traiciones históricas concebibles.
Y si hablamos de antídotos es menester mencionar el grotesco espectáculo que tiene sede en Argentina en donde, al parecer han calado más hondo los matriarcados que la fe democrática. No es explicable que una nación tan sufrida por obra y gracia de los exaltados estatus reflejos –primero Evita, luego Isabelita y ahora Cristinita-, tropiece con la misma piedra y se abone tal a la vigencia de la democracia. Es absurdo, sencillamente. Y ello, subrayo para no dejar secuelas a la especulación barata, sin demérito alguno de otras damas cuya capacidad es superior a cualquier espejismo circunstancial. Lo cuestionable, en lo que abreva esta columna hoy, es la reelección disfrazada entre un matrimonio que tranza pasarse de un lado a otro de la alcoba presidencial. No hay democracia cuando los esfínteres de un mandante, sin carácter en la vida íntima, se imponen contra toda lógica histórica.
En la misma línea, el señor Chávez se ha disfrazado de demócrata para habilitar con ello a sus defensores oficiosos, quienes requerían de luz para iluminar sus propios senderos, una defensa imposible asumiendo que no se le valora justamente por cuanto significa en la lucha contrael imperialismo” al que no le ha cortado ni una sola pluma. Insisto: la falacia más extendida surge de un discurso belicoso contra a Casa Blanca cuando en Venezuela, en realidad, los intereses en jaque son aquellos ligados a los inversionistas europeos, específicamente españoles, quienes creyeron oportuno invertir en una nación que falsamente se alejaba del faro estadounidense dejando enormes espacios vacíos. Los errores de cálculo, tantas veces ayunos de reflexión ponderada y de conocimientos sobre la conformación histórica de las sociedades, se pagan y muy caros.
¿Demócrata el señor Chávez cuando amaga a los medios de comunicación críticos y persigue a sus opositores considerándoles traidores contra la causa patria por él engendrada?¿Demócrata cuando reprime a los manifestantes que se niegan a aceptar sus consignas y amenaza a quienes, cansados de diatribas, lo exhiben como un sátrapa? Y todo porque, mañosa, calculadoramente, aceptó el resultado de un escrutinio adverso por menos de un punto porcentual de diferencia. No falta mucho para atestiguar otro episodio de la trama.
Debate
En la misma línea se pondera, en los altas plataformas del panismo insondable y derrotado en julio pasado, la actuación de Ernesto Zedillo, el mandatario que remó en contra de su partido, el PRI, al provocar la primera alternancia en 2000 facilitando las cosas, traiciones en punta, para que pudiera consumarse rindiendo con ello buenas cuentas al gran gigante del norte. Esto es: quien prohijó las condiciones adversas para dar cauce a una oposición que clamó por un cambio estructural, precisamente a la vista de las desviaciones y corruptelas del sector público en manos de un priísmo corruptor, acabó siendo considerado uno de los grandes factores de la evolución democrática por quienes alzaron voces contra la degradación de su gobierno.
Recuerdo, en este contexto, el encuentro que sostuve con una conocida escritora -su nombre me lo guardo por cortesía, nada más-, quien me invitó, a finales de julio de 2000, a suscribir con ella una”carta” para agradecerle a Zedillo su ejercicio en pro de la alternancia. Me negué, claro, rotundamente, con un alegato que no dio lugar a réplica de mi interlocutora: ¿tiene sentido agradecer al derrotado de un encuentro de fútbol por haber dejado ganar al adversario? No se olvide que aquellos comicios, que habilitaron el arribo del señor Fox al Palacio Nacional, fueron un pronunciamiento en contra del estado de cosas, esto es de rechazo a cuanto el señor Zedillo representaba con una tremenda fruición por la simulación extrema y la mentira.
¿O acaso no fue Zedillo, además, el mayor beneficiario del crimen contra Luis Donaldo Colosio? Con esta sombra supo muy bien cubrirse las espaldas para no ser siquiera molestado después de la transición política que no llevó a ni un solo cambio estructural. Las falacias se concatenan. Ahora, el ex mandatario simulador se recrea habilitándole escenarios al señor Fox, su sucesor, en los foros internacionales. Basta una llamadita de la señora Marta para que el señor Ernesto mueva sus piezas en una vergonzosa parodia de intereses sectarios, ya ni siquiera partidistas. Y no dudamos que hará lo mismo con calderón –minúsculas- y su consorte. Poco faltó, en el revuelo de la nueva aristocracia mexicana, para que los Zedillo se unieran a los Fox familiarmente a través de sus vástagos inquietos. Sólo que Ana Cristina y Ernesto optaron por disfrutar de su libertad de juniors del establishment.
¿Por qué no considerar demócrata al señor Fox dada su habilidad para destroncar a los adversarios con el uso de la parafernalia oficial?¿Y a Zedillo por haber renunciado a su militancia, de hecho, para habilitarse como lo que siempre fue, el gran simulador de la historia reciente del país? Quienes piensan así ahora deberían estar festejando al”demócrata” de Venezuela. No dejen solos a los iluminados, por favor.
El Reto
La alianza de Zedillo está más que comprobada. Quien fuera el último de sus secretarios de Gobernación, el oaxaqueño Diódoro Humberto Carrasco Altamirano, ex gobernador priísta de su entidad, es ahora uno de los operadores más activos del PAN y fue diputado federal adscrito a este partido y no a la representación popular. Y no sólo eso: incluso defiende a los de su corral, como Jorge Alcocer, antiguo entenado de Francisco Labastida –antecesor de Carrasco en el Palacio de Bucareli- a quien no pudo instalar en el Consejo general del IFE. ¿No basta con asomarse al balcón de la realidad, sin perder la memoria, para cotejar la fuerza de las alianzas soterradas?
Carrasco, además, presumía de tener una llave para colocar candados entre los periodistas más críticos: estar casado con una sobrina del maestro Julio Scherer. Para mala fortuna de éste además su primogénito fue uno de los baluartes de Manuel Bartlett, uno de los más aviesos políticos del viejo priísmo indefendible. Y no son pocos quienes, por rendir culto al ex director de Excélsior, se acercaron a la sombra de Carrasco, muy generosa por cierto para mantener las tales amistades de circunstancias sellándoles los labios, en plena eclosión de intereses mutuos.
Ahora Diódoro, a quien Porfirio Muñoz Ledo llamaba el”cacique junior”, pues fue heredero de cargo y estatus
–su padre, del mismo nombre, también pasó por la gubernatura oaxaqueña-, es blasón de los panistas que se enorgullecen de pagar facturas al enemigo. Ya veremos que sucede cuando llegue la hora de realizar la primera auditoría política. Dudo mucho que la historia sea benévola.
La Anécdota
Meses después de la asunción del señor Fox a la Primera Magistratura, un gobernador panista, después senador de la República muy gallardo en el debate ideológico –por eso me precio de su cercanía-, me dijo:
–Es mucho lo que le debemos a Zedillo. Gracias a él pudo consumarse la transición sin sobresaltos. Tomó las riendas en el momento preciso.
La sentencia, con la contundencia de quien sabe más de lo que dice, fue confirmación precisa de la alianza soterrada para proteger al personaje aun cuando aparecieran evidencias sobre gravísimas desviaciones administrativas. Mi respuesta a Felipe no pudo ser otra:
–En este país todo se distorsiona. Por eso ahora es un santón del panismo quien antes fue visto por el mismo como el mayor de los demonios. Le bastó traicionar a los suyos para convertirse en héroe de la derecha.
Vamos a ver como acaba esta historia.
























