El asalto a la razón

Bejarano contra Zambrano

Carlos Marín

Primero que nada: el profesor René Bejarano salió exonerado de la cárcel a que lo llevaron los memorables videoescándalos porque no cometió delito alguno y ni un dime de los dólares que se le vio empacar fue a dar a su bolsillo (sino a las campañas del PRD). Su caso atrajo mucha atención, pero mayor habría sido el estruendo si se hubieran atrapado en imágenes y sonido a los Amigos de Fox o el ramplonamente llamado pemexgate.


 

Bejarano, contra todo pronóstico, resurgió en el partido que lo repudió, pero que él a su vez, porque lo encabeza la corriente de Los Chuchos, detesta igual o tanto como su jefe de siempre.

Su confrontación con Martí Batres lo ha frenado para emigrar a Morena, pero no impedido seguir sirviéndole como nadie a un Andrés Manuel López Obrador que jamás ha tenido la decencia de reconocerle públicamente su incondicional apoyo e inmerecida lealtad.

Le sirve como punta de lanza para sabotear al partido que encabeza Jesús Zambrano, a quien pretende reducir a hijo de vecino por suscribir el Pacto por México, arguyendo que lo hizo, simplemente, “a título personal…”

La historia en breve

El “muerto” de Monreal, la “violencia” de Andrés Manuel

Ciro Gómez Leyva

Ya con más distancia, no me gusta la conexión que se hace entre la violencia y el vandalismo del sábado con el movimiento lopezobradorista: desenfrenado en el insulto, pero contenido en los hechos. Si en algo tenía razón Andrés Manuel era en que nunca rompieron un vidrio. Es cierto que uno de los rasgos esenciales del lopezobradorismo es su aptitud para diseminar odio. Y es lógico que quienes salieron a destruir y matar (¿qué esperaban al lanzar así el camión de la basura contra la valla?) profesen el canon del fraude, la imposición, la mafia del poder. Pero culpar a Andrés Manuel por la conducta de un puñado de delincuentes o insurrectos, me parece un salto arriesgado. Al menos mientras no exista un nexo que pruebe la relación.

***

“Serénate, Ciro, serénate”, me dijo en público durante la campaña el coordinador de López Obrador, Ricardo Monreal. Usó la expresión para desacreditar, ridiculizar mis argumentos. Y estaba bien, estaba en lo suyo.

Lo del sábado fue otra historia. Monreal es ahora un servidor público con responsabilidades. Su discurso en San Lázaro, amén de falto de aplomo, fue irresponsable. Descalificó, calumnió, insultó. Y mintió al reforzar la diatriba con la condena al “primer muerto” en la era Peña Nieto.

Nadie había muerto cuando lo dijo. Me quedo con la duda si mintió sabiendo que mentía, si fue muy irresponsable al no confirmar una información tan delicada, o si sus asesores lo mandaron a hacer el ridículo con datos falsos. Como sea, está a tiempo de disculparse, clara e incontrovertiblemente, por la vergonzosa expresión del “muerto”. Al menos yo (y creo que muchos también), me daría por satisfecho con eso. Con una disculpa. Clara.

 

Trascendió

 

:Que, coincidencia, ayer la plana mayor de Los Chuchos Jesús Zambrano, Jesús Ortega, Carlos Navarrete, Miguel Barbosa y Miguel Alonso Raya comían en El Asado Argentino de la colonia Juárez, cuando llegaron los ebrardistas Mario Delgado y Vidal Llerenas.

Dicen que eran reuniones diferentes, pero al final se juntaron y acordaron ir con todo contra René Bejarano, defender la firma del Pacto por México con Enrique Peña Nieto y pelear la presidencia del PRD capitalino para el diputado Llerenas.

¡Sopas (con asado de tira)!

:Que en el Partido Nueva Alianza llevan tres días echando chispas.

Y es que, a pesar de que Mónica Arriola se reunió con Peña Nieto el 5 de noviembre para reiterarle su respeto, el Panal no fue tomado en cuenta como partido para firmar el Pacto por México, y ni al evento de la firma los invitaron.

:Que en Veracruz cayó de perlas la incorporación de Fernando Aportela Rodríguez como subsecretario de Hacienda. Y es que este egresado del ITAM es gente cercana al gobernador Javier Duarte y formó parte de su equipo como subsecretario de Finanzas.

:Que hoy se sabrá el rango de independencia de Miguel Ángel Mancera como jefe de Gobierno del Distrito Federal en cuanto dé a conocer su gabinete. Y es que René Bejarano quiere cinco secretarías, Los Chuchos tres y PT y Movimiento Ciudadano una cada partido.

Bueno, en el círculo cercano del inminente mandamás de la capital se asegura que hasta Marcelo Ebrard quiere la de Turismo para su esposa, Rosalinda Bueso; el Metro para su operador de grandes contratos Enrique Gómez y Orozco y la televisora del DF para Marcela Gómez Zalce.

:Que de nueva cuenta, como sucedió durante la campaña y el 1 de julio, MILENIO Televisión obtuvo, y por mucho, el rating más alto entre las televisoras de paga el pasado sábado.

Las diferencias con otras señales de noticias de la televisión de paga llegaron a ser en algunos momentos de 15 y hasta 20 a uno. Una vez más, a la hora de la verdad, cuando la gente quiere informarse, enciende MILENIO Televisión.

 

En Privado

Nada volvió a ser igual

Joaquín López-Dóriga

 

Se pueden deslindar de todos, menos de ellos mismos. Florestán

Del fin de los gobiernos panistas, inicio de la segunda alternancia del siglo XX y arranque del nuevo gobierno encabezado por el priista Enrique Peña Nieto, quiero apuntar algunas diferencias que crecen si se hace el comparativo con la toma de posesión de sus antecesores, panistas ambos, Vicente Fox, en 2000, y, sobre todo, Felipe Calderón, en 2006.

1. La recuperación de la normalidad en el Palacio de San Lázaro como escenario de la toma de protesta, tras los hechos violentos de hace seis años y el regreso del jefe del Ejecutivo por la puerta principal, después de 12.

2. A falta de espacio en el Congreso para el mensaje inaugural, hacerlo en Palacio Nacional, cuando sus antecesores recurrieron al Auditorio Nacional.

3. Los 13 puntos que destacó Peña Nieto como metas de gobierno, siendo el más reconocido el de la reforma educativa, que toca los intereses directos de Elba Esther Gordillo, allí presente, y enseguida, seguridad y telecomunicaciones.

4. Los disturbios de grupos autoidentificados como anarquistas, violencia, vandalismo y saqueo como no se había visto en la Ciudad de México y que asumió plenamente Marcelo Ebrard.

5. La firma del Pacto por México que en el segundo día de gobierno de Peña Nieto sentó a la misma mesa y con una agenda común, a los dirigentes de sus dos principales partidos opositores: Gustavo Madero, del PAN, y Jesús Zambrano, del PRD. En el caso de este último, la firma del acuerdo provocó una escisión en el PRD, en la que el grupo dominante, dentro de la izquierda se corre al centro, y el de la mancuerna siempre negada, López Obrador-Bejarano, se corren al extremo por razones diferentes: uno por su proyecto presidencial en 2018, y el otro por el poder, y recursos, que le da ser la fuerza del PRD y dominante en el Distrito Federal.

Lo único que se repite seis años después es un Andrés Manuel López Obrador disminuido, como lo dejó ver con su convocatoria en el Ángel, donde habló ante tres mil personas, hace seis años lo hacía ante cientos de miles, pero presente.

RETALES

1. FORMAS. Miguel Ángel Mancera, 74 por ciento de reconocimiento, también va por las formas. Tras asumir como jefe de Gobierno, mañana, dará a conocer a su gabinete y le tomará protesta en el viejo Palacio del Ayuntamiento. Arrecian las autopromociones de quienes aseguran quedarse y están fuera;

2. SALIDA. Un nombramiento clave de Mancera será el del contralor de gobierno, nombre que mandará una señal clave para el saliente; y

3. SUYO. El presidente Peña Nieto revisaba anoche la lista de los integrantes de posiciones clave en el gabinete ampliado, donde hasta ahora solo ha resuelto Pemex y CFE. Los demás saldrán poco a poco.

Nos vemos mañana, pero en privado.

 

Interludio

Y esos mil millones, ¿quién los va a pagar?

Román Revueltas Retes

 

En los restaurantes saqueados y las tiendas quemadas trabajan personas que se ganan la vida, allí mismo, todos los días. Si cierran los changarros, así fuere por una semana, esa gente deja de recibir su paga. Las compañías aseguradoras, además, no suelen indemnizar a los propietarios cuando los daños se deben a motines y algaradas.

Porque, según parece, una cosa es un devastador fenómeno natural imprevisible y otra muy diferente —que no merece indemnización alguna ni reparación— sería la deliberada destrucción de locales perpetrada por vándalos azuzados, encima, por el discurso revanchista de ese “sembrador de odios” del que hablaba mi amigo Luis González de Alba en su columna de ayer.

Pero ¿por qué debe un comerciante sacar la plata de su bolsillo para reconstruir su negocio cuando el derribamiento ocurrió en las narices mismas de unos agentes de la fuerza pública que, miren ustedes, se limitaron a alzar sus escudos para que los proyectiles lanzados por los vándalos no les rompieran la crisma?

¿El deber de estos antedichos elementos no es acaso proteger a los ciudadanos indefensos, salvaguardar sus bienes y preservar el orden público? Y, entonces, ¿no estamos hablandode una suerte de pecado de omisión gravísimo, de un flagrante incumplimiento de responsabilidades y de una falta administrativa perfectamente sancionable? Por lo tanto, ¿no deben las autoridades de la capital resarcir los daños a los damnificados y, en caso de no hacerlo prontamente, no podrían los afectados entablar acciones legales para obtener debida reparación?

Las pérdidas, dicen algunas organizaciones de comerciantes de Ciudad de México, alcanzan los mil millones de pesos. No es poca cosa. Dejemos que las autoridades capitalinas reparen los daños al mobiliario urbano y reconstruyan esa alameda tan recientemente remozada como prontamente arrasada. Sin embargo, visto que ese gobierno local decidió intencionadamente no proteger el patrimonio de sus ciudadanos, pues le toca también pagar todo los demás. Mínimo…

Juegos de Poder

Primeras señales de Peña: II. Reforma energética diminuta

Leo Zuckermann

EXCÉLSIOR

Aunque la economía de México va bien, la inversión extranjera directa durante el periodo julio-septiembre de este año fue la menor desde 2003: 13 mil millones de dólares. El problema es que no hay muchas oportunidades de inversión en nuestro país porque varios sectores de la economía, de los más dinámicos, están cerrados. Son controlados por un monopolio público, como Pemex en el energético, o por empresas privadas dominantes, como America Móvil en el de telecomunicaciones. Los capitales están esperando qué piensa hacer el nuevo gobierno de Peña para abrir oportunidades de inversión en estos sectores. Lo que causa más interés es una posible reforma energética, pero la primera señal que ha enviado el Presidente es que será diminuta.

El sábado, Primeras señales de Peña: II. Reforma energética diminuta se comprometió a “lograr consensos para impulsar, en su momento, una reforma energética”. Su secretario de Hacienda, Luis Videgaray, dijo que esto ocurrirá el año que entra. Ahora bien, el Pacto por México, que firmaron el domingo el gobierno federal y los tres principales partidos políticos del país (PRI, PAN y PRD), contiene cinco compromisos sobre este tema. El más importante es el número 54: “Se mantendrá en manos de la nación, a través del Estado, la propiedad y el control de los hidrocarburos y la propiedad de Pemex como empresa pública. En todos los casos, la nación recibirá la totalidad de la producción de hidrocarburos”. Adiós, entonces, a la posibilidad de los contratos de riesgo donde se puedan compartir las posibles ganancias con negocios privados en la exploración y explotación de proyectos complejos en aguas profundas. Adiós, también, a la posibilidad de que los capitales privados participen en los nuevos mercados de hidrocarburos que se extraen del shell-oil y shell-gas.

El Compromiso 55 del Pacto habla de reformas a Pemex: “que se conserve como propiedad del Estado pero que tenga la capacidad de competir en la industria hasta convertirse en una empresa de clase mundial. Para ello, será necesario dotarla de las reglas de gobierno corporativo y de transparencia que se exigirían a una empresa productiva de su importancia”. Esto cierra la posibilidad de que capitales privados, a través de una colocación en bolsa, puedan invertir en la empresa petrolera tal como sucede, por ejemplo, con Petrobras. Y mientras Pemex siga siendo una empresa 100% pública, los incentivos no cambiarán y por tanto no podrá convertirse en una corporación de clase mundial.

El nuevo gobierno, sin embargo, cree que es posible una mayor eficiencia y transparencia de Pemex sujetándola a otra instancia burocrática. Es el Compromiso 58: “Se reformarán las leyes reglamentarias para ampliar las facultades y fortalecer al Órgano Regulador, es decir, a la Comisión Nacional de Hidrocarburos, e incluir obligaciones que permitan someter a Pemex a las exigencias de eficiencia y transparencia que enfrentan las empresas petroleras del mundo”. Ya parece que el monstruo que es Pemex va a dejar regularse por una comisión. Que le pregunten a la Secretaría de Energía qué tanto ha podido intervenir todos estos años para lograr que opere mejor la paraestatal.

El Compromiso 56 es tan ambiguo que no dice nada: “Se ampliará la capacidad de ejecución de la industria de exploración y producción de hidrocarburos mediante una reforma energética para maximizar la renta petrolera para el Estado mexicano”.

Finalmente está el 57: “Se realizarán las reformas necesarias para crear un entorno de competencia en los procesos económicos de refinación, petroquímica y transporte de hidrocarburos, sin privatizar las instalaciones de Pemex”. Al parecer el nuevo gobierno y los tres principales partidos están de acuerdo con que entren los privados a los negocios menos rentables de la cadena productiva del petróleo.

Es el problema de tratar de lograr un consenso en un tema que requiere grandes definiciones y cambios. Como Peña quiere que lo apoye tanto la derecha como la izquierda, lo que queda es una reforma energética deslavada que sólo abre una mínima parte del negocio. Se trata de una reformita que con toda seguridad decepcionará a los inversionistas privados, nacionales y extranjeros, que están esperando algo más grande. Además le dará armas a los monopolios y oligopolios privados en otros sectores para defenderse de una apertura obligada desde el gobierno. Con toda razón le reclamarán a Peña por qué sólo quiere competencia en el sector privado y no en el público. Y es que la primera señal que está enviando el Presidente es la de “hágase la competencia sólo en los bueyes de mis compadres privados”.

 

Razones

Leyendo a Peña sin distorsiones

Jorge Fernández Menéndez

EXCÉLSIOR

El inicio de la administración de Peña Nieto se dio con un ritmo de vértigo. La toma de protesta, a pesar de los desmanes de grupos de provocadores cuyo liderazgo real va bastante más allá de desconocidos grupos anarquistas, fue una ceremonia que volvió a acercarse a la formalidad necesaria en este tipo de actos protocolarios; el discurso en Palacio Nacional estuvo en la letra marcado por lo programático, pero en las formas y la asistencia, poblado de señales. Un día después, la firma del Pacto por México terminó de otorgar un espacio real a los programas y de establecer las bases con miras a  lograr mayorías legislativas para los mismos.

Quizás ha habido tanto que se han leído mal algunas señales. La primera es la claridad con que el gobierno ha decidido no buscar confrontaciones gratuitas, al contrario, ha trabajado intensamente para buscar acuerdos. Si el líder del PRD, Jesús Zambrano, tenía dudas sobre la firma del Pacto por la oposición interna en el PRD, la violencia impulsada por grupos radicales, muchos de ellos relacionados con el Morena (los grupos anarquistas no pagan 300 pesos para manifestarse, no pintan consignas recordando a Marx ni entre ellos se puede ver nada menos que a Ignacio del Valle), y el contenido tanto del discurso de Peña como el del Pacto, lo llevaron a firmarlo y, a partir de ahí, establecer su línea para dar la lucha a los grupos internos más radicales, que se confrontarán en dos semanas en la reunión nacional del partido. Según Zambrano, el desplegado de apoyo que recibió el líder perredista y la buena recepción ciudadana al Pacto y los acuerdos, lo llevaron a asumir la confrontación. Puede ser, ojalá lo sea, el momento de las definiciones en el PRD.

Otro capítulo que se ha leído mal es el de las confrontaciones. Peña no se ha planteado una confrontación ni con los grandes medios de comunicación ni con las empresas por los regímenes especiales ni tampoco con Elba Esther Gordillo y el SNTE. Concesionar dos cadenas de televisión era algo que ya estaba “descontado”; todo mundo se ha preparado para ello e incluso ya se había anunciado durante la administración de Calderón: el punto es ver cómo se concesionarán y como quedará todo el andamiaje de ese estratégico sector, comenzando por la digitalización y la apertura de otros sectores, más allá de la televisión, como la telefonía y las redes.

Todas las grandes empresas son conscientes de que se acabarán los regímenes especiales; el punto es saber cómo, de qué manera y cómo se engarzará eso con el resto de la reforma hacendaria. Acabar con todos los regímenes especiales y no establecer mecanismos claros que disminuyan la carga del ISR y el IETU, y sin simplificar el sistema en general, no tendrá resultados.

En el caso del magisterio, me asombra el equívoco en que han caído muchos analistas que creo que están expresando más sus deseos que leyendo la realidad: el SNTE y, por ende, Elba Esther Gordillo, están a favor de la carrera magisterial y, por lo tanto, de los mecanismos que propone Peña para erradicar las plazas hereditarias, su venta y ocupación por personas no preparadas. El último congreso del SNTE fue bastante explícito al respecto. El que mantiene todos esos mecanismos es la Coordinadora, sobre todo en Michoacán y Oaxaca; también Guerrero y parte de Chiapas. Subsisten en algunas otras partes, pero Peña no tendrá problemas en el apoyo del sindicato en esos temas. La relación personal de Emilio Chuayffet con Elba Esther sí ha sido mala en muchas oportunidades pero, como se ha dicho, los dos son políticos profesionales y deberán ponerse de acuerdo. El argumento de que a Gordillo la castigará el nuevo gobierno por ser aliada de Felipe Calderón es ridículo: la relación de Gordillo y el presidente Peña es particularmente buena y Nueva Alianza es uno de los aliados firmes del PRI en el Congreso. No descarte incluso que Gabriel Quadri se integre al equipo de Peña.

Lo que sucede es que algunos leen muy mal los escenarios reales: lo que hizo Peña con estas medidas, en los tres ámbitos, es ir poniendo diques con grupos muy poderosos que le sirven, a su vez, como espacios de negociación con ellos. Pero no está planteando un ataque, salvo que no haya reciprocidad, en contra de ninguno de ellos.

En otras palabras, la administración de Peña Nieto utiliza un mecanismo que ha sido más que tradicional en la vida del priismo: ofrecer una mano a amigos y aliados para encontrar puntos comunes de avance (que puede incluir la designación de integrantes de otros partidos sobre todo en el gabinete ampliado) y desechar (y castigar políticamente) a quienes intenten chantajearlos o provocarlos. Nadie inventa el hilo negro en estos temas: la diferencia es que hay que saber hacerlo políticamente permitiendo crecer a los primeros y aislando a los segundos.

 

Frentes Políticos

EXCÉLSIOR

I. Las buenas noticias. Uno de los rubros más importantes es el económico. Y ahí ya se mueve Luis Videgaray Caso, el nuevo secretario de Hacienda y Crédito Público, quien presentó a su posible equipo. Como subsecretario propuso al veracruzano Fernando Aportela Rodríguez, hombre cercano al gobernador Javier Duarte de Ochoa; en Ingresos, a Miguel Messmacher; en Egresos a Fernando Galindo; en el Servicio de Administración Tributaria a Aristóteles Núñez, y en la Procuraduría Fiscal a Javier Laynez, quien desempeñó esa función con Felipe Calderón. El Senado tendrá que ratificarlos. Lo mejor: se buscará a toda costa el déficit cero en el próximo Presupuesto y no habrá nuevos impuestos. Aunque los recelosos no lo crean.

II. Lo primordial. Son puntos que deben atenderse de inmediato y de necesaria hechura: las reformas fiscal y energética. Y es que sólo promulgándolas tendrían camino libre los proyectos anunciados por el presidente Peña Nieto en su toma de posesión. Lo requerido son recursos que sólo podrán multiplicarse si el gobierno abre las puertas del capital privado a Pemex y pone en marcha una auténtica reforma fiscal que no termine en miscelánea. La dupla Luis VidegarayEmilio Lozoya lleva mano en esas dos reformas. Amigos de mucho tiempo, se entienden a la perfección: como jugadores de tenis en una final de dobles. En ese sentido se moverán en la cancha. Comprendiendo hasta los silencios.

III. El señor de la noche. Andrés Manuel López Obrador se negó a aceptar el Pacto por México y lo llamó “de la deshonra”. En su cuenta de Twitter, puso que “son tan predecibles o cínicos los de la mafia del poder que, en menos de 72 horas, con halcones en Gobernación, propaganda hitleriana en los medios de manipulación y comprando lealtades a diestra y siniestra, crearon la atmósfera opresiva que, piensan, les ayudará a mantener el régimen de corrupción y privilegios”. A sus seguidores, el ex candidato les pidió evitar la provocación e instó a que “pacíficamente prosigamos avivando conciencias adormecidas y organizando a los ciudadanos”. Sí, mueve a risa, pero lo dice en serio.

IV. Las últimas horas de Marcelo Ebrard no pudieron ser más amargas. Al cumplirse el último minuto del día dejará, como reconoció, una ciudad indignada. Es verdad. Los capitalinos están indignados, pero por su actuación del sábado. La ciudad de las libertades fue rehén, otra vez, de grupos vandálicos que operan en  el anonimato. La anarquía no provino de los provocadores, se generó por la no acción de las autoridades que deben, por mandato, velar por la seguridad de los capitalinos y sus bienes. Ricardo Navarro Benítez, presidente de la Cámara de Comercio, Servicios y Turismo de la Ciudad de México, reportó daños por más de mil millones de pesos. En el GDF ven las cuentas exageradas, abultadas. Que los daños sólo ascendieron a 25 millones de pesos. La luz se apagó.

V. El presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Juan Silva Meza, impuso ayer la toga magisterial a Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena y a Alberto Pérez Dayán, que los identifica como ministros de la SCJN y deberán portarla en las audiencias del pleno, en las salas del alto tribunal y en actos solemnes. Gutiérrez Ortiz Mena sustituirá a Guillermo Ortiz Mayagoitia en la Primera Sala, que revisa los temas penales y civiles. Los dos nuevos integrantes ocuparán su cargo los próximos 15 años. Una Corte fuerte debe ser una Corte prudente, responsable y deferente con la acción política. Lo será, con la presencia de Gutiérrez Ortiz Mena. Ni lo dude.

VI. De cuando el futbol y la política se funden. Rosario Robles, la nueva secretaria de Desarrollo Social, comió el domingo con José Antonio García, presidente del club Atlante, en un restaurante asiático en la colonia Del Valle. Se les vio animadísimos. Sabedores de que la ex jefa de Gobierno del DF rindió protesta la víspera en Palacio Nacional, algunos de los comensales concluyeron que los Potros de Hierro andan tan mal, que no sería extraño que los incluyeran en algún programa contra la pobreza… futbolística.

Ventana

El recuento de los daños

José Cárdenas

EXCÉLSIOR

Fotos y videos de los destrozos provocados por los 300 y algunos más furiosos inconformes indignan… lastiman… avergüenzan…

El vandalismo se robó la nota del cambio de poder.

Los anarquistas, pagados para quemar el mantel de la fiesta inaugural del gobierno peñanietista, ganaron más atención.

Fotos y videos de los destrozos provocados por los 300 y algunos más furiosos inconformes por el arribo de Enrique Peña Nieto indignan… lastiman… avergüenzan…

Comerciantes valúan sus pérdidas en más de mil millones —sólo 25, estima el delegado en Cuauhtémoc—.

De la turba iracunda quedan polvos. Medio centenar de detenidos confesos de haber recibido dinero para reventar la fecha.

Violencia dirigida para atentar contra las instituciones, reclama el encargado de la seguridad pública nacional, Manuel Mondragón… violencia inaceptable, como haya sido.

Ni el observador más ignorante se traga la zanahoria de la imposición de aquél quien, según ellos, compró la Presidencia.

Tienen razón los cursis. Con Peña Nieto no sólo comienza otro sexenio… también una nueva etapa histórica a la cual el Presidente llega pisando fuerte… arropado por un equipo destacado por profesionales de vasta experiencia profesional, administrativa… y otros, legislativa.

Pero también atina quien vea al gabinete como la oportunidad del mandatario para pagar favores y alianzas.

En este país vale pensar diferente… pero pensar.

Como sea, todo arranca —vandalismos aparte— con un Pacto por México asumido por las tres mayores fuerzas. No elimina la competencia y las diferencias. “Será una lucha contra los poderes que constituyen un obstáculo para el desarrollo nacional”, defiende el secretario de Gobernación.

“Ha llegado el momento del encuentro y el acuerdo, el transitar del sufragio efectivo al gobierno eficaz”, anuncia Peña Nieto. Habla de un blindaje ante cualquier coyuntura… de fortalecer el Estado, democratizar la economía y una aplicación eficaz de los derechos sociales.

El Pacto por México contempla cinco acuerdos: Sociedad de Derechos y Libertad, Crecimiento Económico, Empleo y Competitividad, Seguridad y Justicia, Transparencia, Rendición de Cuentas y Combate a la Corrupción y Gobernabilidad Democrática.

La agenda del nuevo sexenio está marcada… aunque cojee de la pierna izquierda.

Es difícil saber si los compromisos del presidente Peña Nieto se van a cumplir —ojalá, por el bien de México—. Pero si al gobierno hubiesen arribado los patrones de la beligerancia irracional —dirigida por la ideología del sabotaje— no se lograría nada.

–¿Por qué se entercan los vándalos en robar el apremio de la esperanza?

MONJE LOCO: Lastima una izquierda hipócrita y cínica, cuando hace falta equilibrio. ¿Sólo hay democracia cuando ellos ganan y lo contrario es fraude? ¿Bloquear calles es libertad de manifestación e impedirlo es represión? ¿Si ellos regalan dinero a la gente es “ayuda social” y si lo hacen otros es compra de votos? ¿Por qué la izquierda calla cuando se divulgan pagos —de a 300 por cabeza— a los anarquistas del sábado? Y todavía preguntan: ¿De qué tiene miedo, señor Presidente, si somos estudiantes, no maleantes?

 

Itinerario Político

Marcelo: culpa imperdonable

 

Ricardo Alemán

EL UNIVERSAL

Para muchos, es “políticamente incorrecto” cuestionar a Marcelo Ebrard por su deficiente desempeño en los disturbios del pasado sábado, sobre todo a horas del fin de su gestión y cuando muchos otros creen que es un gobernante modelo.

Sin embargo, si vivimos o aspiramos a vivir en una democracia de verdad, no puede pasar por alto que Marcelo Ebrard incurrió no sólo en una imperdonable indolencia al no hacer caso a los muchos indicios de la violencia que se desataría contra la capital del país con motivo de la toma de posesión de Enrique Peña Nieto, sino que fue incapaz de cuidar a la ciudad y a sus habitantes, como manda su responsabilidad.

Más aún, resulta criminal que Marcelo desconozca o diga desconocer el origen de tal violencia y –sobre todo– los vínculos políticos de la mano que mueve la cuna. Y es que hoy se sabe, por ejemplo –según reportes de “El Universal”–, que los días previos al ataque orquestado, los vándalos organizaron los ataques a través de distintas redes sociales, y que esa información estuvo a la mano de los responsables de la inteligencia capitalina.

Pero no es todo. Resulta reprobable que a sabiendas de que se cometerían actos como los que vimos el sábado –y del nivel de violencia, provocación y desestabilización–, Marcelo se haya atrevido a censurar el cerco ordenado por el Estado Mayor Presidencial al Palacio Legislativo.

Y es que queda claro que cuando los especialistas de la seguridad del presidente Peña Nieto ordenaron un cerco del tamaño del que se instaló en un primer momento en San Lázaro, era porque sabían lo que venía. Lo cierto es que Marcelo debió tener la misma información. Y si no la tenía, debió preguntar.

Pero no, Marcelo Ebrard se aventó la puntada chabacana –en medio de la más cuestionable irresponsabilidad– de censurar el cerco en torno a San Lázaro, en lugar de entender las razones de ese aparente exceso y de prevenir un potencial ataque a la ciudad. Un ataque que a la vista de todos fue orquestado, pagado y tiene un claro origen político y mediático.

Pero no, en lugar de asumir su responsabilidad frente a los grupos violentos que todos en el Gobierno federal conocían, Marcelo dejó hacer y dejó pasar –como lo hizo a lo largo de toda su gestión–, y sólo reaccionó hasta que vio y entendió el tamaño del problema; cuando le estalló en el rostro. Y claro, ya frente al niño ahogado, salió con la grosera respuesta de que aplicaría la justicia y no permitiría los ataques a la ciudad, a tres días de dejar el cargo.

Pero no es nueva la indolencia mostrada por Marcelo al frente de su responsabilidad oficial. No, igual ocurrió en la tragedia de San Juan Ixtayoapan, Tláhuac, el 23 de noviembre de 2008, en donde comuneros lincharon a policías sin que intervinieran a tiempo los muchachos de Marcelo, que era secretario de Seguridad Pública del gobierno de AMLO. Algo similar ocurrió el 20 de junio de 2008 en el News Divine –ya en el gobierno de Marcelo–, en donde murieron una docena de jóvenes por un operativo policiaco mal realizado.

Sin embargo, el problema es más de fondo. ¿Por qué? Porque es político. Y es que no se debe olvidar que a lo largo de su sexenio, Marcelo utilizó la fuerza pública con fines políticos. Sí, igual que por décadas lo hizo el viejo PRI. Resulta que los grupos políticos amigos de Marcelo y de su jefe, AMLO –como Atenco, el SME, la CENTE, el #132, los Panchos Villa y otros–, hicieron y deshicieron en la ciudad, en el Zócalo, en la Alameda, el Monumento a la Revolución y en otras plazas públicas.

Es memorable –por agresivo e impune– el vandalismo del SME, la CENTE y el #132, a los que se les toleró incendiar inmuebles, autos, destruir mobiliario urbano y atentar contra instalaciones estrategias, públicas y privadas, además de adueñarse del Zócalo y el Monumento a la Revolución. Entonces nada hacía la Policía, pero no fueran bomberos en protesta, trabajadores de Mexicana o encuerados de Los 400 Pueblos, porque eran reprimidos a palos.

Hoy los vándalos eran los mismos amigos de Marcelo. La diferencia es que no le avisaron ni el tamaño del vandalismo, ni los objetivos. Y claro, Marcelo salió a engañar a los ciudadanos. ¿Por qué? Porque sabe bien que detrás del ataque a la ciudad, están los grupos de Atenco, SME, #132, y los vividores de la UACM. ¿Y por qué no le avisaron? Porque ya rompieron AMLO y Marcelo. Y mientras todos pagamos. Al tiempo.

EN EL CAMINO. Por cierto, Marcelo no ha explicado el negocio publicitario GDF-Clear Channel y con la empresa “Cinco M Dos”, la venta de una sección del Bosque de Chapultepec y el escándalo del dictador Heydar Aliyev. Entre muchos otros pendientes.

Horizonte Político

Si hay imposición, habrá… ¿revolución?

José Antonio Crespo

EL UNIVERSAL

Resulta fundamental saber qué grupos o corrientes planearon  y protagonizaron los actos de violencia y vandalismo del sábado. Hay varias versiones y no puede imputarse de manera infundada y precipitada la responsabilidad a nadie. El hecho suscita varias reflexiones:

1) Se habla nuevamente de represión gubernamental y abuso de autoridad (tanto de la Policía Federal como de la capitalina). En efecto, en México no hemos acertado a encontrar el equilibrio entre los extremos; o bien se deja que los manifestantes afecten impunemente derechos e intereses de terceros, y violen alegremente la ley sin que la autoridad meta las manos, o bien las fuerzas de seguridad incurren en excesos y violación a derechos humanos de los inconformes. El equilibrio supone aplicar la fuerza pública cuando haya transgresión a la ley, pero respetando los derechos humanos de los infractores. En esto, es clave el principio de “proporcionalidad”. No es lo mismo golpear a quien está rendido  e indefenso, que defenderse de quien agrede a los agentes.

2) La violencia afecta a indirectamente a la izquierda, pues se dio en el marco de las protestas y movilizaciones convocadas por quienes consideran que hubo una imposición de Peña Nieto. La asociación es inevitable. Pero también ensucia al gobierno, pues más le convenía que la prensa nacional e internacional destacara las propuestas de Peña, y no las imágenes de disturbios.

3) No puede imputarse una responsabilidad directa por la violencia a los partidos de izquierda. Los vándalos no parecen provenir del PRD (o sus aliados) ni de Morena. López Obrador ha insistido en que la violencia no puede ser recurso legítimo. Pero sí hay alguna responsabilidad indirecta, y un costo político derivado. Recordemos que  Jesús Zambrano (que condenó el vandalismo enérgicamente) y otros dirigentes de la izquierda hablaban de que si el Tribunal Electoral validaba el triunfo de Peña habría fuertes disturbios (como los del sábado, suponemos). Pueden alegar que eso no era una amenaza, sino mera advertencia sobre el comportamiento de grupos que no controlan. Pero su advertencia bien podría tomarse por grupos violentos y “revolucionarios” (que sabemos existen) como la línea a seguir, una especie de autorización o convocatoria para acciones de este tipo.

4)   El movimiento #Yo soy 132 se apresuró también a deslindarse. Pero ese es el problema de un  movimiento sin organicidad: no hay voceros oficiales, los líderes se desconocen mutuamente, no se sabe quiénes son miembros y quiénes no, y se acepta la alianza indiscriminada de grupos y movimientos de todo tipo. Si éstos incurren en excesos, no habrá posibilidad de deslinde total. El movimiento estudiantil se cansó de corear durante meses “Si hay imposición habrá revolución” (en el recinto legislativo también había mantas con esa proclama entre algunos legisladores de izquierda). ¿Lo de la revolución era broma, algo que no había que tomar en serio? Pues resulta que, por si no lo sabían, hay grupos que sí se lo toman literalmente. Mejor cuidar las palabras, las proclamas, definiciones y estrategias, pues si surgen grupos que las sigan puntualmente, no será tan fácil simplemente deslindarse y ya.

5)   El arreglo de la democracia electoral concede importancia a la aceptación de un resultado desfavorable de quienes, habiendo aceptado las reglas y los árbitros, resultaron perdedores, pues justo el desconocimiento del veredicto abre la puerta a expresiones de inestabilidad y eventual violencia.

El grado y efectos de esas acciones dependen de la fuerza institucional de cada país. Pero los grupos y ciudadanos inconformes con la derrota de su candidato pueden más fácilmente sucumbir a la tentación de confrontar al Estado con actos ilegales y violentos, si su candidato y líder desconoce el resultado. Cuando en las democracias maduras quienes pierden  aceptan el resultado, (incluso ante evidencias de irregularidades determinantes en el resultado o fuerte inequidad) lo hacen pensando en la estabilidad, la paz social, la reconciliación y la futura eficacia de la democracia como mecanismo para dirimir pacíficamente la pugna por el poder.

Al menos eso es lo que afirman, y saben por qué lo hacen.  Y es que hay responsabilidad política no sólo en lo que se hace, sino en lo que se dice; las declaraciones de altos dirigentes y candidatos sí tienen efectos sobre sus seguidores, simpatizantes y grupos afines, incluyendo a los extremistas. Más vale no jugar al aprendiz de brujo y desatar fuerzas que luego no se pueden controlar.

Jaque Mate

¿Y el dinero?

Sergio Sarmiento

ZOCALO SALTILLO

¿Quién podría negarse a la lluvia de promesas generosas que hemos escuchado o leído en las primeras 72 horas del gobierno de Enrique Peña Nieto? Vea usted una lista parcial de lo que contiene el llamado Pacto por México:

Seguridad social universal, acceso universal a los servicios de salud, pensión universal para mayores de 65 años, seguro de desempleo, programa nacional de becas para educación media superior y universitaria, escuelas de tiempo completo, computadoras portátiles con conectividad para quinto y sexto de primaria, seguro de vida para jefas y jefes de familia, cobertura de 80 por ciento en educación media superior y 40 por ciento en educación superior, aumentos al número de becas a creadores.

Reparación de daños de víctimas de violaciones de derechos humanos, derecho a la banda ancha, inversión del 1 por ciento del PIB en ciencia y tecnología, reducción de la dependencia de combustibles fósiles, aumento en la exploración y producción de hidrocarburos, ampliación del crédito de la banca de desarrollo, más préstamos y más baratos de banca, pagos por servicios ambientales (por ejemplo, cuidado de bosques), reforma de los cuerpos de policías, implantación en todo el país del sistema de justicia acusatorio y oral, aplicación de un solo código penal y de procedimientos penales en todo el país, eliminación del hacinamiento en las cárceles.

El pacto es sumamente ambicioso. Se le pueden poner pocos peros a sus objetivos sustantivos. Por eso se logró que fuera firmado por los presidentes de los tres grandes partidos.

¿La gran pregunta es de dónde saldrá el dinero para financiar todas estas medidas, especialmente cuando el Presidente ha prometido establecer un objetivo de déficit cero en el presupuesto federal.

El propio pacto establece que para el logro de los compromisos es necesario “fortalecer la capacidad recaudatoria del Estado”. Entre las propuestas para lograrlo se cuentan algunas que escuchamos cada sexenio, como mejorar la eficiencia recaudatoria, la simplificación en el pago de impuestos, la ampliación de la base de contribuyentes, el impulso al cobro del impuesto predial y la mejoría en la eficiencia y transparencia del gasto público.

El meollo, sin embargo, radica en la eliminación de los privilegios fiscales, especialmente en el régimen de consolidación fiscal y en el combate a la economía informal, así como en la revisión de los subsidios. Habrá, sin embargo, costos importantes en cada uno de estos propósitos. Modificar el trato fiscal a la consolidación generará un enfrentamiento con las grandes empresas. Reducir la economía informal provocará un conflicto con grupos de poder que están habituados a bloquear calles y carreteras. La revisión de los subsidios generará los enfrentamientos más complejos. Los grandes agricultores que se benefician del Procampo afirmarán que sin éste no podrán competir. Si se elimina el mayor subsidio de todos, el de los combustibles, que tiene un costo de cerca de 200 mil millones de pesos al año y que beneficia abrumadoramente a los más ricos, podría haber un riesgo a la estabilidad del régimen.

El presidente Peña Nieto dijo el 1º de diciembre que tiene 2,191 días para cumplir con los ambiciosos compromisos. No será fácil. Si no se incrementa de manera significativa la recaudación, sin dañar la inversión, y no se racionaliza el gasto público, dedicando los subsidios a quienes los necesitan y no a quienes consumen más gasolina, no habrá forma de cumplir ni siquiera una parte. Hoy sólo quedan 2,188 días para lograrlo.

300 PESOS

El que algunos de los detenidos por los hechos violentos del 1º de diciembre hayan declarado que recibieron 300 pesos para realizar destrozos parece comprobar la idea de Marcelo Ebrard de que alguien planeó todo.

Cristalazo

La violencia y sus orígenes

Rafael Cardona

CRÓNICA

Los actores de este extenso acto de sabotaje urbano utilizaron técnicas de guerrilla pero con una variable: casi nunca hallan los combatientes callejeros respaldos institucionales desde el Congreso. Quien justifica los fines y condena a medias los medios, juega un juego peligroso.

Tras los acontecimientos de vandalismo y barbarie, como los llamó el jefe de Gobierno del DF, Marcelo Ebrard, quien ahora padece tardíamente accesos de sensatez en la observación de ese capítulo tan frecuente en el discurso en torno a las “protestas sociales”.

Una provocación orquestada, preparada, montada y entrenada por quien lo pueda hacer en una acción de comando cuyo objetivo fue un símbolo urbano, la Alameda Central, símbolo escenográfico de la recuperación de los espacios públicos ensayada con relativo éxito por el mejor alcalde del mundo.

Los actores de este extenso acto de sabotaje urbano utilizaron técnicas de guerrilla pero con una variable: casi nunca hallan los combatientes callejeros respaldos institucionales desde el Congreso. Su condición clandestina los obliga a operar sin redes de protección. Es decir; no tienen medios a su alcance ni quien públicamente meta las manos por ellos.

Aquí ha sido lo contrario. Ante los tímidos deslindes casi nunca acompañados por condenas reales a los actos cometidos y de los cuales se dicen ajenos, los movimientos sociales estilo “132” (para abreviar su definición colectiva), comparten las motivaciones pero difieren de los procedimientos, lo cual es una bonita forma de hacer el juego. Quien justifica los fines y condena a medias los medios, juega un juego peligroso.

Ha habido quienes en sus medios impresos –afines hasta en lo financiero a Morena—, relacionan el regreso del PRI con la violencia, como si el arribo de Peña al gobierno fuera motor, matriz y causa de los hechos delictivos y punibles. Bueno, punibles en otra parte del mundo, aquí nunca se castigan ni el motín, ni la asonada ni el vandalismo callejero, sea con cualquier pretexto, un “clásico” del futbol o un cambio de régimen.

El regreso del PRI podrá ser motivo de enojo en algunos enemigos políticos, pero no es causa de violencia. La trasgresión enmascarada, las bombas Molotov, los petardos, los ataques a bancos, restaurantes; los camiones convertidos en arietes flamígeros, los cilindros de gas, los ataques a  comercios en general; la destrucción de estatuas históricas y parques recién remodelados; las pintas sobre el mármol juarista (mi hemiciclo, le llama MEC) son  causadas por la intransigencia, la tendencia anarquizante y el terrorismo en pequeño, pero ninguno de esos fenómenos obedece a la generación espontánea.

Hay quienes aún creen en la violencia como la partera de la historia, como nos quiso enseñar hace ya muchos años Lenin y de cuya memoria no quedan huellas ni en los libros de historia en Rusia. Pero en fin.

El regreso del PRI no ha causado la violencia. Su retorno –legal y así calificado por todas las instancias reales, sin atender a la imaginación o las ficciones—, ha sido usado como pretexto para el motín impune. Eso es otra cosa como también lo fue el ataque incendiario a la sede sonorense del partido, acto cuya comisión también quedará sin castigo tanto como en Nuevo León.

Pero para la prensa y otros medios “políticamente correctos” es mucho más fácil editorializar sobre los conceptos de Ricardo Monreal y sus denuncias en la tribuna de la Cámara de Diputados sobre homicidios no cometidos y muy difícil reconocer los errores de juicio y más aún, las tendencias de los anarquizantes incrustados en una forma de guerrilla cuya extinción se va a dar—si prospera— de la manera previsible.

“Carlos Valdivia es el primer asesinato político, recientemente muerto, hace unos minutos por soldados con una bala de goma y gases lacrimógenos, ¿se sienten contentos? Sigan gritando y sigan riéndose”, dijo el zacatecano.

“La fuerza del Estado que ayer se usó para masacrar a los jóvenes, hoy se está usando para reprimirlo”. Esta frase no puede ser más heroica. No importa si esta equivocada. Carlos Valdivia no les dio el gusto de pasear su cadáver por el Paseo de la Reforma. Esperarán con paciencia una muerte.

Ayer, 24 horas publicó:

“La policía capitalina reportó que la herida de Carlos Yahir Valdivia García, manifestante herido y trasladado a la Cruz Roja de Polanco, es operado en estos momentos por las esquirlas del ‘petardazo’ y que  la intervención es delicada. Valdivia llegó inconsciente al nosocomio producto de una lesión de petardo en el ojo”.

—¿Cómo se explica esta grave herida? ¿Acaso el Ejército (como dice Monreal) utiliza petardos, cuya manufactura casera es de uso frecuente en los “movimientos sociales”, tanto como las bombas Molotov con gasolina y ácido mezclados? 

Pero en la búsqueda de un cadáver cualquier recurso en conveniente, hasta la perorata de Layda Sansores convertida en abogada de los detenidos. Abogada exitosa, por cierto, pues los verá en la calle antes del canto del gallo.

PACTO

El viernes de la semana pasada en una entrevista previa a su toma de posesión el presidente Enrique Peña Nieto explicaba su confianza en el advenimiento de una nueva época de comprensión política y trabajo conjunto y ponía como ejemplo el todavía no firmado (aun cuando si convenido) Pacto por México, cuya firma daba por segura para esta semana. No fue así, se firmó el domingo. Ya no en Querétaro, como se había querido inicialmente sino en el Castillo de Chapultepec.

Ahí tuvo su primera intervención el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, quien explicó la importancia del pacto en un país donde por su composición actual, ninguna fuerza “puede imponer su visión o un programa único”.

“Las reformas que el país necesita no pueden salir adelante sin un acuerdo ampliamente mayoritario”, argumentó Osorio Chong, quien advirtió además sobre la creciente influencia de los poderes fácticos y su reto y obstáculo a la vida institucional del país y el funcionamiento pleno del aparato estatal. 

“Es tarea del Estado mexicano someter, mediante la legalidad, los intereses particulares que obstruyan el interés nacional”.

Ojalá.

 

Astillero

  • Segundo error de diciembre
  • Mandos rebasados
  • Giro, en 48 horas
  • MAO y Mondragón

Julio Hernández López

 

Cuarenta y ocho horas después, todo pareció lo que siempre había sido (hasta el sábado negro sexenalmente inaugural). Gritos, consignas, pancartas, proclamas, denuncias, enjundia y creatividad, entre la maraña de vigilancia integrada por agentes encubiertos, infiltrados e informantes, policías uniformados, escudos y toletes preventivos. Sin incidentes ni destrozos. Cero violencia.

Una marcha enérgica, plena de convicciones, dolida por detenciones injustas, contenida apenas por cordeles y tiras plásticas por los lados, con policías auxiliares de fosforescentes chalecos que a prudente distancia iban abriendo camino, una fila lateral de agentes con cascos y escudos que caminaba al paso de los manifestantes y decenas de patrullas y camiones de transporte policiaco a la retaguardia. Del Ángel al Zócalo, sin que se reprodujera ni una pizca del vandalismo del primero de diciembre recién pasado.

¿Cómo pueden tenerse resultados tan distintos, en materia de orden público, si los manifestantes fueron en esencia los mismos (aunque esta vez en menor número) y las fuerzas públicas también? Tal vez la respuesta esté en el único ingrediente que cambió en esa fecha trágica: los mandos políticos y policiacos.

El sábado de la violencia extrema las corporaciones policiacas se mantuvieron descontroladamente fluctuantes entre la displicencia que prefería ver o saber de extraños destrozos sin decidirse a montar cuando menos sacrificadas barreras de protección y la agresividad de resortes poco claros que llevaba a golpear y detener en redondo, muchas veces sin justificación (de ambos casos fue testigo directo un astillador andarín que lo mismo vio decenas de policías inmóviles, instalados en un callejón, a 50 pasos del Sanborns a un lado de Bellas Artes donde comenzó el ataque abierto a firmas emblemáticas, sin recibir órdenes de establecer una línea de protección como –casi– siempre sucede, que a otros policías de pronto catapultados contra manifestantes que les hostigaban y también agredían pero a los que toleraban sin más, hasta que de pronto una chispa extraña los lanzaba al frente, pescadores en busca de llenar canastas de cuota, con jefes complacientes o cuando menos rebasados).

Fueron dos momentos claramente definidos. Uno, en San Lázaro, adonde fueron grupos juveniles decididos a enfrentarse al poder público, cargados muchos de ellos de genuino rechazo a la institucionalidad, cansados de ver el mismo circo político que les causa náusea, provenientes de rupturistas fuentes ideológicas y deseosos de desahogar frustraciones e ira contra el aparato, el sistema.

La segunda etapa, al dejar San Lázaro y encaminarse al Zócalo, tuvo ya una presencia extraña, decidida a causar explícitos daños a mobiliario público y a inmuebles de gran renombre. Tal vez el punto está en los porcentajes: un tanto de legítima irritación popular insurrecta que por sabida y anunciada debió haber sido materia de prevención y control gubernamental con inteligencia; otro tanto de provocación montada desde los sótanos alineados con Peña Nieto pero deseosos de manejarlo con más soltura al satisfacer su vocación represora anunciada en la Iberoamericana (la complicidad es el pegamento fundamental de esas élites), y otra parte adjudicable a un factor que de tan conocido pareciera esfumarse a la hora de los análisis que por la naturaleza del asunto prefieren tejer en ámbitos más elevados y complejos: en realidad, el equipo peñanietista se ha conducido con una proclividad al equívoco que hasta ahora ha perjudicado sus inmediatos intereses (por dar ejemplos: los jaloneos y zigzagueos en materia de reformas legislativas, los 15 minutos con Obama, la convocatoria fallida a la firma del Pacto por México antes del 1º de diciembre, la toma de protesta a su gabinete de seguridad sin haber rendido la propia; por cierto, ¿debería repetir el procedimiento?).

La hipótesis del criminal Segundo Error de Diciembre tiene sustento (el primer error fue en 2004, con la gran devaluación que Carlos Salinas quiso enjaretar como culpa a la administración entrante, la de Ernesto Zedillo). Las primeras horas del sexenio fueron dedicadas a instalar un gabinete de seguridad cuyos mandos fueron tomados en transición por el absolutamente previsto estallido en las inmediaciones de San Lázaro. Manuel Mondrágón y Kalb quedó como recién llegada pieza floja de la maquinaria que horas antes ¿manejaba? entre complicidades transexenales Genaro García Luna. Y la policía capitalina osciló ese sábado entre la represión abierta y el pasmo. Mondragón y Kalb no manejó ni controló a las fuerzas federales y tampoco a las capitalinas que en función de las circunstancias estaban bajo su coordinación y a las que conocía plenamente.

Miguel Ángel Osorio Chong, como vicepresidente político, tampoco pareció tener información de los grupos extremos en contienda (disponible en las redes sociales). La dupla que forma el Sexenio de Hidalgo, es decir, el propio MAO y Jesús Murillo Karam, a pesar de tener experiencia previa y ahora mando institucional sobre grupos, informantes y provocadores, pareció rebasada por circunstancias que por responsabilidad oficial debería conocer, prever y contener con sensatez política. De lo sucedido el sábado deben responder Mondragón y Kalb, MAO y, en caso de protegerlos y sostenerlos (lo que es totalmente previsible), el jefe de ellos. Por cálculo provocador o por incapacidad se produjo un escenario de violencia que debería llevar al par mencionado a la renuncia, cuando menos.

Mientras tanto (luego de ese sábado oscuro en que los recién llegados no supieron qué hacer o no quisieron hacerlo), 48 horas después, ya asentados los nuevos funcionarios, sin la presencia de la policía federal demostradamente protectora de porros que paseaban frente a los agentes amistosamente, la policía capitalina volvió a ser más o menos la de siempre, y las manifestaciones de protesta también. Así fue el segundo error de diciembre. Todo vuelve a parecer lo de antes (aunque en realidad, ya no lo es). ¡Hasta mañana!