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Si los abogados, tantos que hay en México, hubieran alzado la voz, independientemente de sus filiaciones políticas, Enrique Peña Nieto no sería, formalmente, el presidente de México y no como consecuencia de los argumentos partidistas de algunos exaltados, cada vez menos, que no fueron suficientes para impedir su asunción al Ejecutivo federal hace poco más de una semana. Se trata de un formalismo, pero de enorme importancia: al rendir protesta omitió referirse, como manda el texto constitucional, a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y sólo pronunció la Constitución… y las leyes que de ella emanen. Este gazapo evidente es, en términos jurídicos, inaceptable y nulifica el acto de referencia ante el Congreso. Esto es: para consumar el mandato de la Carta Magna, Peña debería volver acudir ante el Legislativo para repetir, exactamente, el texto ordenado. Por supuesto, como bien me dicen algunos conocedores de la praxis, esto es pura anécdota… porque sobra el estado de Derecho.

Y es esto, precisamente, lo que deberíamos corregir. Recuerdo que al extinto maestro Ignacio Burgoa Orihuela ni siquiera le respondieron cuando, en diciembre de 1982, denunció la ilegalidad de la deuda externa y señaló responsabilidades penales contra el ex presidente José López Portillo. Ni por tratarse de él, una figura respetadísima en todos los sitios, hubo constancia de seguimiento alguno pese a lo acucioso del expediente abierto, elaborado con sapiencia y enorme cuidado, y que atesoro en mi archivo; privó el peso del presidencialismo que, como norma no escrita, obliga a respetar a quienes se van para evitar que quienes lleguen después apliquen las mismas normas de justicia elemental…y seguimos así, hasta hoy, sin distingo de alternancias y partidos.

Existe el falso criterio de que una acusación contra quienes han ejercido el mando –no la obediencia- de la República, perdido el concepto de soberanía popular, debe desecharse porque entraña un riesgo severísimo contra la estabilidad del país y los poderes de la Unión. Nada más erróneo: precisamente, en aquellos países en donde se ha enjuiciado en tribunales a los que dejan el poder con rezagos tremendos, frutos de desviaciones morales y administrativas, la democracia se ha fortalecido de manera notoria y sucede lo contrario en donde se pone distancia de por medio aplicando la monserga aquella “de no hacer leña del árbol caído” bajo la cual se han refugiado algunos de los mayores predadores de nuestra historia. ¿Imaginan que tal se hubiese utilizado para no perseguir a los nazis escondidos tras la derrota de Alemania en la Segunda Guerra Mundial?¿Y más recientemente a los terroristas que azotan al mundo y luego dicen haberse arrepentido porque se cansan de ser perseguidos? Pues es la misma línea que se sigue para proteger a los mandatarios que dejan de serlo.

Uno de mis amables lectores y seguidores cibernéticos, Javier González Torre –intuyo, por sus apellidos, su árbol genealógico-, anotó bajo una de estas columnillas una inquietante cuestión:

“Sería conveniente que entraras al Blog del narco, para que verifiques que al día de hoy, van 17 asesinatos en el gobierno de peña nieto (con minuscula) como dices tú –sobre calderón, aclaro-, quisiera ver tus comentarios sobre estos hechos presentes, porque las televisoras mexicanas no han difundido nada a la fecha.”

Averigüé y, en efecto, en el primer fin de semana del nuevo mandatario ocurrieron lamentables actos vandálicos en la ciudad de México –posiblemente protagonizados por los radicales de Atenco quienes, como nadie ignora, conforman las fuerzas de apoyo más sólidas de Andrés Manuel López Obrador quien, antes de conocer los desmanes en la avenida Juárez, ya estaba pidiendo la renuncia del secretario de Gobernación y de Manuel Mondragón y Kall a quien él mismo señaló como integrante de su presunto gabinete de haber alcanzado la Presidencia-, y las ejecuciones consabidas entre mafias: siete descuartizados en Torreón, Coahuila, un agente en Gómez Palacio, Durango, conurbación de la anterior y uno de los asientos más evidentes de los grupos de los narcotráficos bajo un apellido “Herrera” y un contrabandista de armas “Camil”, como he señalado muchas veces, dos policías ejecutados en Tlajomulco, Jalisco, un ejecutado en Culiacán, tres más en Monterrey en una fiesta con carne asada, haciendo un total, según el registro, de catorce víctimas mortales, un promedio de siete por día, considerando el sábado y domingo pasado.

Ni de lejos llegan, aunque sean terribles y dolorosos los hechos, a los niveles del sexenio de la violencia que terminó el viernes 30 de noviembre a la medianoche. Con el conocimiento de 83 mil trescientos muertos a través de dos mil 190 días, -si bien el domingo pasado, un funcionario del régimen anterior, me confió que las muertes habían llegado a ciento tres mil, un dato todavía no confiable ni confirmado debidamente-, sumamos un promedio diario de más de treinta y cuatro ejecuciones relacionadas con la “guerra de calderón” –minúscula-, esto es casi cinco por cada uno de los caídos en el primer fin de semana de la nueva administración federal, el veinte por ciento. Insisto: sólo menciono a los dos primeros días, pero el ejercicio me resultó muy ilustrativo a pesar de la pésima imagen que en el exterior se exhibió sobre la “violenta” toma de posesión del ex gobernador mexiquense. Las cosas en su justo medio.

Por otra parte, el besucón calderón –minúscula- quien no tuvo arrestos ni equipo para prolongarse, cedió la banda con ósculo de por medio sin considerar que ya el símbolo no estaba a su cargo sino llevaba la cedida por Peña para la ocasión de acuerdo a una vieja costumbre. Rompió el protocolo como diciendo: “te la presto; volveré por ella, sea yo o Margarita, mi publicitada mujer quien tanto llega al corazón… de los panistas. Y, cómo serán las cosas, durante varios años consideré a la señora Zavala Gómez del Campo –quien en varias ocasiones dejó la residencia de Los Pinos por sendas grescas con su consorte-, el mejor capital político de calderón –minúscula-, hasta que descubrí su papel de administradora de los negocios familiares para asegurar el porvenir de sus hijos, hermanos, cuñados y un largo etcétera de cómplices como dos de los ex presidentes nacionales del PAN: César Nava y Germán Martínez Cázares. Y esto dicho, nada más, para comenzar.

A cambio de ello, el domingo pasado, Peña logró reunir a los presidentes de los tres partidos con mayor representatividad legislativa –incluido el PRD aunque se vaya desmantelando por instrucciones de López Obrador, reacio a aceptar ceder ante los micrófonos aunque sí negoció bajo el agua una especie de armisticio “con dignidad” para no atropellar a la ceremonia de asunción-, para signar el Plan por México, una especie de Pacto de la Moncloa que posibilitó la transición de España hacia una extraña democracia monárquica. Hasta hoy, salvo por los derrapes del rey que no parecen tener destino ni futuro, les funcionó el esquema.

En fin, me gusta el intento; no me gusta que, de cualquier manera, se haya segregado del discurso presidencial y del Pacto a López Obrador quien mantiene un liderazgo indiscutible en la oposición. Si fue invitado y no acudió, debe saberse a cabalidad; y si no se le extendió cita alguna, es un desaire que no se traduce en el propósito de construir acuerdos comunes que aseguren la gobernabilidad del país y el consiguiente fin, paulatina naturalmente, de la violencia.

Debate

Francamente, me gustaron doce de las trece “decisiones presidenciales” porque cada una de ellas significó un duro golpe, como ya dije, contra los poderes fácticos y las familias supuestamente intocables, amén de algunos de los personajes más renombrados del país: Carlos Slim, Elba Esther Gordillo, los Hank –a quienes debemos felicitar por el éxito de los Xolos que ahora deberían denominarse “El Arsenal Mexicano” por obvias razones-, Emilio Azcárraga, Ricardo Salinas Pliego y un etcétera interminable. Si cumple, bastaría con eso para hacer la diferencia.

No me gustó, en cambio, la pretensión de pasar sobre las soberanías estatales con el propósito de crear un código penal federal único. En democracia, este tipo de “decisiones” deben antes obtener los debidos consensos, en este caso no sólo de los gobernadores sino, sobre todo, de los congresos estatales. Así se evitan las gestas mesiánicas y las tendencias absolutistas. Por otra parte, la intención no es mala… pero los criterios entre sociedades más conservadoras o más liberales plantean diversidad de coerciones para delitos tales como el aborto y los abusos sexuales. Es menester, por tanto, convocar a mandatarios y legisladores para acordar una minuta sobre aquellos ilícitos de naturaleza muy grave –atentatorios de la soberanía nacional, por ejemplo, o de la integridad de las personas-, para formalizar las enmiendas necesarias a cada Constitución local.

Y es en este punto en donde surge la controversia de fondo: el principio de soberanía estatal, en realidad, no se sostiene porque, por la naturaleza misma de la concepción republicana, están sometidas a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos –pongo completa la designación como recordatorio al presidente en funciones-, y por ende SÍ reconocen a un poder superior lo que anula el concepto; se trata de autonomías, con interrelaciones equilibradas, para garantizar la autocracia de cada una, es decir su propia capacidad para la autosuficiencia, pero sin desconocer al núcleo de la República. Es largo el procedimiento pero jurídicamente ineludible; y por aquí deberá empezarse.

Me hubiera gustado que así como señaló la presencia de su antigua adversaria, la panista Josefina Vázquez Mota, en la ceremonia inaugural de su gobierno, hubiera tendido la mano a López Obrador, cuyo liderazgo social es indiscutible aunque estemos en muchas formas en desacuerdo, sobre todo al insistir en un fundamentalismo inútil que riñe con el propósito de ir juntos en busca de la paz social. De no haber atendido una convocatoria así, la fuerza d Andrés Manuel, que mantiene sin duda, hubiera caído como una torre de naipes.

La Anécdota

¿Apuestas a corto plazo sobre el andar de Peña Nieto, a quien sigue señalándose por su escasas luces culturales?

Van algunas:

A).- Pondrá a muchos en su lugar para consolidarse él en la Presidencia, un tanto al estilo de Salinas. El peligro es el autoritarismo excesivo.

B).- Los coordinadores de las bancadas del PRI en sendas Cámaras no sobrevivirán, en estos cargos, hasta el próximo período de sesiones. No están muy claras sus lealtades.

C).- Es el sexenio final de Elba Esther Gordillo. Es cuestión de un poco más de tiempo.

D).- A cada golpe mediático, responderá…lo que complica, por otra parte, el ejercicio de la libre expresión a causa de los empresarios de medios masivos chantajistas.

No es poco, desde luego.