Hemos pasado por cuatro etapas en la concepción del pensamiento político: la primera asociada a la construcción del poder, del Estado y del orden social; la segunda en la pugna ideológica entre izquierdas, derechas, centros y mezclas socioreligiosas; la tercera desde el pragmatismo político, con resultados electorales, gubernamentales y de alianzas legislativas; y actualmente, una de ciberactivistas con dos efectos políticos:

•    Informar y generar opinión pública, para gestar movimiento social y conciencia sobre hechos y circunstancias, cuyas consecuencias sean la socialización de la política, sus efectos y sus retos.

•    Deformar la verdad, buscar el escándalo, transgreder e impactar la política con fines de rebeldía, sin causas sociales claras o simplemente para controlar y provocar tendencias antisociales.

De hecho yo mismo, como muchos interesados en las ideas y la doctrina política he transitado en el desarrollo de documentos académicos sobre Contabilidad Pública y Finanzas de Gobierno, pasando en la Benemérita Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística en 1983 al texto denominado Corrientes Ideológicas Contemporáneas con alta carga doctrinaria y después en el 2011 a un ensayo de alto peso pragmático titulado  Análisis Político de Plataformas Electorales del Estado de México: Esquema comparativo, coincidencias, convergencias y divergencias. Hoy abrumado por la información y/o su deformación cibernética.

El surgimiento de los ciberactivistas con fines de influencia sociopolítica negativa, genera contradicciones y desorden, mayores distancias ideológicas y un indiscriminado uso pragmático de tecnologías con fines de confusión, así como la construcción de muchas minorías dirigidas a la imposición de creencias de discrepancia, para generar múltiples focos de votantes cuya suma estratégica genere juicios valorativos superficiales, aprovechados por candidatos sin escrúpulos o carentes de propuestas viables, tangibles y deseables.

El ciberactivismo en positivo para la política, tiene fines de comunicación, negociación y como espacio de expresión libre, el cual provoca a juicio de diversos analistas, modernas estrategias de movilización social, cuyo efecto supere a los propios partidos políticos, trazándose una nueva ruta hacia el poder, evidenciando coincidencias, convergencias y coaliciones para ser encabezadas por líderes cuya oferta y respuesta articulen intereses, causas sociales y provoquen mayorías sólidas de carácter propositivo y gubernamental.

Un hecho claro es como el ciberactivismo rebasa fronteras, clases y grupos, e influye en la política, puede propiciar el mandato de las microminorías organizadas, llevar al arribo parlamentario y gubernativo a tendencias extremistas, o generar nuevas habilidades en las estrategias electorales fundamentadas en redes sociales, movilizaciones virtuales y coordinación de grupos de activistas alrededor de múltiples causas sociales.

El bautizo de ciberactivista, se conformó por analistas de la política a esos hábiles operadores de tecnologías de la información y comunicación (Tics), fundamentalmente en expresiones digitalizadas, las cuales inciden en el poder de los gobiernos y transforman (positiva o negativamente) a la política nacional.  Sus actores han llegado al extremo de denominarlas tecnologías de la liberación.

El riesgo de la proliferación de los ciberactivistas (legales o ilegales), puede hacer un hueco entre los fines y logros de las políticas públicas de beneficio social o usar esa habilidad para distanciarnos de los auténticos fines sociales, como la prosperidad. También puede generar dinamismo político y provocar claridad de ofertas electorales o logros gubernamentales. Es una Hoz de doble filo.