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La crispación no conduce a ninguna parte; la intolerancia, tampoco. Y, en estos momentos, desde distintos frentes se encienden las alertas sobre diversos grupos –desde jóvenes valientes pero manipulados hasta radicales de toma y daca-, dispuestos a ofrecerse, como si se tratara de una autoinmolación, por cuanto creen va en desdoro de la República incluyendo la asunción presidencial de Enrique Peña Nieto quien, debemos decirlo, va con buen paso –”escobita nueva, siempre barre bien”-, aun cuando ya comienza a sentir la reacción de los grupos fácticos y las consiguientes asechanzas de empresarios incómodos, políticos desdeñados y, sobre todo, ex presidentes temerosos de ser perseguidos; y entre los últimos no hago distinciones partidistas aunque pareciera que a los priístas se les blinda.


En todos estos días, posteriores a la toma de posesión de Peña, se ha especulado, por ejemplo, sobre la presunta autoría intelectual de los sucesos de barbarie que hicieron de la avenida Juárez y los círculos aledaños al Palacio de San Lázaro y el Nacional, escaparates de la peor violencia retratados por todas las cámaras del mundo en demostración no sólo del retraso de nuestro país en cuestiones políticas sino igualmente de la creciente escalada de odio que nos marca como una de las naciones con mayor nivel de violencia en el mundo, al nivel de las que están en guerra o a punto de ser víctimas de golpes de Estado y de la decepcionante calificación de “estados fallidos”. Cada vez son más para desasosiego de cuantos esperan, dentro de ocho días justos, el anunciado Apocalipsis maya por efecto de interpretaciones superficiales y, por ende, falsas.

He llegado a escuchar –y leer- que los priístas fraguaron los desaguisados para enturbiar el fin del gobierno en la capital de Marcelo Ebrard, acaso el poítico con más posibilidades de ganarle unas elecciones al PRI dentro de seis años. La apreciación resulta tan absurda como torpe por varias razones:

A).- No se ensucia una salida, llevándose por delante la imagen del presidente de origen priísta deseoso de presentar a un país en fase de encontrar la civilidad necesaria para ganar respeto entre las naciones del mundo, una condición perdida en 2006 cuando calderón –minúscula- rindió protesta en una sede legislativa convertida en corral de comedias.

B).- Al PRI le conviene la figura de Ebrard y su vitalidad para hacer naufragar, precisamente, a los radicales de izquierda adheridos al icono sobresaliente, esto es López Obrador, dispuestos a seguir al líder hasta la ignominia. Con dos cabezas de playa –o tres si consideramos al vigoroso Miguel Ángel Mancera Aguayo, o incluso cuatro si agregamos al provocador Ricardo Monreal Ávila, ex gobernador de Zacatecas y antes priísta usado exactamente para los mismos fines reventadores; esto es, agitador siempre con diversos carices y partidos-, es má

s sencillo dar la pelea a una derecha que, por el momento, a cambio de soltar la besuqueada banda tricolor –esperemos que Peña haya lavado la prenda con lejía luego del episodio calderón, con minúscula-, ganó posiciones en el Legislativo, con inteligencia, sí, pero también por obra y gracia de los vulnerables coordinadores de las bancadas priístas, dolidos por no estar en la línea de fuego del gabinete presidencial y pertenecer a un grupo ajeno al mismo.

El hecho es que algunas señales presidenciales –no sus decisiones que alcanzarán razón de ser cuando los consensos parlamentarios se hayan obtenido del todo-, han tomado por descuido a determinados grupos fácticos, entre ellos y de manera sobresaliente, el de la “maestra” Elba Esther Gordillo Morales en trance de finiquito. Esperemos que lo esté porque otra cosa la pondría, de manera irremediable, ante el paredón de una justicia más rigurosa e implacable. Por ello, claro, se segregó al PANAL y a los demás partidos minoritarios –en donde, como en el Verde, se entendió la estrategia para marginar al propio partido de la dirigente magisterial y al PT y Movimiento Ciudadano, parapetos de Andrés Manuel, de la ceremonia inicial del Pacto por México. No era momento para atender reclamos sino para cruzar manos y conciencias en pro de la gobernabilidad del país, un elemento sustantivo para evitar tutelajes extraños –desde el exterior, sobre todo- contrarios a los intereses soberanos de México. Y en esto sobran los partidismos facciosos.

Ya hemos dicho que, por ejemplo, a nuestros poderosos vecinos del norte les interesa más nuestra vulnerabilidad que la posibilidad de encontrar una estabilidad suficiente para el desarrollo. De nada sirve para los intereses patrios mantener el estatus de intransigencia, alentado por viejos –y acaso explicables- rencores, si con ello favorecemos las presiones del gobierno estadounidense para intervenir, cada vez con mayor intensidad, en los asuntos propios de los mexicanos. Esta es la cuestión de fondo que la torpeza operativa de calderón –minúscula- jamás midió en su exacta dimensión; y es tal su miedo, ahora, que en la última hora de su gestión ilegítima blindó a todos sus familiares, de manera discrecional, con custodios del Estado Mayor Presidencial. Es obvio que le gobernó, a él, el miedo.

Los jóvenes valientes, justamente lanzados en pro de un México sin ataduras ni autoritarismos -¿quién se atreve a expresar lo contrario como jugando a la contra con México?-, no aprecian estas cosas en ausencia de la experiencia y conocimiento históricos. Es explicable por la rapidez con la que han evolucionado a partir de un descalabro de Peña en la Universidad Iberoamericana. Y he aquí lo curioso, ya señalado por la chilena Camila Vallejo durante una visita en la que se mantuvo acotada por su gobierno en aras de mantener buenas relaciones bilaterales con nuestro país siempre solidario con la hermana República del sur: desde una institución administrada por jesuitas, vanguardistas pero siempre hacia la derecha, surgieron voces extremistas de izquierda para apropiarse de las convocatorias iniciales y desplazar a los autores originales de la protesta que se indignaron cuando Pedro Joaquín Coldweel, ex dirigente nacional del PRI y actualmente al frente de la Secretaría de Energía si ser docto en la materia ni mucho menos, llamó “pandilleros” a quienes habían disentido, desde su auditorio, con algunas sentencias del otrora candidato priísta.

El solo dato anterior da la verdadera dimensión, la línea diríamos, para descubrir a quienes lanzaron a los jóvenes hacia una trampa el primero de diciembre. Debemos repetir siempre: cuando las manifestaciones caen en el vandalismo pierden toda fuerza moral, toda congruencia. Para tal fin, el de la violencia, es más “razonable” la subversión definida que la imagen maquillada de un martirologio permanente como se pretende ahora para restaqr fuerza al Pacto por México. Lo dicho: el único error serio fue hacer de lado a la corriente lópezobradorista, aun cuando se tuviera certeza de que no aceptaría signar acuerdo alguno, no invitándolo públicamente a participar en una alianza natural para defender los principios esenciales por encima de los usos sectarios de la política. De no haber concurrido, y seguir instalado en su discurso paralizante –ya ni siquiera se puede constituir en “presidente legítimo”, tan falso como un billete de dos pesos-, quien se hubiera exhibido sería él y no el mandatario quien, por el momento, merece ser visto –pese a las sospechas sobre los dispendios económicos en los que incurrieron los tres grandes partidos-, con el privilegio de la duda. En unas semanas más, tendremos la obligación de ser mucho más severos por cuanto está en juego, la paz nada menos, de una comunidad atenaceada.

Debate

El caso de la “maestra” Elba Esther Gordillo –independientemente del concurso que sostiene con Cayetana, la Duquesa de Alba, por el título de Miss Poco Fotogénica, con buenas posibilidades de ganar para México-, debe analizarse con cuidado. Por principio de cuentas sólo tuvo fuerzas para aguantar el arreón presidencial en contra de los secretos del liderazgo magisterial –entre ellos la carencia de un censo natural de maestros, ordenando al INEGI cubrir el vacío, y el fin de las pensiones vitalicias otorgadas a sus aliados sin ser mentores en muchos casos-, y para colocar, tímidamente diríamos, a un incondicional suyo, Fernando Macías Cué, dentro del gabinete… de Miguel Mancera en el gobierno defeño. Para que comprendamos cuál es el color de la desesperación.

Nadie como ella sabe lo que significa no contar con el aliento presidencial. Conoció, de cerca además, el descabezamiento del sindicato petrolero cuando Salinas, en plan de ungirse de una legitimidad que no derivó de las urnas, ordenó aprehender a Joaquín Hernández Galicia “La Quina”, humillándolo además, sacándolo de su casa de Ciudad Madero en calzoncillos y paseándolo así ante las cámaras de los informadores, en enero de 1989, apenas un mes y días después de haber tomado el mando de la República. Un instante duró aquello tras tres décadas de cacicazgo; y no hubo ni tibias reacciones en pro del caído: el miedo, como en el caso de Carrillo Puerto en 1924 contado ayer, se instaló en sus aliados y lo mismo que ocurrió a San Pedro tras el tercer grito del gallo al amanecer.

En estas historias hay mucho de fondo. La presencia de Josefina Vázquez Mota, quien llegó a convertir su guerra personal contra la señora Gordillo en pendón de campaña, en los actos de investidura de Peña, y el consiguiente nombramiento de Emilio Chuayffet Chemor, alias “La Daga” como le bauticé hace años por razones que no quiero repetir ahora, en condición de secretario de Educación sin suficientes merecimientos para sentarse detrás del escritorio de Vasconcelos –como otros más que han pasado por allí mismo-, son suficientes señales para augurar, ahora sí, el fin político de la inteligente y voraz señora que logró li impensable: superar a su antecesor, Carlos Jonguitud Barrios en sus perfiles de cacique del gremio y, además, hacer desbarrancar, a la buena y a la mala, a sus adversarios.

Tres son los grandes favoritos de Elba, la maestra truculenta: Manuel Camacho Solís, Marcelo Ebrard y Jorge Castañeda Gutman. Dime con quien andas y te diré quien eres. ¿Hace falta agregar más. Pues sí: no pueden quedar impunes los dispendios escandalosos de la dirigencia del SNTE ni las muertes –asesinatos- de varios líderes que se rebelaron ante el yugo. Después de ello, todo será política.

La Anécdota

En el día de la Guadalupana, un recuerdo rápido. Monseñor Girolamo Prigione me dijo sobre el “milagro” del Tepeyac:

–Cinco siglos de fe no pueden borrarse por la especulación de un instante.

Y este columnista cree que siempre tuvo razón el prelado.