El Parlamento Europeo quiere que el trabajo no sea una forma de explotación, ni de moderna esclavitud, en la que queden destruidos los derechos de las personas así como las conquistas sociales.

          Por esa razón, los legisladores europeos votaron a favor de prohibir los productos fabricados con  el llamado trabajo forzoso; una actividad en la que países como China lleva siendo señalada por décadas aunque hay muchos otros países igualmente señalados por sus prácticas nocivas.

          Prácticas nocivas no solo por sus emisiones contaminantes, sino fundamentalmente por dañar y violentar los derechos humanos y las conquistas sociales históricas de los trabajadores.

Ya en marzo pasado, el Parlamento Europeo y los negociadores de los veintisiete estados miembros, acordaron una legislación que prohíbe la comercialización de productos elaborados con trabajo forzoso en la Unión Europea, lo que podría afectar a la producción china de la minoría musulmana uigur. El texto fue aprobado por abrumadora mayoría: 555 votos a favor.

          Al respecto, la eurodiputada socialista María Manuel Leitao, esgrimió que

Europa no puede exportar sus valores mientras importa productos procedentes del trabajo forzoso. El hecho de que la UE finalmente tenga una ley para prohibir estos productos es uno de los mayores éxitos.

En el caso de algunos productos que se consideren de riesgo, los importadores tendrán que proporcionar información detallada sobre los fabricantes. Sobre todo, Bruselas creará una base de datos actualizada y establecerá una lista de los sectores afectados por el trabajo forzoso a fin de  abrir una investigación.

En el punto de mira de los eurodiputados está  la región china de Xinjiang. De hecho, varios países occidentales han condenado la práctica del gobierno chino de trabajo forzoso contra la minoría uigur, que Pekín niega. Una ley aprobada por el Congreso de Estados Unidos a finales de 2021 prohíbe a Estados Unidos importar productos de Xinjiang a menos que las empresas puedan demostrar que su producción no incorpora trabajo forzoso.

Por eso aquí en Europa es visto como un éxito la reciente legislación porque es la culminación de cuatro años de movilización ciudadana y lucha política contra la esclavitud de los uigures, seguidos de largos meses de negociaciones.

A COLACIÓN

Según la Organización Internacional del Trabajo, el trabajo forzoso afectó a 27.6 millones de personas en todo el mundo en 2021, incluidos 3.3 millones de niños.

De acuerdo con el texto aprobado,  la Comisión Europea iniciará investigaciones en caso de sospechas de trabajos forzados  en las cadenas de suministro de terceros países. Si se demuestra, los productos serán incautados en las fronteras y tendrán que ser retirados del mercado europeo, incluidas las plataformas en línea.

Si el riesgo afecta a un estado miembro de la UE, las autoridades nacionales investigarán al respecto aunque en todo caso los bienes esenciales o estratégicos pueden ser retenidos  hasta que la empresa elimine el trabajo forzoso de sus cadenas de suministro.

Si bien se hace especial alusión al caso chino, hay otros países en la lista a los que habrá que poner cuidado  en sus procesos de producción, por ejemplo: India, Indonesia, Birmania, Vietnam, Filipinas, Tailandia y la mayor parte de los países africanos.

El trabajo forzoso es una práctica deleznable, atroz y destructora de las personas que están atrapadas en redes de explotación. No solo trabajan en sitios insalubres, sino que lo hacen en situaciones precarias, con horarios de hasta 18 o 24 horas.

China, cuya economía está acostumbrada a conquistar mercados ofreciendo rapidez en la entrega y un costo de producción bajísimo, recurre frecuentemente a talleres en los que la violación de los derechos de los trabajadores son una constante. Será interesante observar cómo en la UE se paralizan contenedores provenientes del gigante asiático ante la sospecha de que provengan de estos talleres propios de una moderna esclavitud.