Compartir
print
Este día, de frontera a frontera y de un brazo de la costa norte hasta la cola de la sirena, al sur, todo el país, toda su sociedad, rinde honor y pleitesía al ícono, la imagen, más impactante de nuestra religiosidad, la Virgen de Guadalupe, la morenita del Tepeyac.

Con todo y la yuxtaposición de nuestra cultura y la española, la Tonatzin azteca sobre vive a los años y a los siglos y hasta los milenios.

La Virgen de Guadalupe está presente en todos nuestros movimientos sociales y en todas las etapas de nuestra vida como nación: Colonia, independencia, Reforma, Revolución y nuestros tiempos contemporáneos – incluyendo el periodo de la guerra religiosa – los Cristeros – e, igualmente, está presente en todas las celebraciones de las familias de nuestro México: Nacimientos, Bautizo, Confirmaciones, Primeras Comuniones, XV Años, Bodas, Servicios Funerarios e Inhumaciones, sí como en varios actos de la vida política de la nación y, complementariamente, en las victorias y en las derrotas de los representativos de nuestra patria.

Hoy, el sentimentalismo, la inmediatez sentimental, ayunos de lógica y llenos de creencia, y hasta fanatismo, se postran ante el altar de la imagen y su Basílica se atiborra, se congestiona de feligreses.

Muchos han intentado encontrar alguna razón suficiente para conocer el eje de esta idolatría, de este mito y han fracasado, como, igualmente, no han desvanecer todo lo relativo a esta imagen, a esta creencia y a este mito.

Aquí la ciencia, la lógica, no existen.

En este rincón solo brilla una idea, una imagen, una creencia: la Virgen de Guadalupe.

Podrán darse, buscarse y hasta encontrarse las inconsistencias históricas, científicas sobre el hecho de las apariciones, sobre la impresión celestial de la imagen en la tilma de Juan Diego, sobre la longevidad-durabilidad de la tilma y su histórico dibujo, incluso de la real existencia= autenticidad histórica de Juan Diego, pero nada convencerá la idiosincrasia, el fervor, la creencia de generación tras generación, y éste es inocultable.

El mito permanece invariable.

Sea lo que sea, por su presencia en la vida de las familias mexicanas, hoy, se le reconoce su enorme valor utilitario en la unidad de la nación y su participación, inocente, desinteresada, en la conformación de nuestra sociedad nacional, hoy es el día de la Virgen de Guadalupe.

¡Felicidades, México!

Compartir