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China es el otro gran actor global entrampado en una pared llena de púas porque en una guerra entre Corea del Norte y Estados Unidos -justo a su vera- no puede quedarse cruzado de brazos viendo como lo estadounidenses promueven cambios regionales para favorecerles a ellos y a Japón.

La nación comandada por Xi Jinping es un gigante económico pero un enano político y militar en el concierto internacional y esa baza juega en su contra para ganarse el respeto (miedo) de los demás.

El país asiático está acosado por la nueva política proteccionista de Trump que pretende este año reformular las bases de su comercio buscando que los chinos compren más productos hechos en la Unión Americana bajo la base de una imposición arancelaria a las importaciones que los estadounidenses realizan.

La presión para hacerlo (o no hacerlo) pasa porque la Casa Blanca exige que China castigue más al gobierno norcoreano en pro de lograr el desmantelamiento de su programa nuclear.

El año pasado, Corea del Norte realizó 16 ensayos con misiles y lanzó una bomba de hidrógeno capaz de alcanzar a Washington, lo que puso los pelos de punta de los estrategas americanos.

La nación que dirige Xi Jinping tiene planes de paz no de guerra basados en una constante expansión económica, en la que prolifera la extensión de la Nueva Ruta de la Seda y su consolidación en el continentes europeo.

La Corporación Ferroviaria de China dio a conocer que los trenes de mercancías entre China y Europa han hecho 6 mil 235 viajes en seis años; un total de 3 mil 270 viajes tan solo el año pasado.

La conexión de 35 ciudades chinas con otras 34 provenientes de diversos países europeos es un éxito que Jinping, entre sus metas económicas, busca consolidar todavía más a partir de 2018. Solamente desde Madrid hasta Yiwu una extensa línea férrea de 13 mil 052 kilómetros de largo se erige como símbolo de la magnífica conectividad china.

Su principal objetivo es sostener su economía. Rusia se ha convertido en un aliado inesperado: el año pasado desplazó a Arabia Saudita como el principal exportador de petróleo a China gracias a un incremento del 15.9% en sus ventas de hidrocarburos. Y ahora en 2018 comenzará a bombear petróleo a través del oleoducto Scovorodino-Mohe-Daqing.

Comercialmente el acercamiento ha sido benéfico para ambos, el flujo de mercancías incrementó un 33.1% y este año, China tendrá la posibilidad de arrancar dos acuerdos comerciales: el de Moscú-Pekín y otro entre China y la Unión Económica Euroasiática puesta en marcha el 1 de enero de 2015 por Rusia, Kazajistán, Bielorrusia, Armenia y Kirguistán.

A COLACIÓN

Igualmente tiene planes internos, de planificación y reestratificación intensa en materia urbana: a la política del hijo único flexibilizada a partir del 1 de enero de 2016 (ya es legal tener dos hijos en vez de uno solo) se ha unido el rediseño demográfico de las grandes y principales urbes.

Desde el seno del Partido Comunista Chino, los más recientes planes quinquenales pasan por reorganizar los grupos demográficos y primordialmente redistribuirlos geográficamente hablando limitando su densidad urbana y evitando con ello un indeseable (y lamentable) desbalance entre el campo y las ciudades.

Y aquí es donde constatamos la otra utilidad correctora de las políticas públicas, si la política del hijo único obligaba a las familias que por una u otra circunstancia quedaban embarazadas de un segundo a pagar una considerable multa al Estado por tenerlo (o si no abortarlo al no poder cubrir el coste) ahora en ciudades como Shanghái o Pekín (Beijing) el Ayuntamiento comenzará una política de retorno del inmigrante rural sobre todo el más hacinado.

De esta forma, la meta es que para el año 2035, Shangái acogerá solamente a 25 millones de habitantes mientras que en Pekín el límite pasa por no superar los 23 millones de habitantes en 2020. Un reto nada sencillo de alcanzar dado que habrá que crear la infraestructura de servicios necesaria (así como el empleo con condiciones) para que la gente no tenga que dejar sus pueblos ni otras áreas rurales.

En la capital de México, por ejemplo, la población de la denominada área metropolitana es cercana a 9 millones de habitantes, no obstante, sumando a la conocida como “mancha urbana” la población llega hasta los 21 millones… razón de sobra para comprender el enorme tráfico citadino (a pesar del segundo piso), de lo sobrepasado y desbordado que se encuentra el sistema de transporte urbano sobre todo el metro y la insuficiencia generalizada en el renglón de los servicios públicos.

Un plan de descongestión citadina y reorganización demográfica no sería nada desdeñable para la Ciudad de México pero claro su éxito dependería de la capacidad del Gobierno Federal y los respectivos gobiernos locales por crear todas las condiciones imprescindibles para la reinserción de la población urbana que un día se marchó. En mi opinión debería irse perfilando cuanto antes.

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