Compartir

Pax Narca, expresión tomada directamente de la llamada “Pax Romana” o “Pax Augusta” , que fue un largo periodo de paz impuesto por el Imperio Romano a los pueblos sometidos a sus órdenes. La expresión proviene del hecho que la administración, las legiones y el sistema legal romanos pacificaron las regiones que anteriormente habían sufrido disputas entre jefes, tribus, reyes o ciudades enemigas. Fue una etapa de orden y prosperidad que conoció el Imperio bajo la dinastía de los Antoninos (96-192 dC) y, en menor medida, bajo la de los Severos (193-235). Se puede afirmar que este período marcó la edad de oro del Imperio Romano.

Había pasado la época turbulenta de conflictos entre naciones como las Guerras Púnicas, o de grandes guerras civiles, la de Marco Antonio fue la última. Hubo, sin embargo una notoria excepción; el año de los cuatro emperadores. Ocurrió en el año 69 d.C., unos meses después de la muerte de Nerón Un día antes del “suicidio asistido” el senado de Roma había proclamado emperador a Servio Sulpicio Galba, le siguió Othon y posteriormente Vitelio que duraron solo unos meses y finalmente Vespasiano, que ese si duro mucho y de hecho fundó la llamada dinastía Flavia.

¿Por qué este largo prologo? Pues todo parte de la última ocurrencia, por que no se puede llamar de otra forma al disparate de López Obrador, sobre amnistiar a los grandes barones del narcotráfico con la peregrina idea de establecer una especie de paz.

La guerra contra el narcotráfico es, ciertamente, una batalla que si bien no se puede ganar, sí se puede perder; solo que perderla implica algo inaceptable, perder el país. Es en este contexto como debemos valorar el enfrentamiento entre las fuerzas federales y los carteles de la droga. Evidentemente no se trata de una guerra con las características convencionales, como lo fue la II Guerra mundial, con bandos identificables y áreas geográficas definidas. La guerra del narcotráfico no es así; las áreas geográficas tienen límites cambiantes, los enemigos de ninguna manera están bien identificados, es más, se puede sospechar que estos coexisten con las mismas estructuras que hipotéticamente les han declarado la guerra. Son personajes con los cuales la sociedad convive, y si acaso solo se tiene la incómoda sospecha de que algo no anda bien en el historial de nuestro ostentoso vecino que estrena carros a cada rato o determinado funcionario de súbita prosperidad.

Del poder económico del narcotráfico habla la experiencia de Colombia, donde los hermanos Rodríguez Orejuela crearon un verdadero imperio económico y de relaciones públicas que se inició con el Banco de los Trabajadores para posteriormente hacerse de grandes agencias de autos, cadenas de farmacias, hoteles, fraccionamientos de lujo y como remate una cadena radial nacional. No cuesta mucho trabajo trasladar el ejemplo de Colombia a México.

La captura y muerte de conocidos delincuentes, como fue el caso de, Chapo Guzmán, Arturo Beltrán Leyva y otros han puesto en evidencia otra arista, el papel de la prensa. Siempre se ha sospechado que existe una nomina de narcoperiodistas, pero que yo sepa, fuera de un intento del ya fallecido ex procurador Carpizo nunca se ha hecho pública; quizá entre otras razones, por la dificultad para documentarla. Los narcos no dan recibos foliados.

El problema es grave, las ramificaciones de la delincuencia han alcanzado niveles que nunca se pensaron; la llamada “Guerra de Calderón” continuada con Peña Nieto no ha dado los resultados deseados. Limpiar de delincuentes con esa capacidad económica de corrupción no es posible sin antes reformar radicalmente todo el aparato del poder Judicial. Muchos juzgadores deberían estar en la cárcel. Mientras no se resuelva esto mas tardaran en detener a los narcos que los jueces en dejarlos libres.

La dichosa amnistía a criminales no derivara en paz alguna. Los criminales no se van a quedar tranquilitos en su casa. Hará lo que saben hacer. ¿Eso deseamos?

Alejandro Vázquez Cárdenas

Compartir